Ricardo III

CRÍTICA: Tres últimas funciones en El Sol de York


La cochina verdad: Crítica de "Los cuatro de Düsseldorf"

  • Críticas
  • 21/03/2014
  • Daniel Ventura
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Los cuatro de Düsseldorf.
Los cuatro de Düsseldorf.

Hace tanto tiempo que los héroes dejaron de ser héroes que ya se nos ha olvidado cómo eran antes de tener novias, reconcomios y debilidades. ¡Hace tanto tiempo desde que les vimos las vergüenzas, apartamos la mirada y optamos, qué remedio, por el antihéroe! Hace tanto tiempo que "antihéroe" se convirtió en palabra comodín que ya no recordamos lo que significa. Hace tanto tiempo de todas estas cosas que hacía falta un Carlos, el protagonista de la notable "Los cuatro de Düsseldorf", para recordarnos cómo viste, cómo habla y cómo se mueve un antihéroe de verdad. Las gracias, a José Padilla que es quien lo ha escrito.

Carlos es el ordenanza (custodio de documentos, se llama él, inasequible a la realidad) de la sede española de una importante empresa alemana. Pero aspira a más: quiere un despacho y un sueldo majo. Hasta ahí, todo normal. Lo raro empieza con la vía que ha elegido para conseguirlo: crear una doctrina de autoayuda y convertirse en su profeta. Es el sincerismo, o decir la verdad de primeras para acabar diciendo después lo que dicen todos esos señores tan sabios a los necesitados de motivación. Un experto de la cochina verdad. En su ascenso a la categoría de iluminado, embola a Amador, a Rocío, la pareja de este y a María, la chica de las fotocopias. Ellos son la disparatada cuadrilla de Düsseldorf.

El valor de la verdad, la ambición, la empatía, el amor, la explotación... Todos esos temas, no precisamente banales, están en "Los cuatro..." sin que deje de ser una comedia certera y grácil. El talento a la hora de contar historias no necesita tirarse el pisto ni anunciar que va a hablar de lo divino y lo humano: desarrolla la acción y, si es buena, lo demás viene solo. "Los cuatro de Düsseldorf" es un texto aquilatado y esbelto, sin un gramo de excrecencia. Lo es también el montaje, con una casi desnuda puesta en escena y una habilísima y fresca dirección: transiciones lumínicas, voces fuera de escenario... Fluidez sin ornamentos.

"Los cuatro de Düsseldorf", a la que quedan tres funciones en El Sol de York, maneja un humor a ratos cotidiano y a ratos absurdo. Se mueve en diálogos veloces, eficaces en la risa, la reflexión y el desconcierto. Los cuatro actores están a la altura del texto y sus sorprendentes carambolas: Mon Ceballos con su business-man progresivamente histérico y Helena Lanza y Delia Vime con los giros de su Rocío y su María. Es Juan Vinuesa quien clava a Carlos, esa creación sobresaliente. El actor halla el tono perfecto para la naturalidad estupefaciente de su personaje ante lo increíble (una forma de absurdo) y crea el ritmo ideal para su desarrollo. Porque un antihéroe no es lo contrario de un héroe, sino sólo un héroe que desvela sus poderes poco a poco.

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