Crítica de “Estoy pensando en tortugas” de Claudia Faci

CRÍTICA: 9 a 18 marzo, en las Naves del Matadero.

Claudia Faci lleva en su ADN la historia de la danza en España. "Estoy pensando en tortugas" es el resultado de su residencia en Naves Matadero.
Claudia Faci lleva en su ADN la historia de la danza en España. "Estoy pensando en tortugas" es el resultado de su residencia en Naves Matadero.

"Estoy pensando en tortugas"

Nave 10. Sala Max Aub del Matadero de Madrid
Creación: Claudia Faci, Óscar Villegas, Luciana Pereyra-Agoff, Lucas Condró, Sandra Gómez, Jaime CondeSalazar y Ana Rovira
Dramaturgia y dirección: Claudia Faci
Texto: C. Faci, L. Pereyra-Agoff y Ó. Villegas, a partir de C. Lispector, H. Michaux y C. Millet
Coproducción: Naves MataderoCentro Internacional de Artes Vivas y Patronato Municipal de las Artes escénicas y de la Imagen del Ayuntamiento de Zaragoza
Luz: Ana Rovira
Sonido y música: Óscar Villegas
Fotografía: Pedro Albornoz
Vídeo: Gonzalo Munilla

Idioma: Español, inglés, francés

Crítica: Javier Torres

Una obra que no comienza y que sí termina o no o viceversa. El espectador se encuentra en la sala 10 del Matadero de Madrid en donde no hace mucho se sacrificaban cerdos y ante un espacio enorme con apenas una mesa, unas sillas, un teclado y unas cortinas rojas en un lateral.

Las acomodadoras van situando a los espectadores que esperan la hora de comienzo de una función que para cuando muchos ya se han arrellanado en su butaca, ya está comenzada. Y eso es porque hay actores que han salido a escena, que ya han ocupado su lugar en el escenario, si entendemos por el escenario el que ocupamos todos porque suben y bajan al patio de butacas y pasan por delante de todos.

Las voces de los actores se confunden con las del público que seguramente está pensando que están terminando de colocar algo o comprobar el sonido. Hay textos que se van oyendo sobre el cuerpo, el espacio, la carne pero en un tono que no hace pensar en la solemnidad habitual del inicio de una obra.

Poco a poco las voces de los asistentes van cesando y las luces del patio de butacas van disminuyendo y nos encontramos ante una representación, pero como el que no quiere la cosas. Pudiera parecer que los que se sitúan delante pudiéramos ser nosotros mismos que descuidadamente nos hemos levantado para ir al baño antes de la representación o alguien que ha querido moverse a otro asiento o ha conocido a alguien y pasa por delante del público.

No parece que la diferencia entre el actor y el espectador sea importante en absoluto y más bien parece que son intercambiables. La música, las palabras, los gestos, los movimientos…vienen del público y pareciera que alguien más va a levantarse o cambiar de posición. La luces aún encendidas permiten contemplar todo, lo que se supone que es escenario entre el patio de butacas, los espacios por donde entra el público, las escaleras que suben a las butacas más elevadas y todo elemento donde la luz alcance, como parte de la representación que allí va a tener lugar o tal vez no…

La representación es intensa. Comienza introduciéndose como sin querer, como accidentalmente y va imponiéndose por la fuerza del gesto, del movimiento. En ocasiones es de tal intensidad que el actor termina exhausto tras una convulsión desatada de movimientos. Las escenas, las situaciones van sucediéndose y enganchando a un espectador que siente y vive y escucha y disfruta y sufre lo que está pasando delante de sus ojos.

Los diálogos acompañan a los gestos, a los movimientos, a los giros… Pero es el cuerpo y la palabra los que hablan. El cuerpo es muy importante. La piel, el contacto… La desnudez de los actores es una manifestación externa de la crudeza de las vivencias: la atracción, el deseo, el desencuentro, el hastío, el odio.

La desnudez corporal muestra las cicatrices de la vivencia compartida y la crudeza pero también riqueza y esperanza que se da sobre la piel desnuda y necesitada de contacto.

El público asistente es invitado a participar en un momento de la representación y se sienta alrededor de la mesa con los actores. La obra cruza todos los estados de ánimo. Sufre y celebra la vida y en ocasiones se vuelve angustiosa y dramática por la intensidad de los gestos y de las manifestaciones corporales de los actores.

Arrastra por la crudeza y naturalidad de las emociones vividas en el cuerpo y por el cuerpo. "Is that all there is?". "¿Es esto todo lo que hay?". Esa es la cuestión…

Después de momentos y vivencias de mucho dramatismo, después de tirar por la borda, ansiar, desear, odiar y todos los sentimientos humanos por los que vamos migrando y viviendo…nos preguntamos: ¿Es esto todo lo que es? ¿Todo lo que hay? ¿Lo que esperamos y deseamos está ya aquí?

Hay una celebración final. Un deseo final de felicidad. Sea lo que sea o haya sido al final celebramos el haberlo vivido, el poder contarlo.

Termina la función con un sentimiento de desear aprovechar el tiempo y el momento y agradeciendo la hondura de lo vivido sea lo que sea.

La considero una obra de la transmutación y el deseo. De la vivencia por la carne y en la carne de lo cotidiano y cargada por la intensidad de los estímulos y sentidos que la inundan. Una experiencia para reflexionar sobre la condición humana y la intensidad de la vida.

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