Ricardo III

Medea

"Medea llega a nosotros como un mito. El mito del desequilibrio. En Medea se rompe el equilibrio que los valores occidentales plantean entre el mundo femenino y el masculino.
Medea existe en un mundo primitivo donde las grandes respuestas cuyas preguntas aun ni siquieran han sido formuladas; donde el humano vive entre sus instintos y sus pasiones: nacer, engendrar y morir. Un mundo que cree y se sustenta en rituales, la mayoría sangrientos -que suplen la ausencia del pensamiento, amparan al miedo que produce el desconocimiento y la ignorancia sobre tantos y tantos porqués. ¿Por qué la noche?, ¿Y el firmamento? o la muerte...
El mundo de Medea es un mundo oscuro, esotérico, mágico donde la sangre es el elemento generador de vida. De ahí los rituales cruentos de jóvenes cuyo sacrifico, cuya sangre sirva de alimento a la tierra que creará los frutos que alimentaran a otros jóvenes: Un ciclo vital y en ese ciclo Medea es la hechicera, el sacerdote oficiador en este mundo oscuro de la Colquida.
Otro mundo aparece, el mundo viril de Jasón. El contacto se produce y Medea –dejando salir esa dimension de mujer, encubierta y reprimida por occidente y apropiandose de los derechos sexuales y la accion agresiva y violenta que siempre ha ocupado el hombre– renuncia a su raíces, a su familia y hasta a ella misma. Sucumbe ante el Hombre. Y todo su instinto le empuja a no mirar atrás, a cortar, incluso con impiedad los vínculos sacros de tierra y familia.
Expatriada a un lugar extraño, a un mundo más avanzado, menos puro, más racional, Medea es traicionada. A partir de ese momento Medea trasgrede la norma de ese orden masculino. Actúa realizándose como ser. Corta la estirpe del hombre y amputa su esencia como madre, como cortó la de hija y hermana, y así equilibrar su propio entidad de ser. La sangre del hijo regará la tierra y creará nuevos seres no contaminados por la mentira y la traición. Dos mundos encontrados incapaces de entenderse. Y se produce el desorden , el quebrantamiento de un status por quien no tolera ni siquiera comprende la traición y mucho menos las mezquinas razones a ella conducen."

José Carlos Plaza


Intérpretes:
Ana Belén
Adolfo Fernández
Consuelo Trujillo
Luis Rallo
Poika Matute
Alberto Berzal
Olga Rodríguez

Dirección: José Carlos Plaza
Dramaturgia: Vicente Molina Foix, a partir de Eurípides, Séneca y Apolonio de Rodas
Escenografía: Francisco Leal
Vestuario: Pedro Moreno
Musica: Mariano Díaz
Iluminación: Toño Camacho
Producción: Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida; Pentación Espectáculos

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