Ricardo III

Sherlock Holmes y el cuadro mágico

Hace unos años, un lunes algo muermo, poco antes del almuerzo, sonó el teléfono de Sherlock Holmes. La mofletuda Condesa de Nata se había quedado patidifusa ante un medio robo: sí, su cuadro preferido todavía estaba en su sitio, pero los colores se habían esfumado.
Sherlock y Watson observaron las huellas, la ventana, los cristales rotos... Chuparon un poco la pipa... Volvieron a observarlo todo, una vez más, pero con la lupa... Y nada. No se enteraron de que estaban ante un cuadro mágico hasta que se pusieron las misteriosas gafas rojas y azules. Con ellas puestas, todo se transformó y pudieron atravesar el lienzo, para entrar en un mundo maravilloso.
En el interior del cuadro, la magia lo inundaba todo, de manera que se podía crear un sidecar con un paraguas o ver como desfallecía un lindo pajarito cada vez que Sherlock decía que no creía en la magia. Y allí mismo fue dónde conocieron a los personajes clave para resolver el caso: una joven pizpireta que decía ser la hija del pintor que firmaba el paisaje y un escurridizo Moriarty que pretendía robar la magia del cuadro.

La aventura está servida. ¿Conseguirá Sherlock Holmes resolver el caso antes de llegar al blanco y negro? ¿Cómo acabará la historia de amor entre Watson y Adler? ¿Le sentará bien la falda a Moriarty cuando se disfrace de maruja perturbada? Todas las respuestas en el teatro.


Intérpretes:
Miquel Mateu
Víctor Lucas
Mamen Mengó

Dirección: José Tomás Cháfer
Idea original: José Tomás Cháfer y Víctor Lucas
Texto y Letras: Josep Mollá

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