Ricardo III

CRÍTICA: Teatro Lope de Vega de Madrid


"Los Miserables", el musical que conmueve el espíritu

  • Críticas
  • 26/11/2010
  • Redacción tat
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"Los Miserables".
"Los Miserables".
Es el musical más longevo de la historia (se estrenó en Londres en 1985). Lo han visto 56 millones de espectadores en todo el mundo. Se ha representado en 42 países y traducido a 21 idiomas.
 
El musical del año. El musical de musicales. No sólo por sus cifras. No sólo por su calidad. Si no por el "calado" que esta historia centenaria ha ocasionado en el público. Fans que han pedido durante años, por todos los medios, incluida una fuerte campaña en Facebook, anoche vieron su "sueño hecho realidad".
 
Ahora comprendemos que Cameron Mackintosh pidiera paciencia, argumentando que la nueva producción que llevaban años acabando, sería revolucionaria en todos los sentidos. Comenzó el espectáculo dentro de un barco de esclavos. Nos pasearon por la calles y fábricas de un barrio obrero, con sus mesones y burdeles. Vimos como un carromato sin control irrumpió la escena, y sepultó a uno de los actores. Sufrimos el miedo de estar tras las barricas. Y nos quedamos petrificados en la butaca cuando vimos “volar” literalmente a Javert, al arrojarse desde un puente.
 
Los miserables es sencillamente impresionante. 
 
Gerónimo Rauch, no puede estar mejor. Jean Valjean joven, maduro y anciano. Es capaz de darle el matiz perfecto a la voz de cada etapa de la vida. 23623 puntos. Ignasi Vidal, no se queda corto. Imprime el temor que debe causar su personaje, Javert,  cada vez que aparece en escena, produciéndo esa sensación amor odio a la que nos tiene acostumbrados con sus difíciles personajes. El resto del elenco arropa inteligentemente a sus protagonistas. David Ordinas proporciona la seguridad. Carlos Solano la comicidad. Enrique del Portal y Eva Diago la experiencia. Guido Balzaretti la frescura. 
 
Pero la gran sorpresa ha sido el cambio que nos ha ofrecido Daniel Diges. Acostumbrados a sus personajes más dulzones, su Enjolras nos transmitió la fuerza y el empuje. Nos inyectó el valor. Nos arrastró a las barricadas, y nos hizo llorar, inevitablemente, en la escena final de la carreta.
 

Al finalizar, el público aplaudía y se secaban las lágrimas al mismo tiempo. Para finalizar, más vale una imagen que mil palabras. He tenido que dejar pasar unos días tras haber presenciado una de las funciones previas de "Los Miserables", porque de mi mente no salían más calificativos distintos a impresionante, sublime, espectacular, magnífico, extraordinario, grandioso, u otros en la misma línea, y aún así sabía que me quedaba corto si quería expresar realmente lo que sentí la noche que me enamoré de un espectáculo. Desde ese día -y han pasado varios-, la canción del pueblo “Sale el sol” habita en mi cerebro y me acompaña hasta cuando estoy haciendo la compra, y en la ducha sale con la misma fuerza con que el personaje de Enjolras que hace Daniel Diges, la entona en la escena final.

¡Qué mezcla de sentimientos! ¡Qué descarga de sensaciones para una pobre alma humana, admirada y postrada a los pies de tanto talento! ¡Qué voces! ¡Qué música! ¡Qué mimo y qué cuidado en la producción! Todo me dejó sin palabras, hasta hoy, en que siento la necesidad de contárselo al mundo. Ya sé que es un musical que cumple 25 años y que vuelve a la Gran Vía de Madrid después de haberse estrenado en más de cuarenta países, que estamos de enhorabuena y que no vamos a descubrir nada nuevo, porque millones de personas ya lo han visto. Pero es una gran oportunidad para quienes no han tenido esa suerte todavía y que como yo pueden alucinar con el musical de musicales. Porque sin duda lo es.

No hay una frase sin música, no hay una letra sin contenido. Una historia que se vive con angustia, rencor, envidia, amor, gratitud, miedo, pasión, horror. Lo dicho, una amalgama perfecta de los sentimientos más extremos que tiene lugar en la Francia de principios del siglo XIX, cuando la pobreza, el pecado o vivir al margen de la ley de entonces, convertía a hombres y mujeres en seres miserables.

Una gran novela de Víctor Hugo y una excelente partitura de Alain Boublil y Claude-Michel Schönberg (nombres que encontré en la Wikipedia) son un excelente material para lucir las voces y la interpretación del mejor elenco que se ha podido reunir para la nueva versión del musical en España.

Por cierto, nadie lo menciona, pero también daría un diez al dibujante del cartel anunciador, un grabado de Cosette niña, que permanece inalterable en el lugar y en el tiempo. En Internet encuentro que es de Emile Bayard (1837-1891) y que sus derechos expiraron. Pero el reconocimiento es eterno, y para este artista, y para todos los que suman su valía al espectáculo, vaya el mío, junto con mi mayor gratitud por conmover mi espíritu de espectador.

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