Ricardo III

CRÍTICA: 30 de octubre, en los Teatros del Canal


Respirar, recordar, bailar: Crítica de "An Old Monk"

  • Críticas
  • 31/10/2014
  • Daniel Ventura
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"An Old Monk".
"An Old Monk".

“An Old Monk” trata de certificar que todo aquel que dice “Yo no bailo”, miente. No lo hace por la vía fiscal ni por la vía evidente, claro, sino mostrando que el baile, o más que el baile la música y el movimiento de los cuerpos, no son en sus primeras acepciones ni disciplinas regladas ni mera diversión. Son expresión de libertad y vida y son, por lo tanto, tan insustituibles como una respiración. La obra que se estrenó ayer en los Teatros del Canal, en el marco del Festival de Otoño a Primavera de la Comunidad de Madrid, es mucho más que un monólogo, mucho más que un concierto y mucho más que un homenaje a Thelonius Monk. Es un atrevimiento del dramaturgo, director y actor belga Josse de Pauw, que alea sin ortodoxias la música, el movimiento y la palabra para hablar, al final, del hombre. Una propuesta peculiar (en el registro más elogioso), exigentemente entretenida y con momentos brillantes.

El más brillante, y creo que también el más bello de una propuesta inetiquetable, es el pasaje en el que el protagonista danza dentro y sobre un rectángulo de luz, las suelas cargadas de cal para ir marcando cada paso, para dibujar la coreografía caótica, sí, pero libre también, del hombre maduro que enfila la senectud y terriblemente se aburre. Es bonito por su eficacia sencilla para representar el sueño o la imaginación, esos sitios donde todo se nos mueve más ágil y menos tímido. Es brillante porque dice de manera sencilla la idea fundamental: que bailamos porque estamos vivos y para bailar, para movernos, estamos vivos. Esta escena llega más o menos mediada la función, que tiene en su discurrir cronológico la única mota de orden: juventud, madurez, vejez. Todo lo demás es (trabajada) espontaneidad.

Josse de Pauw se mueve libre por el escenario, rodea al Kris Defoort Trio que le acompaña en escena, sacude la cabeza, marca el ritmo con el pie, alza los brazos o se retuerce de ritmo. Hace lo que hacemos todos cuando escuchamos una canción que nos gusta, es decir, que hace que está solo. Y después interpela al público, balbucea un par de cosas en español y cuando quieres darte cuenta, tú, espectador, estás participando en el coro de una tan risible como amarga “Canción del Enfermo”. Todo ha pasado de forma fluida, natural y apenas has notado, en la interpretación sin escudo del belga, el contraste entre el tono álgido, exagerado de su voz cuando habla por encima de la música y las exquisiteces quedas que pronuncia cuando las notas están calladas y al acecho de una oportunidad nueva para desplegarse selváticas. La actuación de De Pauw tiene matices y aplomo, pero lo mejor suyo es el texto.

“An Old Monk” es un ejercicio de melancolía que se hilvana a sí mismo en recuerdos y funciona como espejo en el que verse las arrugas. Un texto sencillo y notable, plagado de ideas luminosas y un cínico optimismo. A pesar de la energía de su protagonista, o de la electricidad del jovencísimo batería del trío de músicos, es inolvidable desde el título que quien habla al patio de butacas es “un viejo monje”. Y por eso el texto termina de esculpir el argumento: vivir es respirar y es bailar, pero también es recordar, con moderación. En “An Old Monk”, a veces la sencillez resulta subversiva, un caballero hace memoria de su vida y de sus bailes, en medio de la floresta siempre sorpresiva de la música de Monk. No entendí el final, esa sucesión demasiado larga de fotografías, pero lo vi con otros ojos después, cuando un amigo me apuntó que quizás fuese precisamente un discurso silencioso sobre la memoria y su pérdida. Por si acaso, no nos mintamos y bailemos mientras nos queden fuerzas.

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