Crítica “Don Gil de las calzas verdes” de Tirso de Molina

Fiesta Corral Cervantes. Del 31 de julio al 25 de agosto.

Don Gil de las calzas verdes
Don Gil de las calzas verdes
"Don Gil de las calzas verdes", de Tirso de Molina. Dirige Hugo Nieto. Sara Moraleda, Natalia Erice, Dani Llul, Ana Vayón, Jonás Alonso, Carlos Jiménez-Alfaro.

Don Gil de las calzas verdes.

Fiesta Corral Cervantes.
Del 31 de julio al 25 de agosto.

Autor: Tirso de Molina
Dramaturgia: Alberto Gálvez
Reparto: Sara MoraledaNatalia EriceDani Llul, Ana Vayón, Jonás Alonso  y Carlos Jiménez-Alfaro.
Dirección: Hugo Nieto
Producción ejecutiva: Javier de la Morena
Música Original: Miguel Magdalena
Vestuario: Paola de Diego
Escenografía: Hugo Nieto
Iluminación: Felipe Ramos
Ayte. de Dirección: Didier Otaola y Yaiza Ramos

Crítica: Susana Inés Pérez

Desde el pasado 31 de julio, la Compañía Ensamble Bufo representa “Don Gil de las calzas verdes” de Tirso de Molina, como parte de la excelente programación de la Fiesta Corral Cervantes 2018, en la madrileña Cuesta de Moyano. Esta divertidísima versión, dirigida por Hugo Nieto, cuenta con seis actores: Sara Moraleda, Natalia Erice, Dani Llul, Ana Vayón, Jonás Alonso, Carlos Jiménez-Alfaro. Emulan las maneras y técnicas de los cómicos del Siglo de Oro, invitando al público a participar del espectáculo, a cantar, a bailar y a reír con ellos. Como en las representaciones de la época de Tirso, el espectador debe usar ante todo su imaginación; en el escenario, unos pocos útiles para los cambios de personaje, una tarima elevada en el centro y tres asientos a cada lado para cada uno de los actores al nivel del escenario. Cómo no, prima el color verde.

Aunque los actores nos presentan el espectáculo “Don Gil de las calzas verdes” como una historia que nos queda muy lejos, de vez en cuando, algún que otro personaje cuela magistralmente vocabulario reciente o referencias a la actualidad entre los versos de Tirso, a modo de aclaración o apostilla, lo que acerca el texto a la realidad del espectador y refuerza su estatus como clásico. Ante la sorpresa fingida de los personajes, el público reconoce el anacronismo y ríe cuando escucha la palabra ‘imputado’ o ‘dabuten’, o las referencias al pequeño Nicolás y las nuevas tecnologías. La misma situación se repite cuando se pronuncian los versos que hoy día consideraríamos misóginos. No obstante, en este caso, la intervención de los actores denota más bien desacuerdo frente a las teorías y creencias de la época en que vivió el dramaturgo.

Los actores tienden un puente entre el Siglo de Oro y nuestro presente y realizan un trabajo magnífico, llegando algunos de ellos a interpretar más de un personaje sin despeinarse, prácticamente vistiendo el mismo atuendo sencillo y grisáceo, sobreactuando, a la manera del antiguo comediante. Son también narradores, que sitúan la acción y presentan los personajes, dando paso posteriormente a cada cuadro o escena de la obra. “No te hagas el entendido… ¡Presenta a los personajes!”, exige, con maneras de cómica, la actriz Sara Moraleda mientras toca una maraca y sonríe a los espectadores al comienzo de la función. Ya tienen al público en el bolsillo.

Se trata de un trabajo coral, muy pulido, en que los seis actores permanecen en el escenario durante toda la representación, participando de una u otra forma en ella, especialmente a través de los guiños al público. Incluso cuando se representa un cuadro en que su personaje no está presente, los actores, sentados a un lado de la tarima, observan la escena, la comentan y hacen muecas a los espectadores, haciéndoles cómplices de los pensamientos, sentimientos o intenciones de su personaje y, en definitiva, de la acción. Hacia el final del espectáculo, el criado, Caramanchel, baja del escenario para ponerse al mismo nivel del público, convirtiéndose así en un espectador más, y observa con nosotros la escena de máxima confusión con los varios ‘Giles’, dándose la vuelta en varias ocasiones para contarnos sus ocurrencias y chistes sobre la situación.

Cada actor posee un instrumento y cada sonido cumple un propósito. Música, palabra y gesto se complementan. Así lo demuestra la escena en que don Juan y doña Inés se declaran su amor y un golpe de tambor acompaña el abrazo de ambos personajes y los gritos del padre de doña Inés; un segundo golpe de tambor coincide con la huida de don Juan, que suelta a doña Inés, dejándola en el suelo. La obra se abre y cierra con canciones pegadizas, de ritmos populares, caribeños y flamencos, que aportan dinamismo a la acción y desvelan el carácter festivo y significados de la obra.

Los personajes invitan al público a moverse al ritmo de la música constantemente. Don Martín, por ejemplo, es incapaz de resistirse a la música a pesar de estar alicaído. Muy acertada es la coreografía de las mujeres a la espera de don Gil, que nos trasporta a los años sesenta, el toque de niña pija para el personaje de doña Inés y un don Martín esperpéntico, que aparece asustado, portando un rosario, hacia el final del espectáculo.

En la locura del enredo, los actores, en su doble función de personajes y narradores, se permiten ciertas licencias que aportan fluidez y comicidad a la representación y que hoy día asociaríamos con técnicas cinematográficas.  Y en este sentido, destaca la escena en que doña Juana, entonces doña Elvira, le relata a doña Inés una historia sobre sus desventuras y el criado Caramanchel se sube a la tarima para anunciar que “va para rato”, y, en su papel como narrador, se decide a hacer un resumen de esta historia y así avanzar en la representación. En otros momentos, se produce una superposición en que algún personaje, en su calidad de narrador, recita lo que sucede en una escena, mientras que los personajes que forman parte de ella y se encuentran sobre la tarima se limitan a gesticular la conversación sin llegar a emitir palabra alguna o permanecen estáticos.

Este “Don Gil de las calzas verdes” entretuvo y deleitó a niños y mayores durante una hora y media de función. Los actores se despidieron cantando, invitando a los espectadores a vivir la vida “con calzas y a lo loco”, y con alguna que otra sorpresa que descubrirán si se pasan a ver la obra. Aún están a tiempo de disfrutar de este clásico, en cartel hasta el 25 de agosto. Además, habrá dos sesiones los días 1 y 2 de septiembre. Sabor a corral de comedias en una calurosa tarde de agosto. ¿Qué más se puede pedir?

Más información sobre este espectáculo

Vídeo: Don Gil de las calzas verdes

“Don Gil de las calzas verdes en el Corral Cervantes: https://corralcervantes.com/don-gil-de-las-calzas-verdes/

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