Ricardo III

Manténgase a la espera

“Le paso con un compañero, no cuelgue, manténgase a la espera… gracias.”

Una pareja con los papeles cambiados. Una pareja que coincide en todo, salvo en un ‘pequeño’ tema. Una pareja que estaba a punto de cenar. Una cucaracha, un ataque de hipo, el “Rapid”. Una pareja con un solo objetivo y un teléfono.

Manténgase a la espera es el producto de la experiencia, de la impotencia y de la constatación de una realidad desesperante: hay retos que están al alcance de muy pocos…

Si Hitchcock levantara la cabeza, sin duda dedicaría una película a este fenómeno paranormal de nuestro tiempo. Es más, dedicaría toda una serie al mundo de los inquietantes operadores móviles. No nos cabe la menor duda. Pero como según todos los indicios razonables, es bastante difícil que el hombre levante la cabeza, nos hemos adelantado creando este espectáculo.

Da igual el motivo, las circunstancias y todos los argumentos de peso que esgriman: los operadores móviles disponen de todo un ejército de agentes del mal, ávidos, sin escrúpulos, precisos como un reloj suizo, adiestrados con las técnicas militares de las SS. Fuerzas de élite diseñadas para aguantar insultos, vejaciones, improperios, y muchas horas con el auricular puesto. No traten de ponerse en contacto con ellos, siempre están ocupados, pero si dan un paso en falso, ellos les encontrarán. Y si les encuentran… dense por jodidos. Ellos son los teleoperadores.


Intérpretes:
Jorge Gonzalo
Patricia Estremera
Alfonso Mendiguchía

Autoría y dirección: Alfonso Mendiguchía
Compañía: Los Absurdos Teatro

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