Ricardo III

La viuda alegre


Pesa sobre los servicios diplomáticos la injuriosa especie de que sus titulares no han de tener más virtudes que un hígado resistente y la habilidad de sonreír mientras parlotean sobre naderías, de recepción a fiesta de embajada y de baile de legación a cena de gala. Quizá obras como la que hoy presentamos hayan alimentado esa calumnia. En ella, Danilo, su protagonista, se enfrenta a la patriótica tarea de seducir y desposar a Hanna, una joven viuda acaudalada, para que su fortuna no salga del pequeño principado de opereta, ¡nunca mejor dicho!, de cuya embajada en Paris es primer secretario Danilo.
La tarea parece sencilla porque el mozo es apuesto y el uniforme le queda como un guante, pero no lo es porque hay entre ellos una vieja historia de amor despechado, porque otros pretendientes con iguales méritos se han fijado el mismo objetivo, ¡chacales arribistas!, y porque la viuda, ya lo dice el título, es alegre y no le pone mala cara a nadie. Mientras, la orquesta encadena valses y el champagne y la alegría se derraman a raudales.

¿Existió alguna vez un mundo así o todo esto es el delirio de un publicista de vinos espumosos? No, es el argumento aproximado de la opereta probablemente más famosa de todas, un verdadero paradigma del teatro musical. “La viuda alegre” se estrenó en Viena -¿dónde, si no?- en 1905 con música de Franz Lehár y libreto de Victor Léon y Leo Stein, basada en la comedia “L’attaché d’ambassade” de Henri Meilhac y fue recibida con un entusiasmo que dura hasta hoy.

El Teatro Arriaga les ofrece hoy una producción propia de este gran clásico de la opereta dándole un giro y convirtiendo en un gran musical, para abrirlo más a todo el mundo, para que todo el mundo pueda reír y disfrutar con él.
Si desean conocer el significado exacto de la palabra “glamour”, vengan a ver “La viuda alegre”. La picardía de su argumento, la belleza de sus melodías y el encanto de su mundo irreal le dibujarán una sonrisa en la cara que durará varias horas más que la representación.


Intérpretes:
Hanna Glawari: Natalia Millán
Conde Danilo: Antonio Torres
Valencienne: Silvia Luchetti
Camille: Guido Balzaretti
Njegus: Enrique Viana
Barón Mirko Zeta: José Manuel Díaz

Coro/Bailarines:
Begoña Álvarez
Ylenia Baglietto
Sandra Fdez Aguirre
Itxaso Quintana
Loreto Mauleón
Ana Sagastizabal
Lara Sagastizabal
Karmele Larrinaga
Alberto Ferrero
Rafa Higuera
Antonio Hurtado
Iñaki Maruri
Alberto Núñez
Aritza Rodríguez
Egoitz Sanchez
Mitxel Santamarina

Orquesta:
Flauta: Xabier Calzada
Oboe: Xabier Lijó
Clarinete: Sergio Barranco
Trompa: Javier Arruabarrena
Trompa II: Oliver de Castro Sanz
Trompeta: José Luís Reyes (Txonpi)
Violín I: Sergey Maiboroda
Violín II: Adrian Campo
Viola: Tomás Rutivilar
Violoncello: Ivan Casado
Contrabajo: Amaiur Eraso
Percusión: Bruno Sandalinas

Dirección escénica: Emilio Sagi
Dirección musical: Jordi López
Asistente Dirección: Carlos Roo
Libreto: Victor León y Leo Stein
Música: Franz Lehár
Escenografía: Daniel Bianco
Coreografía: Nuria Castejón
Director del coro: Carlos Imaz
Producción: Teatro Arriaga

 

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