Ricardo III

CRÍTICA: Re-estreno 8 noviembre en el Teatro Nuevo Alcalá


Yes, we Spain is different: Humor que no frunce el ceño

  • Críticas
  • 09/11/2012
  • Daniel Ventura
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No hace mucho tiempo que leí, en una de las revistas culturales punteras de este país, una entrevista a uno de los humoristas punteros de este país. En varios puntos, el entrevistador agradecía al entrevistado que no hiciese humor con la política. Hemos de suponer que el entrevistador se sonrojaba y le golpeaba cariñoso en la rodilla, o así. Porque los dos parecían aceptar la premisa de que la política es un tema de mal gusto. No son los únicos que lo piensan, porque esto de la política como tema intocable para el humor parece cosa bastante extendida. Me parece torpe, porque la sátira es hoy quizás más necesaria que nunca, pero allá cada cual con sus esnobismos. El caso es que la rebeldía, y todo humor debe ser rebelde para ser, consiste en llevarle la contraria a los dictados del tiempo propio. Extendida la idea de que humor y política son excluyentes, cabe encenagarse de política y de actividad. Es lo que hace Carlos Latre en la nueva entrega de “Yes, we Spain is different”, que se representa estos días en el Teatro Nuevo Alcalá de Madrid.

La política es el hilo conductor del show: un Presidente Rajoy desesperado ante la presión de la seca germanidad de Merkel, urde un plan desesperado que pasa por recabar el apoyo del recién reelegido Barack Obama. Cuenta con el apoyo de la maquiavélica Esperanza Aguirre y del siempre leal Montoro. También cuenta el Presidente con la distracción de la Oposición, que bastante tiene con gestionar su hundimiento y buscar soluciones, a cual más peregrina, para reflotar al PSOE. Para que todo tenga éxito en la recepción al presidente americano, Rajoy cree que el país debe quedar libre de los espantajos mediáticos que la pueblan, desde Belén Esteban a Carmen de Mairena, pasando por Pocholo, Jorge Javier Vázquez, Carmele y toda la troupe. Encarga la misión al personaje más apropiado para obtener el éxito en todo aquello que se propone: José Luis Torrente.

Como cualquier lector avezado ha podido ya barruntar, este hilo conductor, orgullosamente absurdo, es también plenamente consciente de su valor meramente instrumental. Lo que importa en “Yes, we Spain is different”, en la forma y en el fondo, es la maravillosa habilidad de Latre para forjar en su garganta, sin que medien vaso de agua o gargajo alguno, un elenco de más de un centenar de personajes. Y lo que es más importante: para lograr que el público los reconozca desde la primera palabra que pronuncian. Ésa es la habilidad determinante de Latre, la que lo diferencia de los demás y lo convierte en el mejor imitador español…¿de los últimos años?... ¿De las últimas décadas? El personaje está ahí desde el segundo cero, y no es sólo la voz, porque Latre sabe explotar también de modo sobresaliente la gestualidad, pero es fundamentalmente la voz.

El espectáculo de Latre no tiene demasiados elementos de novedad ni voluntades transgresoras de la forma, no tiene grandilocuentes aspiraciones ni aspira a explorar insondables profundidades. Es, nada más y nada menos, que un espectáculo de humor. Un espectáculo de entretenimiento consciente de sí mismo. El que piense que eso le resta calidad es tan torpe como los gafapastas de los que hablé sin nombrarlos en el primer párrafo. La maestría de Latre convierte la función en algo apabullante. Los recursos técnicos, que juegan muy hábilmente con el videomontaje, la animación y la música, no hacen otra cosa que vigorizar el trabajo del imitador, del cómico, del showman. Es una verdad asentada que el humor, en general, tiene que hacer esfuerzo doble para alcanzar consideración decente. Otra rebeldía, la definitiva, de Latre es romper esta sentencia: poner a toda una platea en pie con su capacidad para hacer reír.
 

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