Ricardo III

CRÍTICA: Mayo en La Pensión de las Pulgas


El paso siguiente: Crítica de "Carne viva"

  • Críticas
  • 13/05/2014
  • Daniel Ventura
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Carne Viva.
Carne Viva.

Era el siguiente paso. Después de pensar que una habitación servía para hacer teatro y después de mover al espectador por tres habitaciones convertidas en tres localizaciones ficticias de una misma historia, tocaba utilizar el espacio todo de La Pensión de las Pulgas para armar una historia que sucede en las tres habitaciones a la vez y que se despliega de forma diferente según por dónde empiece el espectador su recorrido. El paso lo ha dado Denise Despeyroux con la desenvuelta y ácida "Carne Viva", no sólo una experimentación narrativa y no sólo una visión satírica de nuestra crisis, sino también, y sobre todo, una muestra de creación entendida como reto.

Reconozco (este trabajo obliga a veces a tareas desagradables) que estuve atento a cualquier fisura en el constructo de Despeyroux: alguna referencia prematura a algo ocurrido en otra sala, algún personaje fuera de sitio, esas cosas... No encontré nada. Un largo e intenso proceso de ensayos en el mismo espacio donde se iba a representar libra a la propuesta de fallos de ese tipo y le da solidez al juego pensado por la dramaturga y directora: las piezas, habilidad mediante, encajan. La única debilidad del engranaje es la que impone la física en las transiciones: el público tiene que entrar y salir de las habitaciones y esperar un par de minutos mientras se completa el proceso.

Se sirve al público un puzzle curioso: viva usted, tres veces y en tres sitios diferentes, la misma media hora. "Carne Viva" ofrece, pues, lo que para muchos es un sueño: desdoblarse por triplicado para experimentar la realidad simultánea, y no consecutivamente. El desafío narrativo se supera con más éxito aún porque el espectador no tiene que hacer, a menos que le apetezca, demasiado esfuerzo mental para entender la estructura de lo que está (vi)viendo. El mecanismo dramatúrgico, lo más importante del montaje, vive en simbiosis con una historia: la comisaría de Huertas 48, antaño joya de la corona, tiene que alquilar sus espacios o cerrar por mandamiento de la crisis. El comisario Torres, del sólido Agustín Bellusci, opta por lo primero. Y ahí comienza la sátira.

Porque una habitación se alquila a una profesora de baile, Marta Rubio, para que el histérico Hugo, un gran trabajo de Joan Carles Suau, la invasiva Mía , de una fantástica Carmela Lloret, y el inspector Bermúdez, muy divertido Fernando Nigro,  hagan básicamente el canelo. La otra la ocupa una hipnóloga, esa Elvira Campoamor que es el personaje más fascinante del texto y con la que Victoria Facio hace un gran trabajo. Ella ha subalquilado a su vez la habitación a un compañero de profesión, Mario Caballero, tras un austero y cómico Juan Vinuesa, con el que no se lleva bien. Los policías se hacinan en lo que fue el despacho del comisario Torres. Allí (magníficamente ambientada la sala) discuten la oficial Mónaco , bien Sara Torres y el oficial Figueroa , de un solvente Font García.

Imagino que os habréis dado cuenta de que este texto es ya largo y todavía no os he dicho nada de la trama de "Carne Viva". No lo voy a hacer, para no estropearos la sorpresa. El catálogo de personajes hilarantes y extremados que os he descrito dirime un misterio policíaco, diversos traumas familiares y cruzadas historias de amor. Son la carne viva que demuestra que a pesar de todo, siempre hay un paso siguiente.

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