Ricardo III

CRÍTICA: Hasta el 1 de noviembre, en los Teatros del Canal


Desconocidos íntimos: Crítica de "Las niñas no deberían jugar al fútbol"

  • Críticas
  • 19/10/2014
  • Daniel Ventura
  • 1228 Visitas
"Las niñas no deberían jugar al fútbol".
"Las niñas no deberían jugar al fútbol".

En la conciencia colectiva existen dos sentencias contrarias que pugnan por apoderarse de nuestro juicio sobre las personas envueltas en nuestras relaciones. “Los humanos somos seres predecibles”, afirma la primera; la segunda dice: “Nunca se llega a conocer del todo a nadie”. En el día a día no percibimos que estas dos ideas son excluyentes entre sí, así que nos acogemos a ellas según las necesidades de nuestro estado de ánimo. Sin embargo, y aunque no tengo evidencia científica, me inclino a pensar que la segunda es más cierta que la primera. Me apoyo en la abundancia de casos: desde el me casé con un caníbal al cómo iba yo a saber que le gustaba Georgie Dann. “Las niñas no deberían jugar al fútbol”, la pulcrísima obra que Marta Buchaca ha escrito y dirige en los Teatros del Canal, crea intriga de la buena con los casos cruzados de tres de esos desconocidos íntimos que pueblan nuestras vidas.

Un coche se ha estrellado de camino a Sitges. En él viajaban José, un hombre de cincuenta años, Lidia, una mujer de treinta y Anna, una niña de doce. Los tres permanecen ingresados en un hospital: los dos adultos en coma, la niña sedada. En la sala de espera de la UCI, y esto sí lo ve el espectador, sus familiares se enfrentan a un puzzle. Ni la madre de la niña, ni el novio de la mujer ni la hija del hombre se conocen ni han oído hablar nunca de las otras dos personas. La duda está sembrada y el montaje se levanta sobre ella con una trama bien cosida, en la que cada giro da lugar a una sorpresa verosímil y cada gesto plantea una reflexión sobre nuestras dobleces. La austeridad es su norma, tanto en lo textual como en lo escénico, donde una lona gélidamente blanca, varias sillas y una fuente eléctrica de agua recrean perfectamente el clima de esa jaula de angustias que son las salas de espera de hospital.

Quienes vieron el montaje en Cataluña, donde se estrenó, o en La Trastienda, la sala madrileña en la que se instaló después, han dicho que “Las niñas no deberían jugar al fútbol” habla de la incomunicación en el seno familiar, de los malos tratos, de las ocultaciones sociales. Es así, desde luego, y el mérito grande del montaje es no descarrilar de su condición de suspense empujado por la riqueza temática que la dramaturga catalana ha volcado en su texto. Hay, sin embargo, dos aspectos fundamentales de la obra que no encuentro suficientemente apreciados. El primero es la magnífica construcción que Buchaca hace de la curiosidad crecientemente malsana: desde muy temprano, el ansia de saber, el rechazo de la incertidumbre sobre lo que creían conocer, desplaza todo lo éticamente posible la preocupación por la salud de los accidentados. Se quiere que despierten, sí, pero para salir de dudas.

El segundo aspecto son las iridiscencias optimistas que presenta el texto. No puedo entrar en detalles sobre ellas sin desarmar la trama, pero sí apuntar que los ribetes positivos me parecen una pieza clave, ya que son elemento de contraste, nudo de complejidad y audacia narrativa. “Las niñas no deberían jugar al fútbol” se ejecuta con ritmo de thriller maduro, seguro en los giros y ágil en las transiciones. Acierto de la directora y buen trabajo de los tres protagonistas. Marta Calvó gusta y desespera al mismo tiempo con el personaje de la madre, al que sobran, no sé si sobre el papel o en la construcción, algunos chirridos así como farsescos. Daniel Gallardo llena con solvencia al novio ambivalente y Katia Klein brilla con la frágil fortaleza y la emotividad de esa joven sola, en cuyo desamparo se resumen los efectos de todas nuestras coartadas para no decir la verdad.

Compra entradas para "Las niñas no deberían jugar al fútbol" aquí

Secciones

Espectáculos relacionados

Relacionados