Ricardo III

CRÍTICA: Los Lunes en el Teatro del Arte


Virtudes y defectos de la confesión: Crítica de "Ángeles"

  • Críticas
  • 16/03/2014
  • Daniel Ventura
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Ángeles.
Ángeles.

Los lunes, el director Israel Criado transforma el Teatro del Arte de Madrid en una iglesia. Los cálices, los atriles, las vidrieras y el olor a incienso rodean al espectador de ambiente eclesiástico y recogido. Le convencen. Así comienza la representación de “Ángeles”, un texto basado en Padre Pedro, del prolífico José Ignacio Serralunga que Criado dirige y que interpretan Jaime Reynolds y Fede Rey. Es la primera producción propia de la sala en la que se representa, y la magnífica ambientación es sólo la primera prueba del cuidado extremo que han puesto en cada detalle. El resultado es un montaje notable, que sabe explorar las profundidades en las que se mueve el texto sin perder ritmo dramático, que pone sobre el escenario una historia humana, sin miedo a todo lo que eso tiene de luz ni a todo lo que tiene de sombras.

Cuando acaba la misa, comienza la realidad. El Padre Pedro guarda la sotana y se dispone a leer, mientras Dante, el sacristán, limpia los cálices. Hablan de una cosa y de otra, qué tal tu mujer, hay que buscar un electricista, llévate a lavar los manteles… pero por las costuras de lo cotidiano va filtrándose una oscuridad que acabará imponiéndose. El abnegado Dante, que dedica buena parte de su tiempo al cuidado de la parroquia, necesita confesarse, contarle a su párroco el detalle de algunos sueños que le asaltan últimamente. Comienza así una batalla campal de sentimientos, en la que ninguno de los dos hombres es lo que parece. De su combate oral y de su lucha física se desprende una urdimbre de malos actos, culpabilidades y mentiras de la que no son, a pesar de las apariencias, solamente víctimas. Ángeles, la mujer de Dante, podría dar más detalles. Pero no aparece.

Y es un acierto que no lo haga, porque su ausencia extrema un texto potente y hábil que, a mí me lo parece, reflexiona en realidad sobre la culpabilidad y las maneras de no afrontarla. ¿Qué es la confesión, sino una excusa? Hay una enorme inteligencia en el desarrollo de la acción dramática y en unos diálogos sobresalientes, dotados de profundidad, violencia y acertadas pinceladas de humor negro. Hay dos personajes de trazo soberbio, matizados hasta la complejidad, que Reynolds y Rey interpretan con acierto. Dante es un hombre impulsivo, sencillo, sin aspiraciones intelectuales; el Padre Pedro tiene cultura y tuvo ambición, le persiguen algunas frustraciones infrecuentes. Son diferentes, pero en realidad iguales: ninguno de los dos cree poder escapar de sí mismo y ya ni siquiera lo intentan. Así, con coartadas de confesionario, perpetúan el problema.

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