Ricardo III

CRÍTICA: 15 de febrero en el Teatro Galileo de Madrid


"Corten": ¿la destrucción o el guión?

  • Críticas
  • 15/02/2013
  • Daniel Ventura
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Corten:
Corten:

Un viajero se dirige a Sevilla, en un autobús tan incómodo como cualquier otro, a través de una noche tan oscura como cualquier otra. Se concentra escrutando la negrura, mientras duermen todos los demás. No todos los demás; otro hombre está despierto y cuando le ve, se instala a su lado. Le cuenta una historia sobre billetes, bancos y robos, que el viajero que escucha con la incredulidad que de primeras se merece todo extraño. Al final el extraño vuelve a su asiento. Pero el viaje avanza y el destino llega. El viajero recupera su maleta, aunque pronto descubre que no, que no es la suya aquella bolsa pletórica de billetes inesperados. Cuando una pareja de policías de paisano le detiene, todavía no le ha abandonado la estupefacción por el hallazgo, así que es en el calabozo un amasijo sorprendido. Cuando, a la mañana siguiente, le interroga el mismo hombre que en el autobús le había hablado, aquel extraño, no queda en el mundo frustración aparte de la que se le acumula en el cuerpo. Trata de escapar, lo logra y protagoniza una fuga que él mismo considera digna de ser filmada. Sólo unas horas después, creyéndose ya Harrison Ford, descubre que todo era una broma. Despedida de soltero.

Esto es "Corten"(Las patrañas efímeras del movimiento corten), la obra de Impromadrid Teatro que vuelve a las carteleras en el Teatro Galileo de Madrid. Esto es "Corten" tanto como podría serlo cualquier otra cosa; porque "Corten", que vuelve a los escenarios por segunda vez, es sólo un marco (como se encarga de resaltar la escenografía) en el que cabe todo. Una apuesta corajuda por la improvisación y el humor, en la que las historias nacen y se desarrollan sin necesidad de pautas ni guiones (más allá de una exigente aunque sutil insistencia en la coherencia del relato). Eso es "Corten", una genialidad arrogante en la que tienen domicilio lo verosímil y lo atrabiliario, es decir, la a historia de un mercero metido, qué sé yo, a traficante de armas por...¿qué sé yo? ¿El amor de un mayordomo disléxico? Frescura, al fin y al cabo, aplicada como la nueva inteligencia en los tiempos e la caída del Muro. Del cuarto Muro, por supuesto.

Ignacio López, Ignacio Soriano y Jorge Rueda son los tres integrantes de Impromadrid, son quienes han concebido el espectáculo y son quienes lo protagonizan. El mismo ingenio que destila su propuesta es el que empapa su trabajo como actores: atrevimiento, lucidez y recursos engrasados son las tres virtudes principales de su actuación, si exceptuamos, y mientras lo digo traiciono la excepción, la primera y más importante: la de trabajar la risa con material no predispuesto. Se demuestra así que los talentos rara vez entienden de fronteras departamentales o disciplinares y también, aparentemente, que no hace falta texto para que un montaje brille. Sólo aparentemente, porque siempre está ahí, como intrigué antes, la necesidad de coherencia narrativa. La función de Impromadrid, de hecho, sólo decae un tanto en los momentos en que la búsqueda se demora demasiado, para volverva crecer después, y hacerlo sin techo, si la solución hallada es audaz.

"Corten" apunta directamente, en lo escénico, al gusto contemporáneo por el conocimiento pormenorizado de la tramoya. Por eso el vestuario y su gerente, Tatiana de Sarabia, están en y no tras el escenario; por eso la música nace en directo de las manos de Nacho Mastretta, con la sola inspiración de lo que está pasando; por eso Suso33 dibuja arquitecturas en su pantalla mágica, construye en volátiles materiales el espacio para cada palabra, venida y por venir. Su trabajo, tan sobresaliente como el de los demás, es una cápsula de sabiduría sobre el adelanto que la inteligencia supone siempre sobre la forma. Y es que lo mejor está por venir.

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