Ricardo III

CRÍTICA: Enero 2013 en el Teatro Lagrada


Desvariaciones (el último puzzle): Las complicaciones de la vida fragmentaria

  • Críticas
  • 02/12/2012
  • Daniel Ventura
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Crítica  de "Desvariaciones (el último puzzle)"
Crítica de "Desvariaciones (el último puzzle)"

El maestro de la destilación que acertase por primera vez a meter la naturaleza fragmentaria de la vida en una palabra tiene ganado, con todo merecimiento, el derecho a estar en el mismo club en el que están el que descubrió América, el que fabricó la penicilina, los que descubrieron el ADN y Bob Dylan. Se le debe, precisamente desde el teatro, un homenaje cariñoso: qué habría sido, sin él, de muchas de las profundidades metafísicas que surcan la teatralidad y le dan una dimensión nueva. Como un intento de homenaje entiendo “Desvariaciones (el último puzzle)”, que la Compañía Estudio 3 ha estado representando en su propia casa y que, los dos últimos fines de semana de enero, trasladará al madrileño Teatro Lagrada.

Evidentemente, la historia (escrita por Nacho de Diego) son muchas historias. En el caleidoscopio humano concebido por el autor está Bruno, un actor con problemas de identidad que se enamora de un hombre mayor que él, René. David Carrasco y Eduardo Campos, los actores que dan vida a ambos, son capaces de dar cuerpo a la complicidad y las inseguridades. Su interpretación flaquea ligeramente, en cambio, cuando llega el momento de sufrir. Bruno tiene a Astrid, una madre pastillera, buena y ligeramente histérica que Paula Vallepuga encarna con solvencia. De Astrid es inseparable Queca, millonaria catoliquísima y aburrida que es el personaje-contrapunto hasta el preciso momento en que sus principios comienzan a disolverse. Arancha García-Ormaechea es capaz de representar con verosimilitud el viaje de su personaje.

Otras dos piezas del puzzle son Horacio, un ‘guiri’ en busca de sí mismo al que Ulrich Hofmann da vida con acierto y Carla, que enfrenta al mismo tiempo una relación enfermiza y una operación de cambio de sexo. Éste personaje es la flaqueza de un texto bueno en general (que tiene, por otro lado, algunas líneas sobresalientes) y la actriz que le da vida, Elena Bilbao, tiene difícil la gestión de la ‘intensidad’ algo sobreactuada, e incluso de las cursiladas, a que le abocan sus líneas. En la neutralización de esas oscilaciones hacia lo cursi juega un gran papel Lolo, la última pieza del puzzle. Es el perro dálmata de Bruno, un acierto de Nacho de Diego para desplazar el foco y arrojar sobre la propia obra una mirada distanciada y más consciente. Marta Rodríguez, la actriz que lo interpreta, está perfecta en el papel nada fácil del perro cínico pero acariñado con sus dueños.

Desvariaciones (el último puzzle)” está viviendo su segunda temporada y, al igual que la primera, dirigida por Agustín Bellusci. Él es el responsable de algunos cambios de estructura y dramaturgia que mejoran mucho la representación respecto de la primera versión. La acción tiene ahora un ritmo mayor, lo que refuerza la idea de puzzle en movimiento como metáfora de la vida; las transiciones se realizan con menos jaleo que entonces y resulta más fácil observar los engranajes de las historias y la idea última de que resulta muy difícil completar el puzzle, porque nunca se sabe cuándo algo o alguien te desbaratará las piezas y te obligará a volver a empezar.

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