Ricardo III

CRÍTICA: Hasta el 31 de mayo, en el Teatro Compac Gran Vía


Crítica de "Quince años no es nada"

  • Críticas
  • 07/05/2015 : 8:00
  • Daniel Ventura
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"Quince años no es nada", de Carlos Latre.
En el Teatro Compac Gran Vía de Madrid

Carlos Latre ha metido en su garganta una peculiar y muy mediática historia de España: del Rey a Leonardo Dantés, de Boris Izaguirre a David Bisbal, de Pablo Iglesias a Tamara, que ya no me llamo Tamara que me llamo Ámbar. El público le tiene como referente capital e inapelable de la imitación. Porque lo es: nadie ha jugado ni juega tan bien con los timbres, los gestos y los referentes colectivos para hacer risa de y con nuestra inigualable "fauna". Nadie como él ha vivificado la parodia con la garganta. Nadie tiene esa garganta. Por eso me sorprendió tanto el deslucimiento de "Quince años no es nada", el show autoenciclopédico con el que acaba de llegar a Madrid. ¿Hace decenas de personajes? Los hace. ¿Se ríe la gente? Lo hizo el público del estreno. Y sin embargo el espectáculo, quizás suficiente para los devotos, no le termina de hacer justicia a su talento.

En "Quince años no es nada", Latre propone un viaje por la radio, la televisión y la actualidad españolas que ha retratado durante toda su carrera. Políticos, cantantes, futbolistas, viejas glorias de aquí y de allá y un amplio elenco de esperpentos mediáticos van ocupando el escenario en un caos sin guión que es también un alarde: porque Latre está solo, y solo sale y entra, solo se caracteriza (muy poco, apenas unas cuantas pelucas y alguna que otra chaqueta) y solo consigue que casi todos los personajes sean reconocibles, aunque tengan apenas una línea. No caben más, y ahí está el doble filo en el que se corta "Quince años no es nada": el repaso al fondo de armario vocal es apabullante, pero precisamente la multiplicación de caracteres impide que el show tenga una dirección definida. Lo convierte en un 'totum revolutum' en el que no queda espacio para mimar los detalles (del vestuario, por ejemplo, algo deshilachado), elaborar un poco el humor (sólo una vuelta más, que lo limpie de tópicos y basiqueces) y tejer un hilo que articule los números.

"Quince años no es nada" es una mirada de Latre a su mundo, y me quedo con la duda de cuántos puntos habría ganado el espectáculo si en lugar de la acumulación, hubiese primado la narración. Cuántos si en lugar de la montonera, optara por un relato de risa y nostalgia que habría obligado a una mayor selección y habría dejado ver mucho mejor las cimas de su genio. A lo mejor quince años no son nada, pero dan para mucho, y el showman tiene mochila suficiente para contar, y no sólo apilar, una carrera irreprochable. En el estreno, la función se rompió de verdad en el momento en que, imitando a Nina, al artista le dio la risa. El público tenía sed de eso: algo personal, particular, por encima de la mecánica de la imitación

De los referentes radiofónicos que habitan en la primera imaginación del artista al universo de Chicho Ibáñez Serrador, que estaba en una butaca, anciano y venerable. De la primera tele a las "Crónicas Marcianas" de Sardá. Y de ahí a todo lo demás. ¿No hay cosas que contar? Con toda seguridad, más de las que cuenta este "Quince años no es nada" que termina por ser un catálogo algo mate de una trayectoria, la de Carlos Latre, brillante. Lo digo una vez más: el espectáculo tiene lo suficiente como para hacer disfrutar a quien se siente en la butaca convencido de antemano de que lo va a hacer.

Es Latre, caray, y tiene arsenal de sobra como para no tener que preocuparse nunca más de trabajar una voz nueva. Pero el show, que quiere ser un paso atrás y dos hacia delante, se recrea tanto en el pasado que acaba sin dejar hueco para el riesgo y el reto del futuro.

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