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Crítica de "Mucho ruido y pocas nueces"

  • Críticas
  • 28/03/2015
  • Daniel Ventura
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"Mucho ruido y pocas nueces".
"Mucho ruido y pocas nueces".

“Mucho ruido y pocas nueces”, de William Shakespeare. Dirección: Sonia Sebastián. Versión: Elena Lombao, Maribel Vitar. Compañía: Las Grotesqués.
Reparto: Elena Lombao, Celia Frejeiro y Tusti de las Heras.

Disparatar a Shakespeare

Como sabe todo aquel que haya estado alguna vez en una biblioteca, lo primero que hay que hacer para acercarse a un clásico es quitarle de encima las telarañas. Sacarlo de la balda en la que esté y sacudirle el polvo. Las Grotesqués lo hacen con “Mucho ruido y pocas nueces”, de William Shakespeare, y convierten la operación en un espectáculo ingenioso y divertido, en el que apenas hay descanso para el diafragma. La comedia, una de las mejores del genio inglés, queda convertida en un disparate hilarante y ágil, para lucimiento de la vis cómica y la capacidad transformativa de Elena Lombao, Celia Freijeiro y Tusti de las Heras, las tres protagonistas. Ellas interpretan, no os asustéis que no pasa nada, los casi veinte personajes que aparecen en la obra. El impecable disparate lo dirige Sonia Sebastián en la sala Off del Teatro Lara, con mano maestra para la locura con sistema.

¿Sabéis de qué va “Mucho ruido y pocas nueces”? Lo sabéis aunque no lo sepáis: el título original, “Much Ado About Nothing” es una manera inglesa de referirse al cotilleo. Leonato, el gobernador de Messina, recibe y acoge en su casa al príncipe Don Pedro de Aragón y sus soldados. Entre ellos están Benedicto, señor de Padua inmerso en una constante guerra dialéctica con Beatriz, la sobrina de Leonato, y el conde Claudio, algo tartaja pero enamorado de Hero, la única hija de Leonato. Mediante un engaño consigue Don Pedro que Leonato conceda a Claudio la mano de su hija, mediante un artificio se logra que Benedicto y Beatriz se declaren al fin su amor y mediante un engaño pretende Don Juan, hermano bastardo (en todos los sentidos) de Don Pedro, frustrar la felicidad general que se promete.

Un lío de apariencias, medias verdades y habladurías en el que Shakespeare incluyó algunas reflexiones serias sobre el honor o los celos. La versión 'grostesqué' prescinde de toda seriedad, sintetiza el texto y respeta la mayoría de sus líneas. Es verdad que lo hace para poder bromear con ellas desde la distancia irónica sobre el propio trabajo actoral que el montaje adopta desde el principio, pero es que esa auto-mirada guasona hace que este “Mucho ruido y pocas nueces” sea aún más refrescante. La propuesta juega a la plastilina con el tiempo de las escenas, alargando unas y acelerando otras, juega con la música y las luces, juega con la gestualidad, juega con los guiños al público... Juega, juega, juega. Y ahí está la parte seria de todo el asunto: a pesar de todo el caos aparente, la trama recovecosa no solo se entiende, sino que funciona.

“Mucho ruido y pocas nueces” lleva varias temporadas haciendo reír a públicos de toda España. No es sólo por las virtudes cómicas del texto original o de la versión propia con la que trabaja ni por el divertimento desacomplejado que busca la puesta en escena. Es por el trabajo interpretativo de tres actrices dispuestas al reto de hacer varios personajes, hacer reír y reírse de sí mismas en un ritmo que les da el tiempo justo, y no siempre, para aclararse la garganta y cambiar de voz. Todo que alabar en el derroche enérgico de Elena Lombao, Celia Freijeiro y Tusti de las Heras, espléndidas en la heterodoxia.

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