Ricardo III

CRÍTICA: Hasta el 2 de noviembre, en la Sala Mirador


El cansancio de un sicario: Crítica de “Las mejores ocasiones”

  • Críticas
  • 23/10/2014
  • Daniel Ventura
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"Las mejores ocasiones".
"Las mejores ocasiones".

En mayo de 1994, cuando se estrenó “Pulp Fiction”, Jordi Casanovas debía tener quince o dieciséis años. Un poco demasiado joven quizás para haber asistido en el cine al despliegue romántico-filosófico-violento con el que Tarantino hizo fortuna, pero lo suficientemente mayor como para que el nombre, la estética y el contenido de la película pasasen por su radar y dejasen trazado un “la tengo que ver”. Gorka Lasaosa tenía entonces unos doce, así que vería la película más adelante, cuando ya tenía estatuto de joya transgresora y el chaval mejores armas para entenderla. Casanovas es el autor de “Las mejores ocasiones”, el texto que Gorka Lasaosa ha montado y dirige, junto a la compañía Niños Malos, en la Sala Mirador de Madrid. Es un ejercicio sobresaliente y divertido de teatro negro, sostenido por un texto redondo, una dirección comedidamente salvaje y tres magníficas interpretaciones.

Ricard Sales es Alonso, un famoso presentador de televisión que está a punto de vivir, en el váter de una estación de tren, el día más jodido de su vida. Ferrán Vilajosana y Eugenio Barona son los prendas que le han comprado el billete para ese recorrido por el dolor y el acojone: dos sicarios de registro antitético pero el mismo fondo maligno, Carrasco y Moreno. Sales no se deja dentro ni un gramo de esfuerzo y mocos para darle cuerpo a las diferentes gamas de terror que experimenta su personaje. Vilajosana, por su parte, hace un trabajo impresionante con su joven matón y hace creíble cada instante el peligro sordo de una bestia (casi) inescrupulosa, traumatizada y drogodependiente. El trabajo de Eugenio Barona, sin embargo, es el que más me caló. Una interpretación contundente y clara, sin respiro ni desajuste alguno, perfectamente hilvanada en los matices del sicario maduro y cansado.

Creo que es en ese Moreno donde Jordi Casanovas, como dramaturgo, puso el mayor esfuerzo de definición. En ese personaje, del que brotan la oscuridad y la emoción, la más seca violencia y las reflexiones más agudas, están condensadas todas las virtudes de un texto inapelable y frondoso: una historia construida con buen pulso y a la que, milagro, no le falta ni uno solo de los elementos de un relato; giros, detonantes y excursus no sólo justificados, sino fundamentales; diálogos como tallados en el lomo de una bala. En el asesino a sueldo al que Barona presta la firmeza de su oficio, su anatomía nervuda y su voz tajante, están todos los elementos que “Las mejores ocasiones” comparte con Tarantino… y su mejora. Porque en el texto no hay ni uno solo de esos alardes esquizofrénicos del americano, y sí la coherencia con una trama sobre el mal ubicuo y la nostalgia (seguro que falsa, pero atractivísima) de un tiempo en que las hostias y la muerte eran cosas personales.

A la dirección de Gorka Lasaosa no hay que atribuirle sólo el mérito de una buena dirección de actores, sino también el logro de que todas las complejidades del texto vuelen rápidas en un montaje ágil, absorbente y rotundo. La escenografía realista y bien acabada de Manu Roca acoge una propuesta de escenas cortas y transiciones inteligentes (cuñas de informativos, música, etc…), un despliegue sensato de salvajismo y negrura, que hace disfrutar con la anatomía inevitablemente espiral de la violencia. No os la perdáis.

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