Ricardo III

CRÍTICA: Sábados en el Teatro del Arte


Crítica de “Absolutamente comprometidos”

  • Críticas
  • 09/03/2014
  • Daniel Ventura
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Absolutamente comprometidos.
Absolutamente comprometidos.

¿Cómo se puede representar una historia sobre la parte más fea de lo cool, tomando como metáfora un restaurante de lujo? Puedes buscar un gran teatro, enrolar a treinta intérpretes, construir un escenario magnífico y en dos alturas… y a correr. Pero también puedes conseguir una escenografía austera pero eficaz, encontrar a un actor dispuesto a explorar sus límites… y representarla igualmente. Lo hizo en Nueva York Nicholas Martin con el divertido texto de Becky Mode y lo hace Miguel Pittier en el Teatro del Arte de Madrid, donde ha recalado este “Absolutamente comprometidos” que ha pasado ya por otros escenarios y que ha producido Imanol Arias. El actor es Kike Guaza, decidido a estirar cada músculo y cada cuerda vocal para darle vida a una treintena de personajes y levantar sobre sus espaldas el universo frenético del texto. Un desafío a sí mismo, que supera cumplidamente.

Absolutamente comprometidos” está concebido para la velocidad. En el sótano de un restaurante de lujo, Dani Mayer atiende el teléfono de reservas. Un compañero jeta le ha dejado tirado, ni el chef ni el maître tienen piedad con él y los clientes quieren conseguir una mesa a cualquier precio. El protagonista corre de un lado para otro, descolgando teléfonos, anotando reservas, aguantando locuras, obedeciendo órdenes. La realidad va imponiéndose a sus fuerzas y, conforme pasan las horas, crece su cansancio y su cabreo. Además, su sueño de ser actor, la oportunidad de conseguir un papel en el Centro Dramático parece alejarse cada vez más: la única llamada que espera es la única que no llega. Sin embargo, la perseverancia suele tener recompensa y uno nunca sabe el poder que tiene un agente de reservas… que quiere pasar la Navidad en casa.

En tono despreocupado, superficial en apariencia y elegantemente divertido, “Absolutamente comprometidos” nos desliza algunas ideas importantes sobre la colisión entre la realidad y los sueños, sobre la frustración, sobre la influencia. En Dani Mayer y en los otros treinta personajes que se esbozan durante la representación, quedan resumidos algunos de los hábitos más cotidianos de nuestro tiempo, tanto para lo bueno como para lo malo. Kike Guaza hace un enorme despliegue físico y, también, de inteligencia expresiva. Con un solo gesto, o con un giro vocal, consigue dibujar un personaje y hacerlo identificable, con la hazaña añadida de hacerlo cada 20 segundos y sin titubear. Gran esfuerzo interpretativo y gran trabajo, que acaban por incluir al actor en la metáfora optimista de la obra: qué no puede conseguir alguien que juega sus cartas con talento.

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