Ricardo III

El mercader de Venecia (Eduardo Vasco)

Bassanio, un noble veneciano, ama a la bella y distinguida Porcia. Para llegar a ser su pretendiente necesita tres mil ducados. Desesperado se los pide prestados a su amigo Antonio, el cual en ese momento no dispone de la cantidad por tener toda su fortuna invertida en diversas expediciones comerciales que realiza en ese momento su flota de barcos.
Ante la dificultad, Antonio decide pedir el dinero prestado, y contra su costumbre solicita un préstamo al judío Shylock. El judío, resentido por el trato despectivo de Antonio y el resto de los nobles venecianos, consigue cerrar el trato con una clausula singular: Shylock tendrá una libra de carne de Antonio si este no llega a tener el dinero en la fecha convenida.
Entretanto los pretendientes de Porcia van pasando por una extraña prueba en la que tienen que elegir entre tres cofres. Uno tras otro eligen el cofre equivocado al señalar siempre los más valiosos. La hija de Shylock se fuga con uno de los amigos de Bassanio y el judío enloquece. Mientras los barcos de Antonio, uno tras otro, van naufragando, con lo que el mercader pierde toda su fortuna y no puede devolver al judío el dinero en la fecha convenida. Finalmente se celebra un juicio en el que únicamente la inteligencia de Porcia, disfrazada de abogado, logra desenmarañar la madeja legal en que se encuentra atrapado Antonio.

El mercader de Venecia es una de esas obras poliédricas, preciosas y crueles que han hecho de William Shakespeare ese dramaturgo que fascina cada nueva época, que no conoce fronteras ni dogmas y que, aun arrastrando tantas referencias literarias como escénicas desde sus primeras composiciones, se alza siempre sobre el escenario como algo nuevo y extraordinario, renovando la esencia del propio teatro para fortuna de los que amamos el arte de Talía. Plantearse una puesta en escena de El mercader de Venecia pasa, como siempre, por elegir. En nuestro caso la elección siempre tiene que ver con el actor aquí y ahora, con la palabra en primer plano, con la obra que tenemos entre manos y nuestra realidad como contraste.


Intérpretes:
Arturo Querejeta
Toni Agustí
Isabel Rodes
Francisco Rojas
Fernando Sendino
Rafael Ortiz
Héctor Carballo
Cristina Adua
Lorena López
Jorge Bedoya

Dirección: Eduardo Vasco
Autoría: William Shakespeare
Versión: Yolanda Pallín
Escenografía: Carolina Gonzalez
Vestuario: Lorenzo Caprile
Iluminación: Miguel Ángel Camacho
Producción: Noviembre Teatro

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