Ricardo III

CRÍTICA: Los domingos a las 13, en La Pensión de las Pulgas


Crítica de "Un disgusto danés"

  • Críticas
  • 27/09/2014
  • Daniel Ventura
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"Un disgusto danés".
"Un disgusto danés".

“Un disgusto danés”, el suspense que Jumon Erra ha escrito y dirige los domingos a la hora del aperitivo en La Pensión de las Pulgas de Madrid tiene un magnífico punto de partida interrogativo: ¿Qué es la amistad para nosotros, hijos o súbditos de nuestro tiempo, y cuáles son sus reglas y fronteras? Toda obra de arte debería construirse sobre preguntas, y no sobre respuestas, así que ésa es la primera virtud del montaje. Después está la elegancia sutil con la que va desenvolviéndose ante el espectador una historia áspera, dura y con salpicaduras de humor, la materialización escénica de aquella cita tan cierta como incierta: “La amistad es la peor de las esclavitudes”. Elena Fortuny y Gretel Stuyck son las actrices que dan vida a las dos protagonistas, dos mujeres tan diferentes que sólo podían ser inseparables. O algo así.

Al final de una jornada en el restaurante que aúna la pasión culinaria de las dos, Olga y Lidia se sientan a la mesa y conversan. Hablan con la intimidad acerada con que hablan las mujeres entre sí, pero se percibe pronto que hay algo más: una cuerda tensa, no se sabe aún si estirada entre las dos o enroscada en torno al cuello de una de ellas. Una enfermedad terminal, un niño problemático y secreto, un padre ausente…y una amistad situada, tan repentinamente como la vida impone, ante una bifurcación trascendental: ser sana o ser enferma. Fortuny y Stuyck hacen un buen trabajo con dos personajes recortados en contraste: ambiciosa, materialista, directa la una; reflexiva, apocada y ensoñada la otra. Fuerte una, la otra frágil. ¿Bondadosa una; mezquina la otra? Sobran nada más que algunas exageraciones muy puntuales en la representación de algunos rasgos de las dos.

El misterio en piezas que Erra ha escrito para el que fue su debut teatral en Barcelona, desliza a la relación por la segunda senda, la amistad como cadena, y demuestra que los lazos elegidos pueden ser tan torturantes como los de sangre. El texto baraja los elementos necesarios para la trama y juega excelentemente con los tiempos de la historia; acaba siendo interesante pero imperfecto: título poco expresivo y engañoso, algunos desajustes en los diálogos y, sobre todo, falta la sensación de que esté quebrándose alguna convención. Su dirección de escena es pulcra y elegante: sensibilidad en el manejo de los detalles y la inteligencia sensible con la que los caracteres de las protagonistas se configuran gradualmente como antagónicos, de manera que el espectador acaba pensando que, al principio de la batalla, es posible que se equivocase en la elección de bando.

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