Ricardo III

CRÍTICA: Hasta el 21 de diciembre, en la Sala Mirador


Una propuesta esencial: Crítica de "Granos de uva en el paladar"

  • Críticas
  • 13/12/2014
  • Daniel Ventura
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"Granos de uva en el paladar".
"Granos de uva en el paladar".

“Granos de uva en el paladar” es una propuesta esencial, tanto en su factura como en sus preguntas. Susana Hornos y Zaida Rico lo estrenaron hace cuatro temporadas en Buenos Aires y desde entonces lleva lanzando a la platea, dicho aquí como síntesis de sociedad, su búsqueda y su incomodidad. El montaje que llegó el jueves a la Sala Mirador de Madrid, y que ira después a otras salas en Cataluña, Valencia y Alicante, es por lo tanto un montaje maduro, que tiene la fluidez de las cosas rodadas. Pero es también un espectáculo por fin completo, sentimental y dramatúrgicamente hablando. No se puede decir que llegue a España, sino que regresa, porque de España toma el cancionero y la luz, porque en España suceden sus dramas y porque a España, que tiene tristemente pendiente esa tarea, va dirigida su idea de abrir las zanjas y dignificar los huesos indignamente asesinados.

Es probable que los cuentos de Susana Hornos que constituyen la base textual de la obra funcionasen mejor en su forma original, pero son tres historias de innegable fuerza dramática y no menos fuerte carga emotiva. Lo son, además, sin necesidad de adornarse con nada. La historia de Chusa y Paco, ese matrimonio deshecho por el divorcio republicano y forzosamente reunido por el franquismo, no necesita ninguna cenefa para ser historia de amor, enseñanza sobre el papel de la mujer y retrato del dolor que causan las morales estrechas. La de Adelina, cocinera de cárcel y revolucionaria de lo cotidiano, tampoco precisa ningún adorno para levantarse como radiografía de la represión y metáfora sobre lo imprescindible de la rebeldía. Tampoco la historia de Miguel y Luis, dos niños fusilados por su amistad tras la tapia de un cementerio necesita nada para hablar de la sinrazón, del olvido y de la búsqueda.

No es sólo que las tres historias dibujen uno de los trayectos ideales de cualquier obra artística: de lo pequeño a lo universal; es que todos sus elementos tienen una pureza que acaba siendo espejo, en el que confrontar nuestra historia y nuestros desaciertos. Ésa es, me parece, la operación importante de “Granos de uva en el paladar”. Más allá del trabajo empático de Lorena Carrizo, Maday Méndez, Ana Noguera, Susana Hornos y Zaida Rico dando vida a los diversos personajes. Más allá incluso de la escenografía austera, precisa y preciosa, como de un atardecer que no termina de descolgar, o de la pertinente puesta en escena, en la que hay mucha inteligencia para lo simbólico y mucha intuición metafórica. Más allá de eso está la cuestión que ya no es ni siquiera política sino moral: ¿Hasta cuándo los muertos en las cunetas? ¿Hasta cuándo las heridas sin cerrar? ¿Hasta cuándo el tabú sobre nosotros mismos y nuestro pasado?

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