Crítica de «Monsieur Goya, una indagación»

Hasta 10 de noviembre de 2019 en el Teatro Fernán Gómez de Madrid

Monsieur Goya, una indagación.
Monsieur Goya, una indagación.
Esta es nuestra opinión de la obra de teatro "Monsieur Goya, una indagación": Un espectáculo metateatral, sobre la vida de Goya.

Crítica Monsieur Goya, una indagación.
Teatro Fernán Gómez de Madrid.
Una crítica de Susana Inés Pérez.

Ficha artística:

Reparto:: Inma Cuevas, Alfonso Delgado, Font García, María Mota, Fernando Sainz de la Maza, Alfonso Torregrosa y Andrea Trepat.
Dramaturgia: José Sanchis Sinisterra
Dirección: Laura Ortega
Videoescena: Daniel Canogar
Música: Suso Saiz
Iluminación: Francisco Javier Sarrión Mora
Vestuario: Almudena Bautista
Asesoría artística y técnica: Javier Ruiz De Alegría
Ayte. de dirección: Juan Menchero
Fotografía / Video: David Ruiz
Espacio sonoro: Quique Mingo
Aytes Videoescena: Jorge Anguita y Juan Carlos Roldán
Audiovisuales: Edu Ruiz Chini
Producción ejecutiva: Jesús Sala
Dirección artística: Nacho Marín
Una producción del Teatro Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa

Agradecimientos: Jacinto Bobo, Daniel Sánchez Salas, Francisco J. Rodríguez Chaparro, Samuel Alarcón, Lorena Paz, María Morales, Juan Vinuesa, Alfredo Cuevas y Q17 Studios.

La sombra del autor

Monsieur Goya, una indagación, de José Sanchis Sinisterra, se representa en el Teatro Fernán Gómez de Madrid. La obra, dirigida por Laura Ortega, recorre, de una manera profundamente metateatral, momentos significativos en la vida de Goya, en Madrid y en Burdeos, hasta su muerte en el año 1828. El montaje termina por convertirse en un mosaico de diferentes situaciones y escenas, en que, a través de no pocos saltos temporales, intervienen los personajes de Leocadia, la amante (Inma Cuevas), sus hijos Rosario y Guillermo (María Mota y Fernando Sainz de la Maza), Margot, la lechera de Burdeos (Andrea Trepat), sus amigos artistas Leandro Fernández de Moratín y Antonio (Alfonso Torregrosa y Font García) y el autor (Alfonso Delgado). Este último, al que no veremos en escena, se enfrenta directamente a sus personajes y a los propios actores.

No es la primera vez reseño un trabajo de Sanchis Sinisterra. Hace unos cuantos meses, me sorprendió la calidad del monólogo titulado Todos me deben algo, interpretado magistralmente por el actor Jordi Buisán, que pude ver en La Escalera de Jacob, también en Madrid. No obstante, en el caso de Monsieur Goya, creo que no me equivoco si afirmo que el dramaturgo se plantea esta obra como un experimento, una reflexión y un resumen de su pensamiento teórico y teatral, especialmente en lo que se refiere a la figura y el papel del autor, los personajes y el teatro como posible herramienta de reconstrucción histórica.

Montaje Monsieur Goya, una indagación

Desde un primer momento, percibimos la originalidad del montaje. Los seis actores aparecen en escena, sentados cada uno en una silla y, de cara al público, actúan como si se encontraran en un cine. Imágenes de las pinturas de Goya comienzan a proyectarse en las paredes del escenario. A partir de este momento, el trabajo audiovisual y musical, a cargo de Daniel Canogar y Suso Saiz, es constante durante la función, aunando pasado y presente. Por ejemplo, Guillermo, hijo de Leocadia, aparece en escena y, mientras dice querer regresar a España y ser soldado, juega a un videojuego que se refleja en las paredes del decorado y posee su propia banda sonora.

La desilusión de los personajes adultos contrasta con la mentalidad de los más jóvenes. Rosario no piensa casarse y desea perseguir con uñas y dientes su sueño de ser pintora, de seguir los pasos de Goya. Margot, la lechera, y Leocadia, su madre, insisten en que la sepultura de una mujer es su casa y que las mujeres no pueden hacer casi nada. Todo un grito que hoy llamaríamos feminista y que se consuma con la representación del capricho número 26 de Goya en escena en que puede verse a tres mozas con sus sillas en la cabeza y puede leerse la expresión “sentar la cabeza”. Los tres personajes femeninos recrean este divertido grabado, mostrándose insumisas, cantando y bailando y retirando posteriormente las sillas de su cabeza para dejarlas, por fin, en el suelo.

Elementos tecnológicos

Los elementos tecnológicos ocupan un lugar importante en la obra; divisaremos en la propia figura de Goya, al final del espectáculo y una vez ha sido anunciada su muerte, unos cascos sobre su cabeza, con los que se alude claramente a su sordera. Por otro lado, un surco o recipiente alargado, de un lado a otro del escenario, contiene el agua sobre la que pasean los diferentes personajes. El agua se presenta como elemento purificador y salvaje simultáneamente, símbolo de la muerte de Goya y de la eternidad, como denota la escena en que la lechera se baña con su vestido verde en este particular riachuelo, antes de obtener su “pedacito de eternidad”, esto es, de ser retratada por Goya y Rosario. También será el lugar propicio para la reflexión de los personajes, sus confesiones más emotivas y para la conversación con el autor de la obra.

Monsieur Goya, una indagación.

Personajes de Monsieur Goya, una indagación

Los personajes (¿o debería decir actores?) se rebelan y se enfrentan al autor cantando una chirigota cuya letra compara la monarquía absoluta de Fernando VII, de la que Goya huye, con la falta de libertad del autor controlador, que, finalmente, deberá resignarse a que sus personajes y actores jueguen y creen, rompiendo incluso la cuarta pared y dirigiéndose a los espectadores. Durante este proceso, Inma Cuevas, que interpreta el papel de Leocadia, reflexiona ante el público sobre la imposible separación de actor y personaje en escena. Por otro lado, el propio autor le cantará las cuarenta al personaje de Leandro Fernández de Moratín cuando le echa en cara al dramaturgo de El sí de las niñas que se ha quedado un poco anticuado y que la comedia o el teatro ya no tiene que ser “un espejo de la realidad”.

A tal condensación de ideas metateatrales hemos de añadir el momento en que el autor habla a sus personajes como si aconsejara a los dramaturgos principiantes contra el sentimentalismo exacerbado o la obsesión por incluir demasiados datos biográficos o históricos. A ello responde defendiendo “las manchas, los zurcidos”. Al fin y al cabo, “la Historia”, comenta, “es otra fantasmagoría”. Por último, advierte sobre los peligros del diálogo cristalino y la ausencia de silencios: “ni afirmar, ni negar”, dice con rotundidad, defendiendo la ambigüedad, el doble sentido, la multiplicidad de significados y la travesura teatral y corroborando así la inteligencia y participación del espectador.

Conclusión

Monsieur Goya, una indagación es un baile de imágenes y arte, una sucesión de poemas visuales y musicales, un canto a la libertad creativa y personal y a la liberación de la mujer, un homenaje a la genialidad y la obra de Goya, a los comienzos de la era cinematográfica, su influencia en la pintura y las demás artes; se trata de un montaje muy cuidado a todos los niveles, con tintes cinematográficos, interpretaciones muy buenas y personajes y conflictos muy logrados, que, a través del audiovisual y los saltos en el tiempo, plantea cuestiones y dilemas de tipo metaliterario o metatetral, que recuerdan a la novela Niebla, de Miguel de Unamuno.

Asimismo, para finalizar con «Monsieur Goya, una indagación», he de decir que no se trata de una obra fácil de asimilar o digerir debido a las continuas referencias y alusiones a los episodios históricos de España, los años de exilio de Goya y la obra del artista. Las decisiones son coherentes, pero, quizá, no enganchen por completo al público. Algunos de los puntos fuertes son los comentarios sobre «las cadenas» que aprisionan a los españoles y el sufrimiento del exilio. Si, como termina por decir el autor, no hay manera de “domar el tiempo y el espacio”, queda a juicio del espectador el significado, función y usos de estos fragmentos, de estas especulaciones, de esta ficción, de este teatro.

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