Crítica de Incondicionales: una comedia sobre las relaciones humanas

Desde 2 de Junio en el Teatro Lara de Madrid

Crítica de la comedia " Incondicionales"
Crítica de la comedia " Incondicionales"
Incondicionales, de Tomás Naranjo-Cluet y Bernardo Rivera, triunfa en el Teatro Lara de Madrid. Crítica de Incondicionales, de Susana Inés Pérez.

Crítica de Incondicionales. Teatro Lara de Madrid. Sala Lola Membrives.
Del 2 de Junio al 28 de Julio 2019
Domingos 18:15 horas (A partir del 07/07 a las 19:15 horas)
Duración 75 minutos

Reparto
Bernardo Rivera
Candela Solé

Dirección: Paco Rodríguez Orozco
Producción: Que jArte!
Dramaturgia: Tomás Naranjo-Cluet y Bernardo Rivera
Escenografía: Ana María Serpa T.
Vestuario: Javier Morales
Diseño Gráfico: Ana Rojo

Crítica de Incondicionales, de Susana Inés Pérez

Incondicionales, de Tomás Naranjo-Cluet y Bernardo Rivera, triunfa en el Teatro Lara de Madrid. La comedia muestra la historia de tres amigos desde el momento en que se conocen hasta su posterior separación y reflexiona sobre el amor, la amistad y las segundas oportunidades.

La historia

Carlos Torres (Bernardo Rivera) y Patricia Muñoz (Candela Solé) acuden al entierro de su amigo, el político Sergio Villanueva. Desde el primer momento sabemos que el primero es actor y la segunda economista, que ambos gozan de cierto prestigio y que, además, tuvieron una relación sentimental. Los dos personajes, consternados, leen la carta que su amigo les escribió antes de morir y emprenden un viaje por los recuerdos que comenzaron en el bar donde los tres se conocieron hace doce años.

Rivera y Solé nos regalan vis cómica a raudales y crean dos personajes maravillosos y, desde un primer momento, saben expresar el vínculo entre ellos. Ambos personajes desvelan los aspectos clave de su personalidad previamente a comenzar a leer la carta y establecen contacto directo con el público desde el inicio de la función, ya que nosotros somos los asistentes al entierro de su amigo a los que se dirigen.

Se suceden las escenas en el bar, y, posteriormente, en la boda de Carlos y Patricia, una terraza en Italia y la casa de Sergio, para regresar, finalmente, al marco del entierro. Una dramaturgia sencilla, que no simple, y muy cuidada permite la interrupción de los personajes en el presente del entierro durante las acciones del pasado con el propósito de contrastar o cuestionar los hechos que su amigo Sergio describe en la carta. ¿Habrán cambiado tanto como ellos dicen? ¿Qué secretos se habrán ocultado?

Puesta en escena

En el escenario, menos es más: tan solo unas cuantas voces en off y una pancarta con diferentes imágenes en un atril, que los propios actores van cambiando, ambienta el cambio de escenas y de ubicación. Y el público se lo cree porque Rivera y Solé se encargan de proporcionar la complejidad necesaria a sus personajes, lejos de reducirlos a una caricatura, demostrando su gran desparpajo en escena. Así, vemos también su lado más dramático, como sucede en la boda, y su lado más vulnerable, como sucede en la terraza italiana o en la escena final, donde tienen lugar momentos únicos que vivimos desde la imaginación del personaje de Carlos, que ridiculizan y engrandecen simultáneamente el tópico de la nostalgia y la idealización del ser amado y del pasado.

Lo mismo sucede con Sergio, el amigo fallecido, que Rivera y Solé interpretan por turnos cuando se ponen sus gafas. El hecho de que este personaje era abiertamente homosexual condiciona pero no limita su caracterización y, en ocasiones, los intérpretes nos trasladan al marco principal de lectura de la carta y del entierro, interrumpiendo la acción para discutir si la imitación es o no correcta.

Conclusión de la crítica de Incondicionales

En esta crítica de Incondicionales queremos dejar claro que es una comedia actual y cercana. A través de la que el espectador también viaja por su propio pasado. Y repasa la evolución de la tecnología y los cambios en nuestra forma de comunicarnos desde el año 2007. En esta obra de teatro tienen cabida la profundidad, las referencias a la cultura popular, los cánticos, los bailes y los chistes característicos de cada personaje, resultando una combinación atractiva y efectiva, en que destaca la construcción de los personajes.

Se trata de un montaje que reutiliza las viejas fórmulas de la comedia. Y no por ello insulta la inteligencia del espectador. Solo tengo buenas palabras para describir la labor de Rivera y Solé. Créanme si les digo que sentirán afecto instantáneamente por los personajes. A Solé, por cierto, la había visto ya en todo su esplendor en la Sala Mirador con Trágicas hace unos meses. Vayan si quieren reír y emocionarse, de verdad, con estos dos actorazos.

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