Ricardo III

CRÍTICA: Hasta 15 de mayo en el Teatro del Barrio


Trastienda transfronteriza: Crítica de “Bazar”

  • Críticas
  • 10/05/2014
  • Daniel Ventura
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Bazar.
Bazar.

Una sociedad no avanza en una cumbre del G-loquesea. Tampoco en las sesiones de un Parlamento, ni en las reuniones de banqueros. Una sociedad avanza, o mejor, va definiéndose, en un día normal tras otro día normal tras otro día normal. Una sociedad se crea cada día, evoluciona o involuciona, en millones de tiendas a la vez. Y en millones de trastiendas. En esos polos mínimos se juega el drama o la comedia del día a día. En una de esas trastiendas, la de un bazar en Lavapiés, nos mete “Bazar”, la obra que se estrenó el miércoles en el Teatro del Barrio. Montada ya varias veces, esta versión tiene como novedad que es su autor, David Planell, quien la dirige. El resultado, notable: “Bazar” es una comedia tan divertida como penetrante. Y muy bien escrita.

Es uno de esos textos tan bien engranados que resulta difícil de desarmar para contarlo sin destriparlo malamente. Para evitar ese riesgo, no saldré de la generalidad. Antón, un macarra de Lavapiés, tiene el plan perfecto para sacarse un dinero sin demasiado esfuerzo. Necesita la ayuda de Rashid, pero éste no está muy por la labor. Además, ninguno de los dos cuenta con que Hassán, tío de Rashid y dueño de la tienda en la que transcurre la acción (la escenografía la recrea con mucha efectividad) tiene sus propios planes para conseguir dinero: triunfar en Youtube con un vídeo de caídas. Ya ha grabado uno, que tiene a Anton como protagonista. Pero parece mentira, de tan real, así que hay que grabar otro y la cosa estará hecha. Comienza entonces una verdadera odisea, contada con el ritmo preciso por Planell, en la que nada acabará siendo lo que parecía ser.

Bazar” no es solamente enredo. Su pilar, de hecho, son tres personajes muy bien dibujados, que tienen varias dimensiones y que interactúan con sentido entre sí. Son tan reales que hasta lo parecen, y en eso tiene mucho que ver el buen trabajo interpretativo de Rodrigo Poisón, Edu Ferrés y Raúl Jiménez. Éste último, más allá de algunos deslices con el texto (atribuibles a los nervios del estreno), plaga de verosimilitud al macarra cambiante que piensa obsesivamente en el dinero. Edu Ferrés me convenció con su Rashid: muy metido en el personaje, y no sólo por el cuidado acento. El personaje más interesante, con todo, es el de Hassán y Rodrigo Poisón destaca con él. Con habilidad y solvencia, alejado de cualquier exageración o adorno, hace un trabajo magnífico con un personaje complejo, que exige capacidad para crear matices.

En definitiva, “Bazar” es un complicado engranaje de género indefinible. ¿Comedia? Evidentemente, hay muchos y muy buenos elementos cómicos en esta disparada historia en la que tres hombres se ven envueltos en un plan absurdo. ¿Drama? Por supuesto. Porque ese plan absurdo se complica (casi siempre se complican esos planes) y los tres hombres acaban enfrentándose no entre sí, sino a sí mismos. ¿Compromiso, mensaje, moraleja? También. Porque “Bazar” es una reflexión serena, y divertida, que se puede, sobre las raíces, la integración y, especialmente, sobre la identidad. Un notable montaje transfronterizo que habla de hombres transfronterizos.

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