Crítica de «La importancia de llamarse Ernesto»

Desde 8 de agosto en el Teatro Lara de Madrid

La importancia de llamarse Ernesto. Crítica de la última versión de esta obra divertida y traviesa de Oscar Wilde.
La importancia de llamarse Ernesto. Crítica de la última versión de esta obra divertida y traviesa de Oscar Wilde.
La importancia de llamarse Ernesto. Crítica de la última versión de esta obra divertida y traviesa de Oscar Wilde.

La importancia de llamarse Ernesto.
Teatro Lara.

Horarios para ver esta obra de teatro

Reparto: Paloma Paso Jardiel, Ana Azorín, Inés Kerzan, Jordi Millán, David Degea, Ángela Peirat  y Guillermo López-Acosta
Traducción: Sandra Pedraz Decker
Versión y dirección: Ramón Paso
Producción  PasoAzorín Teatro
Jefa de producción: Inés Kerzan
Ayte. producción: Sandra Pedraz Decker
Diseño de vestuario: Inés Kerzan y Ángela Peirat
Iluminación: Pilar Velasco
Fotografía: Ramón Paso
Diseño gráfico: PasoAzorín Teatro
Jefa de prensa: María Díaz
Ayte. dirección: Blanca Azorín y Laura Auzmendi

Crítica de Javier Torres.

La sala Cándido Lara del Teatro Lara de Madrid nos presentó anoche en un concurrido estreno de «La importancia de llamarse Ernesto». La última versión de esta obra divertida y traviesa de Oscar Wilde versionada y dirigida por Ramón Paso en sintonía con el estilo de este director que sin perder la esencia del texto original del autor irlandés presenta un montaje actualizado.

Los personajes comunican sus misivas por móvil aunque sin perder esa formalidad y costumbrismo típico del vestuario victoriano y los guiños y críticas a los modos y formas de una sociedad que en algunos casos siguen estando presentes por la forma tan ingeniosa y ácida que Oscar Wilde utiliza y que los hace intemporales por responder a lo más genuino del ser humano, a saber el juego que todos seguimos entre hipocresía y verdad, juegos sociales a los que nos vemos obligados y verdaderos y honestos intereses.

La historia es bien conocida: Dos mujeres jóvenes enamoradas de un ideal de hombre honesto y dos hombres que están dispuestos a serlo aunque para ello tengan que en cierta forma negar un poco de sí mismos y reinventarse cada uno a su manera. Pero lo anterior parece demasiado serio y tendrá que ser Oscar Wilde, un autor tan irreverente como profundo y punzante quien nos lo presente con un juego de enredos y un juego de expresiones y de dobles sentidos que hace de este texto teatral un inteligente tratado sobre las costumbres y la hipocresía social aunque, como no podía ser de otra manera dado lo cómico de las situaciones, todo acaba bien y el amor travieso y divertido termina triunfando sobre las apariencias.

El texto y el montaje de Ramón Paso fiel a la esencia de la obra de Wilde, aporta, no obstante, guiños actuales y hasta entradas y salidas de escena dinámicas y sorprendentes que mantienen al espectador divertido y expectante.

Los cambios aportan y enriquecen el texto original y el montaje aunque sencillo en cuanto a cambios en las distintas escenas y actos permiten centrarse en el rico y denso texto sin perder una sola palabra o juego de palabras para no perder con ello una sonrisa o una carcajada.

Oscar Wide nos propone un juego de palabras con las palabras Ernesto que en su traducción al inglés sería honesto o serio, franco. En inglés supone una vocal o consonante colocada en distinta posición pero es precisamente ese el juego de Wilde. El juego de la posición de las letras que se refiere a la posición social, los juegos hipócritas, los enredos sociales. Todo ello contado de manera elegante pero extraordinariamente crítica con la sociedad de su tiempo y con ese amaneramiento y condescendencia con los usos y costumbres aceptables o no y por ello sigue siendo un clásico y tan, tan actual.

La sociedad de Wilde era enormemente convencional. Tenía unos códigos sociales y morales muy estrictos. Pero ¿Acaso nuestra sociedad, con la dictadura de lo políticamente correcto, no tiene un corsé demasiado apretado?

Muchos muestran una imagen de aparente corrección. Y un discurso o relato que claramente entra en contradicción con la verdad. Verdad que termina por imponerse o por emerger para maquillarse o camuflarse de nuevo. No quiero ponerme serio o trascendente. Sólo quiero reivindicar que la crítica sublime y enormemente inteligente de Wilde sigue siendo tan actual ahora como en su época. Muchos de los personajes de Wilde viven a costa de sus mentiras y a costa de mantenerlas, una falsa imagen de perfección, seriedad y honestidad que termina siendo un fiasco.

¿Y hoy? ¿Algún nombre o rostro nos viene a la mente? Si son descubiertos tratan de mantener la mentira todo el tiempo posible hasta que se hace insostenible la situación. De cara al público, a la sociedad se mantienen en su discurso de pureza y exigencia. Pero tan pronto se abren fisuras o son descubiertos se pone en evidencia su frivolidad, falsedad y manipulación consciente no sin poca resistencia y negar las evidencias hasta que no pueden mantenerla más porque son abrumadoras o abundantes.

Esto tan sórdido y triste es lo que Oscar Wilde presenta con humor, de manera ingeniosa y ácida. Como sólo este dramaturgo genial y tan lucido podría hacer. Su inteligencia y agudeza, su palabra afilada y certera disecciona este estado de cosas y lo denuncia provocando una sonrisa cómplice en los espectadores.

Esta propuesta del Lara refresca con risas un patio de butacas en las tardes del tórrido verano madrileño. La versión está protagonizada por Paloma Paso Jardiel y Ana Azorín además de Inés Kerzan, Jordi Millán y David DeGea entre otros.

Ayer en el estreno y con una sala abarrotada y debiendo esperar unos minutos pasada la hora prevista de comienzo del espectáculo para que todo el público que aún permanecía en la fila pudiera acomodarse en la sala se mantenía una expectación enorme por parte del público presente.

Algún pequeño desliz en el texto que irá puliéndose no desluce lo divertido y atrevido de este montaje. Los actores en compañía del director salieron a escena a saludar. Por supuesto, recibieron una extensa ovación.

 «La importancia de llamarse Ernesto» es un espectáculo muy divertido. No puedes perdértelo. Sus diálogos afilados refrescan y hasta hidratan el cerebro durante esta canícula de conformismos, convencionalismos y falsa corrección social.

 

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