Crítica de Afterwork

Miércoles a las 22:15 horas hasta 13 de marzo en el Tetro Lara de Madrid

Crítica de Afterwork
Afterwork es una comedia entretenida y realista. Un repaso al mundo laboral, el consumismo, la insatisfacción y los estereotipos.

Crítica de Afterwork.
Teatro Lara de Madrid.

Reparto: Vicente Camacho, Fernando Coronado y José Carretero
Autor: David Barreiro
Dirección: Bruno Ciordia
Producción: Miller Producciones Teatrales
Diseño de luces y sonido: Jorge Kent
Música original: José Luis Bergia
Diseño gráfico: Studio Duermevela
Fotografía: Olaya Pazos

Una crítica de Susana Inés Pérez

Afterwork: la conspiración de tres ejecutivos desde un bar

Afterwork se estrenó el pasado miércoles 23 de enero en el Teatro Lara de Madrid. Vicente Camacho, Fernando Coronado y José Carretero protagonizan esta obra escrita por David Barreiro, que dirige Bruno Ciordia.

Es miércoles por la noche y la sala Lola Membrives del teatro está prácticamente llena. En escena, tan solo una mesa alta de bar y cuatro taburetes su alrededor; al fondo, en la pared, un cartel de letras luminosas en que puede leerse “Afterwork“.

Los tres personajes de la obra salen de bambalinas hablando entre ellos, riendo y bebiendo cervezas, construyendo así el ambiente distendido y festivo inicial. Desde su primera conversación, sabemos que Dani (José Carretero), Fredo (Vicente Camacho) y Rober (Fernando Coronado) son ejecutivos de una empresa grande y que el último ha sido ascendido, lo que provoca tensión entre ellos.

La imagen del edificio de la empresa está presente en la mente del espectador en todo momento a través de las palabras de los personajes. Un edificio pirámide, de nueve plantas; los altos mandos, incluido Rober, trabajan en la novena planta, mientras que Fredo se encuentra en la cuarta. Toda una descripción gráfica del ascenso social y económico que cobra vida durante la representación.

En esta obra, convergen tres personalidades muy diferentes. Fredo detesta a su jefe y la cultura de empresa. Rober, orgulloso de haber ascendido, repite que “así funcionan las cosas”. E insiste en que tanto la familia como la empresa son dictaduras. Fredo, aparentemente inconformista, se resiste a asumir lo que le dice su amigo. Y se decide a crear una empresa entre los tres para así lograr abandonar su empleo actual y la tediosa rutina.

A partir de esta proposición, comienzan las disputas. Revelan más de un aspecto de la vida personal de los personajes. Por ejemplo, que Rober le ha sido infiel a su mujer en más de una ocasión. Que Dani es un poco calzonazos. Y que Fredo dejó a su chica por inseguridad. O por temor a que las cosas terminaran torciéndose.

Estos momentos de confesión y tensiones dan paso a las risas. A la falta de tacto. Incluso a la crueldad. Como demuestran los tres amigos cuando tratan el tema de la muerte. De cotillear sobre los becarios. O de criticar a los compañeros de trabajo. Todo ello, por otro lado, denota la precariedad laboral actual. La cara más peligrosa de la ambición y del poder. Y un sistema basado fundamentalmente en la productividad, a veces la explotación, del empleado.

Gran parte de la obra se desarrolla en torno a Rober y Fredo. De este modo, Dani adopta el papel de pacificador o gracioso. Y a la hora de diseñar el organigrama, destaca una de las escenas en que los dos primeros se enfrentan, como parece ser habitual.

Ante la propuesta de Fredo de escuchar a todos los trabajadores, Rober dice no saber qué significa la palabra ‘ética’ y se burla de sus ideas, que tilda de comunistas, a la vez que se mueve de un lado a otro del escenario encorvado, simulando ser un bohemio. Sin duda, uno de los momentos más divertidos de la función.

Los actores, continuamente en escena, han conseguido dar forma y complejidad a sus personajes. Seducen el aire inocente y desorientado que Vicente Camacho aporta a Fredo. El trabajo de Fernando Coronado como Rober, cuando se trata de dar forma y descubrir gradualmente al lado más despiadado. Y, cómo no, la vis cómica de José Carretero como Dani, foco de miradas y de risas constantes. Queda al juicio del espectador averiguar quién es amigo de quién, Quién está más enfadado con la vida. Y quién odia más su trabajo y todo lo que implica.

Afterwork es una tragicomedia entretenida y realista donde las haya. Un comentario sobre el mundo laboral, el consumismo, la insatisfacción y los estereotipos, sobre la dificultad de avanzar y empezar de cero. Sobre la posibilidad de nadar a contracorriente. Un texto relativamente sencillo, ingenioso y profundo, que intercala cuadros y momentos reflexivos, violentos y divertidos sin fisuras, con interpretaciones de diez y un final sorprendente.

Todos los miércoles a las 22:15 horas hasta el 13 de marzo.

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