Ricardo III

Sueño el peso de las nubes

Sinopsis:
Tras el des-apego, el trotar de los almendros que se estrenó el 7 de marzo del 2011, en la pasada edición de este Festival, el pez se hizo sueño, amarillo, mantequilla, soñando nubes infalibles, inalcanzables en sus extremos, mientras todos se despidieron besándose los abrazos sobre un tejado de sí mismo, yo, preparado para abandonar cualquier campo de batalla, en disposción de cuestionar el deseo, sabiendo que para la tortuga la vida es fácil, sintiéndome dolorido porque que tres mil quinientos millones de gotas pasan sed, que a merced del viento no duda el trigo, apunto bien, la pistola sufre, observando cómo pierde la uña el gato en la boca del pescado, el agua reposa, murmura la piedra, consciente que la distancia más corta entre dos líneas rectas es el punto que las observa, equilibrio donde el miedo se curva hacia la izquierda, seca la flor sus zapatos, convencido de que la ventana eligíó el suicido, como la melancolía es la pedrea de la tristeza, la nostalgia, obstáculo para recordar, abducido por la reflex-ión que la imaginación es burguesa, el semen marxista, el hambre de todos, ganar es triste, perder penoso, aproveché el recreo, hablé con el árbol sobre el haiku de los tiempos, comentándome que cuando acaban los desiertos, interroga a la arena, soprendida esta, pues tenía dos yogures en la nevera, uno se congeló, otro no, hipnotizado fijé la vista en la bandada de pájaros, uno, iba un poco rezagado, conveniente es que el que calle se convierta en avenida, río de un afluente de la tristeza, y, aunque nunca llueve a gusto de las aguas, qué sabe el agua de la humedad!, en aquella noche en la que se mantuvieron sólo los almendros, aparece dios porque le apetecía romper un vaso, maldiciendo nubes que merecían estar colgadas, gritando, exaltado que el futuro es el presente con cara de gilipollas, sentado a lomos de aquella lechuga, eliminando el yo de la ensalada, tendí mi mano al pan por primera vez, remitía el invierno, dando paso a la primavera con sus excesos, excéntrico, balbuceaba, que la vida es el arte más inútil, la horma, zapato que se aleja, surrealismo, manzana que se baña en el lago, casi siempre me hiero en la misma mano, en el tímido olor de la espera, el viento en su huída regalaba rosas rojas, justo en ese punto en el que prefiero no tener a perder, se conjuga, lo prometido es duda, el amanecer empezaba a odiar madrugar, en el pequeño estanque, una lágrima humedece, otra seca, el amor se convierte en una herida con hélices, la felicidad, segundo que se aleja de otro, la Historia enamoró a San Sebastián de un flechazo, junco que reconoce tu viento, tráfico denso de tu boca a la mía, si das dos pulsaciones, yo, soy el segundo, siguiéndote como el paté a las finas hierbas, no sufriendo cuando me dices, hola, volviendo a la mujer que soy, cambié de vida, a la otra le sudaba mucho la espalda, ni más azul es el cielo porque se pinte de rojo, ni entorpezco el cauce de los ríos, no riendo el oso las acrobacias del salmón, girando el sol la vista para no ver el pescado muerto, perra, dueña envejecían a la misma distancia, prefiriero una caída de ojos que todos los aeroplanos de la ciudad, no ensayo, mis errores son pura narrativa, sin ánimo de molestar, menos agradar, no disimunlando el alpiste su atracción por el canto del jilguero, observando con atención como por la meta pasaron todos los japones . . . y "sueño el peso de las nubes".

Intérpretes:
Laura Labajo
Hipólito García Fernández
Bolo

Dirección: Hipóloto García Fernández, Bolo
Compañía: La de Mis Padres

 

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