Ricardo III

CRÍTICA: Julio en el Teatro Lara de Madrid


Los mocos de María Hervás (Crítica de "Confesiones a Alá)

  • Críticas
  • 04/07/2014
  • Daniel Ventura
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Confesiones a Alá.
Confesiones a Alá.

En los mocos de María Hervás, esos mocos que le van llenando la garganta y el hablar, los que ella se sorbe en perfecta figuración de la miseria, hay más teatro que en muchos años sobre las tablas. En su brillar de ojos, llanto o júbilo, hay contenidos mil cursos de interpretación y la osadía para olvidarse de ellos, para actuar sin mochila. En su llanto hay lágrimas y en sus lágrimas hay sal. Salvaje sal, no sal de mesa y entrenamiento. María Hervás no tiene un premio Valle-Inclán (aunque la nominaron), pero tiene/tendrá el aplauso erguido, roto y rotundo del público fascinado que pasó por el TDA y que pasará por el Off del Teatro Lara a ver la soberbia "Confesiones a Alá". No hay vitrina para eso.

Su trabajo con Jbara es irreductible como una selva, por su frondosidad de matices y la densidad de vida que imprime a cada segundo. En la niña que, condenada por un embarazo, sale al mundo y descubre un infierno en círculos concéntricos, Hervás halla la vibración exacta de la miseria y la ilusión, esa mezcla tan triste. En la joven abusada, que usa (o cree usar) la prostitución como cinismo, encuentra la actriz ocasión para perfilar irreprochablemente un dolor de mil sutilidades, cada una más aspera que la anterior. En la mujer para siempre herida por la vida, la que alcanza una especie de lucidez exhausta después de trasegar mil humillaciones, María Hervás desgarra el Comfort y materializa nuestro infierno paredaño.

Su interpretación es monumental: profunda, emocionada y emocionante, extrema, valiente, cumbre. Si consigue removerse así tres o cuatro veces más en su carrera, habrá hecho su leyenda. Al montaje no le ayuda el desangelamiento del Off del Lara, pero la cosa se resuelve bien con una alfombra, una plataforma y un proyector. La inteligencia es eso, y hay que atribuírsela a Arturo Turón. Él es el adaptador y el director de esta novela de Azzadine y también, hay que decirlo, el que ha conseguido que Hervás dé lo mejor de sí y nos saje en el camino. Porque la lectura postrera de la interpretación y del montaje es un esa: un intento de abrir en canal la ceguera sobre la situación de las mujeres allá donde se querría que las mujeres no tuviesen situación.

"Confesiones a Alá" es un texto con aristas sobresalientes y algún que otro abollamiento demagógico, al que le hace mucho bien, por cierto, el cariz descaradamente interactivo que le ha dado Turón, con Jbara tocando literalmente al público. Es una pieza compleja y visceral, tan discutidora de dogmas como discutible, en la que hay un valiosísimo mensaje antifanático, una reclamación de la persona como eje libre y hasta un cierto optimismo. Amargo, pero optimismo al fin y al cabo. Así es el ser humano: se sorbe los mocos y sigue viviendo.

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