Ricardo III

Lázaro

Sinopsis:
El Lazarillo de Tormes se presta para escenificar las relaciones de poder entre amo y siervo, y, por extensión, las relaciones humanas donde la jerarquía aunque pueda ser flexible es imposible de erradicar. Un viaje en solitario donde Lázaro aprende de sus amos, y a base de palos, que la única forma que tiene para sobrevivir es el engaño. Una sucesión de estrategias que el protagonista revela ya sea contando las tretas de otros o poniendo en práctica las suyas propias, ingeniadas por el instinto de supervivencia.

El Lazarillo es el manual de la picaresca. Más allá, la obra es el camino hacia la pérdida de la inocencia. En este espectáculo el público es partícipe de este viaje/aprendizaje, a veces como observador y otras de forma activa, cómplice del engaño.

Engaño, miseria, picardía, hambre, tretas, amos, siervos, abandono, dependencia, soledad, traición, necesidad y otra vez engaño. Lázaro es todo eso. Mediante timos y mentiras el Lazarillo alcanza la “madurez”. Una madurez basada en el sacrificio de la conciencia, el autoengaño, la elección de ignorar lo que sabemos para poder vivir en paz.

En el siglo XVI, el imperio más imponente “donde no se ponía el sol”, vaciaba las arcas en las luchas de religión. Paradójicamente, España, extraordinariamente rica, se moría de hambre. Cinco siglos después, la crisis económica, los intereses sustentados por medios opresivos y al amparo de la ley y el poder institucional, se revelan como fundamento tanto de la historia de Lázaro como de la actualidad. 

Intérpretes:
Miguel Oyarzun
Daniel Gallardo
Miguel Pérez-Múñoz

Dirección: Juan Ayala
Compañía: Mirage
Dramaturgía: Juan Ayala y Miguel Oyarzun
Música: Tim Bamber
Escenografía: Tomás Muñoz y Anabel Strehaiano
Vestuario: María L. Madrigal y Abraham Diallo
Iluminación: Miguel Pérez y David Alcorta

 

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