Ricardo III

Antígona. Siglo XXI

Sinopsis:
El hombre es un ser extraordinario. Lo dice Sófocles en su Antígona. Y debe tener razón, porque, después de muerto, sigue siendo motivo de conflicto. Antígona muere por enterrar un muerto, Creonte mata a quien entierra al muerto. Es lo que tienen los muertos, que son necesarios para ejemplarizar y apuntalar el poder en unos casos, mientras que en otros son necesarios para apuntalar la memoria, el lugar donde renovar la frescura de las flores un día al año, el 1 de noviembre.

Entre tanto, el muerto no dice nada. No habla, porque está muerto.

Naturalmente, en este punto la Antígona de Sófocles nos revela su vigencia. Y en el enfrentamiento entre un hombre adulto poderoso y una mujer muy joven. Entre un hombre y una mujer, al fin. Antígona defiende, más allá de la ley de los dioses, su derecho a ser escuchada como mujer, como ser humano, en un momento en que la polis griega se configura y los derechos de la mujer están humillados. Lo dice Creonte, nada hay peor que estar subordinado a una mujer. Y se lo dice a Hemón, su hijo, No hemos cambiado tanto.

Y así, probablemente, todo esto de la universalidad de los textos clásicos sonará menos casual, más cercano, si pensamos en el conflicto socio-político creado a raíz de la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica. Para unos, las Antígonas contemporáneas, es imprescindible, para que todos los españoles se sientan igual ante el tribunal de la Historia. Para otros, es una forma de buscar la división de la unidad del Estado. Lo que es bueno para unos, los que no consiguieron enterrar los restos de sus muertos, es malo para otros que, habiendo enterrado a los suyos, teniéndoles presentes hasta en el callejero de sus ciudades y pueblos y en los muros de sus iglesias, entienden que buscar y desenterrar a los desaparecidos es algo así como reabrir heridas. Es probable que teman que los muertos hablen. Como Creonte.

Pero, no. Tranquilos. El hombre es un ser extraordinario, pero no ha conseguido decir ni pío después de muerto.

Intérpretes:
Javier Ceballos
Montse Díez
Alberto Guio
Ángel Jodra
Carolina Lapausa
Chete Lera
Eduardo Mayo
Chema de Miguel
Jorge Muñoz
Montse Muñoz
Carlos Pérez
Carolina Solas
Nacho Vera

Dirección: Emilio del Valle
Producción ejecutiva: José Luis Huertas
Ayudante de dirección: Marcus Von Wachtel
Espacio escénico y vestuario: Cecilia Hernández
Iluminación: Jose Manuel Guerra
Música original: Montse Muñoz
Espacio audiovisual: Jorge Muñoz
 

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