Ricardo III

CRÍTICA: 27 septiembre en el Teatro Coliseum de Madrid


Sonrisas, lágrimas, buenas voces y aplausos

  • Críticas
  • 27/09/2012
  • Redacción tat
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"Sonrisas y Lágrimas", un musical de éxito desde que se estrenó en 1959 en Broadway.
"Sonrisas y Lágrimas", un musical de éxito desde que se estrenó en 1959 en Broadway.

Un día de estreno, un teatro copado, una copa de cava, un telón en lo alto, un gran elenco, un buen decorado, son cosas simples que me hacen feliz… (Es imposible escribir esta crónica sin ponerle música, cuando acabo de salir del Teatro Coliseum de Madrid donde se estrena Sonrisas y Lágrimas, un clásico de los musicales que llega en formato de gran producción).

Sigo canturreando en mi cabeza: Do, dominio de la voz (Impecable el de la protagonista María, Silvia Luchetti, y la madre abadesa Noemi Mazoy). Re, repaso el que nos da (Carlos Hipólito en su papel de Capitán von Trapp, que además nos sorprende cantando con gusto y afinación). Mi, mi Julia es la mejor (Por la chiquitina Julia del Mar que es una Gretl la mar de simpática). Fa, familia espectacular (Por todos los cantantes de la familia Trapp, que forman un coro armónico que es un verdadero placer poder escuchar). Sol, solemne representación (En general, la de todo el reparto, bajo la dirección de Jaime Azpilicueta). La, latiendo el corazón (Por una historia clásica que sigue provocando emociones y una música que, bajo la batuta de Julio Awad, se hace imperecedera). Sí, sí quiero repetir. Y otra vez ya llega el do, do, do, do.

Adiós, adiós, lo siento ya me voy. Y no quisiera, porque es un placer estar sentado frente al frescor de las montañas austríacas, efecto que produce al espectador una buena escenografía de Ricardo Sánchez, junto con la correcta iluminación de Carlos Torrijos, que consiguen con facilidad transportarnos a un tiempo en el que coexistían personajes tan dispares como el ama de llaves Frau Schmidt, el repartidor de telegramas, Rolf, y el amigo-tío Max. Tres papeles que desarrollan con gran desparpajo Trinidad Iglesias, Paris Martín y Jorge Lucas.

La música envuelve y da vida a estas montañas en las que podemos sumergirnos durante unas horas. Y son las voces angelicales del coro de monjas dirigidas por Noemi Mazoy, las que nos hacen subir hasta sus cimas en busca de la libertad. Allí se mezclan las risas y las lágrimas, y es en la cumbre donde se encuentra la felicidad, aunque sea efímera. Tan corta como lo que dura esta canción, aunque siempre podemos volver al do, do, do.
 

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