Ricardo III

CRÍTICA: Abril en el Teatro Fígaro de Madrid


La pólvora sigue funcionando (Crítica de “De par en par”)

  • Críticas
  • 28/04/2013
  • Daniel Ventura
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De par en par.
De par en par.

El Teatro Fígaro de Madrid acogió el  viernes el estreno de “De par en par”, una dramedia musical dirigida por Darío Facal (“Las rusas”, que se estrenó el jueves, también es dirección suya) y escrita por Ileanna Simancas, tomando como premisa monólogos escritos por la guionista venezolana Indira Páez. En el elenco, Julia Trujillo, Ana Ruiz, Cuca Escribano, Esperanza Elipe, la propia Ileanna Simancas y David Fernández ‘Fabu’. ¿Por qué un comienzo tan convencional, con lo dado que soy a los preámbulos seguramente innecesarios? Básicamente para ejemplificar lo que voy a decir a continuación: a veces lo más efectivo…es lo clásico, lo arquetípico. Y “De par en par” lo prueba.

La señora de Castrillón es la viuda que no llora su pérdida; Sara, la devora-hombres insatisfecha; Maripaz, la perfecta con sus dobleces; Carmen, la envidiosa con buen fondo; Mamen es Sergio, o era y Graciela es la prima huérfana que llegó y ya. Tomados en conjunto, una familia de esas que muchos llamarían ‘disfuncional’ pero que no es más que una familia más, con los desequilibrios algo acentuados.

Nada demasiado transgresor en el planteamiento de los personajes, y es que la obra quiere funcionar desde el principio, y lo hace, como una comedia arquetípica. Es en esos dos registros, el de la comedia y el del arquetipo, donde consigue sus mejores resultados: algunos diálogos afilados, alguna escena muy bien trabada y algún que otro hallazgo directivo, como introducir el monólogo de Mamen/Sergio en una escena grupal…y decirlo.

Cuando pisa terreno dramático, la función titubea y se espesa. Es seguramente culpa del texto, en el que la mezcla está hecha sin naturalidad, como queriendo compensar la ligereza general de sus líneas con una profundidad que no era necesaria. No es culpa, desde luego, de la propuesta dramática, que funciona fluida y sin fricciones; ni de la puesta en escena, estática pero efectiva y elegante gracias al estilismo y el vestuario de Charo J. Grueso y Amaya Arzuaga.

Tampoco es, en absoluto, culpa del actor y las actrices, que firman una función notable. El primero trabaja bien y valientemente a Mamen/Sergio y las demás hacen lo propio con sus papeles: Julia Trujillo acierta con el registro de viuda libre y madre distraída pero al tanto; Cuca Escribano agranda a un personaje, la perfecta, con bastantes limitaciones; Esperanza Elipe vibra y hace vibrar de odio en la piel de la envidiosa y Ana Ruiz borda la tarea de levantar un personaje netamente sexual y presentarlo después derruido por el alcohol. Ileanna Simancas no desentona dando vida a Graciela.

Sale una función sostenidamente divertida, especialmente cuando quedan sorteados un par de momentos puntuales de típica moralina. Típico no es lo mismo que clásico o arquetípico: lo primero es creer inventar la pólvora y llegar diez siglos tarde; lo segundo, saber que la pólvora está inventada, y utilizarla sin mayor preocupación. “De par en par” demuestra, una vez más, que lo inteligente es lo segundo, porque la pólvora sigue funcionando.

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