Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida

CRÍTICAS: 23 de Julio en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida


Rafael Álvarez "El Brujo" invoca al espíritu de Esquilo en Mérida

  • Críticas
  • 23/07/2018
  • Redacción tat
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Rafael Álvarez "El Brujo": "Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia"
Rafael Álvarez "El Brujo": "Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia"

Crítica de "Esquilo. Nacimiento y muerte de la tragedia".

Versión, dirección e interpretación: Rafael Álvarez "El Brujo".
Producción del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y la Compañía de Rafael Álvarez “El Brujo
Autor del texto, Esquilo.
Música en directo de Javier Alejano.

Festival internacional de Teatro Clásico de Mérida
Del 18 al 22 de julio

Crítica de Susana Inés Pérez

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, dirigido en la actualidad por Jesús Cimarro, se celebra este año entre el 29 de junio y el 26 de agosto y cuenta con nueve obras de temática grecorromana en las que, como de costumbre, participan numerosos rostros conocidos del teatro, el cine y la televisión.

El pasado miércoles 18 de julio, Rafael Álvarez "El Brujo" estrenó Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia en el Teatro Romano de Mérida y yo tuve la suerte de asistir a la penúltima función de esta obra el sábado 21 de julio. El actor, un habitual de los festivales de verano, comenzó su andadura en el Festival de Mérida a mediados de los años noventa como protagonista de La dulce Cásina y Anfitrión y, ya como actor solista, volvió para presentar El evangelio de San Juan, La Odisea y El asno de Oro en los años 2009, 2012 y 2013 respectivamente.

Para crear este nuevo espectáculo, "El Brujo" dice haber estudiado obras de corte filosófico como "El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música", de Frederich Nietzsche, y "La muerte de la tragedia", de George Steiner, que enlaza, durante la representación, con fragmentos de tragedias como "Los persas" y "Prometeo encadenado", de Esquilo, o "Edipo Rey", de Sófocles. Fiel a su estilo, y siguiendo los pasos de su admirado Dario Fo, el actor, o más bien juglar, es el único autor, director e intérprete del espectáculo y se convierte, por momentos, en un conferenciante que expone sus tesis sobre la tragedia.

Entro en el Teatro Romano y se respira magia. En el escenario, una mesa con libros y pergaminos y el músico Javier Alejano, rodeado de varios instrumentos. El Brujo comienza la representación refiriéndose a los allí presentes como “este público que me lo permite todo”. Toda una declaración de intenciones. Aunque la narración dramatizada del mito de Edipo ocupa la mayor parte del espectáculo, el actor, como de costumbre, salta de un tema a otro, intercala mitos, reflexiones, anécdotas, sueños y alusiones a textos de todo tipo con referencias a la manada, Pablo Casado, Pedro Sánchez, Telecinco o la película 2001: Una odisea del espacio. “¿Y qué tiene que ver esto con la obra? ¡Pues nada!” o “Se me va el texto… ¡y estoy mejor!”, dice en varias ocasiones mientras el público ríe a carcajadas. Quien ya conozca la fórmula de "El Brujo" reconocerá el repertorio de sus chistes de siempre, y, aun así, reirá.

Solo "El Brujo" es capaz de tratar un tema como la tragedia con humor, manteniendo al público en vilo durante dos horas, y de relacionar, según le convenga, a pensadores, pintores, dramaturgos, filósofos, literatos y obras de siglos, culturas y contextos dispares sin caer en la falacia. El actor, casi predicador, tiene un mensaje que difundir y explicar: la tragedia sucede cuando el hombre pierde la conexión con el espíritu, cuando se deja llevar por el instinto dionisiaco, por el desenfreno y la desmesura. Para aportar humor a este mensaje o tesis nos presenta a Sileno, fiel acompañante de Dioniso, como un personaje borracho, regordete y bobalicón, difícil de olvidar.

"Esquilo, nacimiento y muerte de la tragedia" es un montaje provocador en la era de la tecnología, de carácter didáctico y espiritual, que incluye referencias a la cultura clásica hindú, a la meditación y a sus últimos espectáculos sobre místicos, especialmente a "Autobiografía de un Yogui". El Brujo recita fragmentos del "Rey Lear", de Shakespeare, y poemas de Santa Teresa de Jesús, menciona los grandes poemas épicos griegos y el "Mahabharata". En definitiva, monta un batiburrillo muy bien pensado para demostrar que todos los clásicos plantean las mismas preguntas. “¿Quién soy yo?”, “¿es el hombre libre o está predestinado?”, declama mirando al cielo estrellado.

El actor alterna sketches facilones e insustanciales tipo stand-up comedy con este tipo de reflexiones profundas y existenciales; habla de la inmortalidad del alma, que trasciende al hombre, y, aprovechando sus dotes para la enseñanza, desarrolla el pensamiento de Heráclito o los conceptos de mito y anagnórisis, y propone analogías disparatadas cuando compara a Corinto y Tebas con Extremadura y Castilla-La Mancha. Y, como dice hacia el final del espectáculo: “¡El que lo coja, que lo coja ya!”.

"El Brujo" relaciona a Dioniso, dios del vino, con su padre, que “le daba, le daba” y crea un universo de personajes alcohólicos, como ya lo hacía en Misterios del Quijote. Asimismo, en varias ocasiones, deja de lado los parlamentos en griego y los estudios y los temas eruditos para convertirse en cómico popular, como él mismo se ha denominado en varias ocasiones, y describir a los personajillos de su pueblo o contar historias de su infancia; el cura que parecía decir “con Conchita Montes” es ya un clásico en los monólogos de su repertorio. El espectáculo es también un homenaje a los suyos, entre los que también encontraba la sabiduría: “Hablo de lo que conozco”, dice.

Para "El Brujo", la tragedia nos revela el sentido de la vida, nos conecta con el espíritu y nos conduce a la luz, a la claridad, tal y como le sucedió a Edipo, que, paradójicamente, quedó ciego; la tragedia ya no existe, es visceral e intuitiva, como el viejo Tiresias, ciego y adivino; para el actor, aquel ciego de nacimiento del evangelio de San Juan que logra recuperar la vista es también una metáfora del conocimiento y el despertar espiritual del hombre.

Los momentos claves de la obra coinciden con el cambio de posición de "El Brujo", que deja el pequeño escenario rectangular a modo de proscenio para situarse en el terreno arenoso del Teatro, frente a las imponentes columnas, donde recita, frente a un público embelesado y en el más absoluto silencio, fragmentos claves del Edipo. Los focos blancos sobre este terreno, idea del iluminador Miguel Ángel Camacho, crean un ambiente mágico mientras invita al espectador a saborear el lenguaje de la tragedia.

Por otro lado, el actor reconoce los límites del lenguaje frente al tema existencial y la emoción. Ya al principio del escenario nos adelanta esta idea a través de la música en directo. Además de acompañar su narración de cánticos y bailes, a ritmo de flamenco, jazz o salsa, le pide a Javier Alejano que vuelva a tocar “esa nota”. Hacia el final del espectáculo, un saxofonista salta a escena, toca desaforadamente y se va. “¿Qué ha pasado aquí?”, dice. Y es que la música llega allí donde las palabras no llegan. Para terminar, suena el himno de la alegría: todos los reunidos en el teatro somos uno, todos buscamos lo mismo. El público se pone de pie y aplaude a rabiar.

Rafael Álvarez "El Brujo" es único en su especie. Lo lleva demostrando mucho tiempo viajando de un lado para otro con su repertorio de monólogos, adaptándose a todo tipo de públicos. Les invito a que, si tienen la oportunidad, vayan a verle. Pásense también por el Festival de Mérida. A pesar del calor, merece la pena vivir el evento, visitar los museos y las ruinas romanas, disfrutar de la gastronomía extremeña, presenciar los espectáculos de calle y, cómo no, admirar la belleza del Teatro Romano. "El Brujo" ya lo ha hecho, y seguro que lo volverá a hacer.

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