Ricardo III

CRÍTICA: Hasta el 2 de noviembre, en Nave 73


Mujeres feroces: Crítica de "La cumbre"

  • Críticas
  • 18/10/2014
  • Daniel Ventura
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"La cumbre"
"La cumbre"

La Abadía de Westminster, esa naturaleza muerta de grandeza británica, guarda los sepulcros de Isabel I de Inglaterra y María I de Escocia. Tudor la primera, Estuardo la otra. Les separan solo unos metros, y no deja de ser irónica esta cercanía póstuma entre dos mujeres que no sólo no llegaron a encontrarse en vida, sino que hicieron lo posible (sobre todo Isabel) para no cruzarse nunca. Tuvieron, eso sí, la intensa intimidad de los grandes enemigos: su ‘juego de tronos’ marcó en buena medida la mitad del siglo XVI inglés. “La cumbre”, una obra escrita y dirigida por Fernando Sansegundo que está representándose en Nave 73, se atreve a metabolizar toda esta rencilla regia y femenina y también a jugar a los contrafactuales. El resultado es un montaje quizás un poco envarado, pero de texto impecablemente armado, bien interpretado y atractivo en su reflexión sobre el poder.

El texto de Fernando Sansegundo traslada a un marco contemporáneo la historia batalladora de las dos mujeres: ya no son Isabel I y María I, sino Isabel Sánchez Tudor y María Fernández Estuardo; ya no son reinas, sino directivas de dos grandes corporaciones; ya no pelean por una corona, sino por el control de un Consejo de Dirección, por la imposición de su criterio empresarial, por la primicia sobre un nuevo cauce de negocio. La pirueta temporal es grande, y grande también el esfuerzo que el espectador debe hacer para meterse en la trama. Si la cosa funciona es porque el cogollo no cambia: Isabel y María siguen siendo mujeres y siguen siendo poderosas. Y siguen luchando. Sansegundo inventa un encuentro entre las dos, o más bien varios, en los que van desgranándose batallas económicas y operaciones financieras, pero también, y sobre todo, recuerdos, rencores y complejos. En suma, una relación.

Creo que el montaje tiene su línea de flotación en una idea: la ferocidad femenina como impulso adquirido en el tortuoso camino hacia la cima. Ésa es su idea clave, pero no la más interesante: no es ni la más original ni la más perspicaz. Además del detallismo con el que Sansegundo ha llevado a cabo la mudanza de las biografías de las dos protagonistas a nuestro tiempo, sin que un solo detalle de dos vidas complejas quede sin encaje (desde la frigidez a los amantes, desde la fe a los descreimientos), lo mejor de “La cumbre” es la habilidad con que el autor teje dos vidas a través de diálogos intensos y afilados. Las “conversaciones secretas” a las que hace referencia el subtítulo de la obra tienen el ritmo preciso para que el interés no decaiga y una muy lograda carga de veracidad, la que logra que el espectador no abandone un momento la espiral dañina de las dos mujeres.

Es de justicia apuntar que, sin el trabajo de Noelia Benítez y Pepa Gracia, el texto de “La cumbre” probablemente habría quedado como un buen ejercicio de escritura, sin posibilidades escénicas. Exigente con el espectador y lastrado en ocasiones por un excesivo peso de la lectura histórica de Sansegundo, las dos actrices rescatan sus múltiples y variadas virtudes con dos interpretaciones notables. Benítez va al detalle de una María Estuardo que poco a poco pierde sitio y contacto con la realidad, pero que sigue luchando, y caminando, como una reina. Gracia compone una Isabel Tudor distante y borde, que acosa a la otra con denuedo. En ese personaje, gracias al trabajo de la actriz, es donde más claramente se aprecia la fibra feroz de dos mujeres que, al parecer, no tuvieron más remedio.

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