Cegado por los arcoíris

Enrique R. del Portal

Hay cosas que uno elige, o que lucha por que ocurran. Otras, sencillamente, nos vienen dadas, y son éstas de las que, paradójicamente, solemos sentirnos orgullosos, y hacer gala de ellas, como si de una condecoración o un mérito se tratase. Y nunca he entendido ese afán por enorgullecerse de haber nacido en tal lugar, o tener una determinada tendencia sexual, o incluso profesar una fe, que lo más probable, excepto que te hayas convertido, es la que heredaste de tus padres. Me parece tan vano como si yo presumiese de lo mucho que me gustan las lentejas, absurdo, ¿no?

Por esto, no me siento orgulloso de muchas de las cosas que me suceden en la vida, no porque me avergüence, que es lo que suele significar “no me siento orgulloso” sino porque no las he elegido, sencillamente, ocurrieron. Quizá, como decía John Lennon, porque “la vida es lo que te sucede mientras tú haces otros planes”.

Esta tarde está acabando bañada en una luz dorada, que impregna un extraño sentido a todas las cosas que veo, que me lleva de un color a otro, y de una sensación a otra. Y así, me parece ver detrás de cada sombra y cada color algo que pugna por asomar, no sé si un recuerdo o un atisbo del porvenir. Yo lo llamo poesía, una forma de ver lo que me rodea que a veces hace daño, pero que llena cada imagen que intento plasmar cuando escribo. No sé si lo consigo, pero sí sé que no he elegido sentir, pensar así, más bien es que la poesía te escoge, y te destruye, te devuelve a la vida, y te devora.

Algo parecido sucede con la música. Decía un amigo mío melómano, gran amante de Richard Wagner, que un día sucedió la epifanía, entendió y asimiló la grandeza de este autor, y pasó a ser un absoluto enamorado de su ópera. Me atrevería a pensar lo mismo del Blues, o del Rock´n´roll. No lo eliges, no lo buscas, es él el que te encuentra y te domina, para hacerte ver las cosas, la vida, de otra manera.

A veces escuchando las notas del adagio para cuerdas de Samuel Barber, o la Gimnopedie nº 3 de Erik Satie me voy alejando, me pierdo en ese mundo que no he elegido ni creado, pero que me llama, lleno de sensaciones que tanto me cuesta describir. Sucede lo mismo con Wild is the Wind, de Dimitri Tiompkin, en la espléndida versión de David Bowie, o la hace poco re-descubierta, gracias a mi compañero Ignasi Vidal, Blinded by Rainbows, de los Rolling Stones.

Podría nombrar cientos de canciones, cientos de poemas, como el soneto al amor de Lope de Vega:

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso:

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso:

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño:

creer que el cielo en un infierno cabe;
dar la vida y el alma a un desengaño,
¡esto es amor! quien lo probó lo sabe.

O el poema 18 de Pablo Neruda

Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.

Se desciñe la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.

O la cruz negra de un barco.
Solo.
A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aquí te amo.

Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.

Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.

Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño.

Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos en el viento,
quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.

Tan diferentes en la forma, pero tan sugerentes y decisivos para entender que es lo que hay en el espíritu de algunos seres humanos. Algo que está ahí, que nos rodea y que no podemos asir. Quizá ese principio que no se muestra pero que se insinúa, como nos dice Eckart Tolle. Que nos señala o no, que nos escoge, pero que en cualquier caso no todos vemos, ni vemos de la misma forma, ni, mucho menos, podemos expresar en su plenitud.

Detrás de la ventana la tarde sigue avanzando, y el dorado de la luz se acentúa hasta dolerme. ¿Por qué?, ¿Por qué la mera observación de esta puesta de sol hace plantearse tantas cosas?
¿Me escogió la poesía?, ¿Me señaló el rock´n´roll? Ojalá tuviera el talento suficiente para describiros lo que veo, lo que siento. Pero me limitan las palabras, las pocas que sé, y sólo se me ocurre utilizar una canción, una frase que apenas araña la superficie de este “algo” que me gustaría compartir.

Did you ever feel the pain
That he felt upon the cross
Did you ever feel the knife
Tearing flesh that’s oh so soft

Did you ever touch the night
Did you ever count the cost
Do you hide away the fear
Put down paradise as lost

Yeah you’re blinded by rainbows
Watching the wind blow
Blinded by rainbows
Do you dream at night
Do you sleep at night
I doubt it…

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