El premio más valioso

Cuando uno empieza a trabajar en el teatro, irremediablemente sueña con trabajar en legendarios escenarios con solera e interpretar los personajes más granados del infinito universo teatral. Si además uno se dedica al musical, el proceso es exactamente el mismo. Siempre digo que yo he sido un hombre muy afortunado, pues el teatro me ha dado muchísimo más de lo que yo le he dado y jamás le podré dar.

Nunca he soñado con recibir premios. De hecho siempre he creído que los premios no tienen mucho sentido en una profesión, en la que cada día que pasa estoy más convencido que no cabe la competencia. Ningún premio es justo, pues el teatro no es una competición deportiva, sino una suma de voluntades creativas. Entendiendo pues, que los premios no son más que un mal necesario que visten mucho, hinchan el ego, pero poco ayudan a crecer si se les toma muy en serio.

En todo caso, si existe un premio en el teatro, ese no es otro que subirse al escenario a hacer lo que amamos y que esta actividad nos permita vivir con dignidad. Ese sí que es un premio, sobre todo, en una profesión en la que según los datos que maneja la Unión de Actores, el paro afecta a un noventa por ciento de la profesión (y es de suponer que estos datos sólo recogen el cómputo de los afiliados a la U.A. Hay muchos actores que no están afiliados y no todos están trabajando). Por lo tanto, yo que tengo la suerte de trabajar en estos momentos, me puedo dar por premiado en la categoría de “actor con trabajo”. Y si tenemos en cuenta que el teatro ha sido el sustento económico para mí y para mis hermanos en nuestro hogar paterno, será sencillo entender, que me sienta profundamente agradecido al Dios Apolo (si hay un Dios, estoy seguro que es éste).

Hace unos cuantos años, en 1.998, llegué a Madrid para integrarme en el elenco que el desaparecido Luis Ramírez eligió para lo que, en un primer momento, parecía un prometedor y rompedor montaje para conmemorar el veinte aniversario del estreno del Musical “Grease”. Aquello quedó en agua de borrajas, pero para mí supuso tres cosas: en primer lugar, estrenarme en el género musical que sin duda ha sido el que más satisfacciones me ha aportado. En segundo lugar, conocer a un talentoso grupo de personas (ese fue para mí el gran valor de Luis Ramírez) con quienes, en muchos casos, mantengo una relación de amistad, Pablo Puyol, Javier Arrollo, Marta Ribera, Luz Nicolás, Carlos Marín, Geraldine Larosa, Víctor Ullate, Enrique Sequero, Lisardo Guarinos, María Blanco, Armando Pita, Gregor Acuña, Isabel Vázquez, Diego Molero, Sonia Dorado, Chus Herranz… En un solo musical se reunieron muchos de los nombres que han encabezado los carteles de los que se produjeron en los siguientes diez años. Y en tercer lugar, pisar por primera vez, el que sin duda ha sido mi Teatro talismán y mi escenario más querido, que no es otro que el Teatro Lope de Vega de Madrid.

A partir de ese montaje en el Teatro Lope Vega, en una carrera que ha tenido sus altibajos pero que insisto, me ha dado más satisfacción que desdicha, empecé mi incursión en un género que no conocía en profundidad, salvo algunos títulos como "Jesucristo Superstar", "Rent" o "Los Miserables" y tal vez porque en aquel momento eran los únicos títulos que conocía, siempre decía que si alguna vez pudiera participar en alguno de esos tres musicales, daría mi carrera por buena.

Cosas de la vida, acabé participando en los tres.

Sería difícil decir cuál de ellos me marcó de una manera más decisiva, pero el caso es que de los tres aprendí mucho sobre la capacidad de sacrificio con el objetivo de dar lo mejor de mí y crecer como actor en la medida de lo posible.

Sin embargo, debo decir, que a pesar de creer que si un día Webber no hubiese compuesto "Jesucristo Superstar", el musical moderno no sería lo que es, así como la revolución que supuso "Rent", en lo personal, fue decisivo para encarrilar mi carrera, "Los Miserables" ha sido sin duda el montaje más importante a nivel profesional en el que he trabajado. También fue en el que más he sufrido a nivel actoral (Gero recordará mis inseguridades en las primeras semanas de ensayos hasta que vi la luz y las siete pruebas durante las audiciones interminables en el 2010) pero a la vez, profesionalmente, me abrió muchísimas puertas en los apenas diez meses en los que el show estuvo en el Teatro Lope de Vega (de ahí lo de talismán, pues sobre sus tablas también estuve en "Jesucristo Supertar", además de "Spamalot" y "Grease").

Pero al margen de lo que profesionalmente aportó a mi carrera "Los Miserables", en el plano personal, el haber tenido la suerte de interpretar a Javert, tiene un valor imposible de calcular. La satisfacción de estar en un espectáculo que es una bomba de emociones contenidas, dentro de una historia magnífica, con una partitura tan maravillosa, es algo inenarrable, y por esa razón, cuando el 18 de Marzo de 2012, bajó el telón de "Los Miserables" definitivamente, una profunda sensación de desamparo se adueño de mí durante unas cuantas semanas.. Sólo la grabación de mi disco, que fue intensísima, pudo mitigar la ausencia del alma de Javert dentro de mí: Ese personaje en el que habité hasta comprender la esencia de su drama, sin juzgarle o más bien, amándole.

Por eso cuando hace unos días, la productora Stage Entertainment , me propuso la posibilidad de volver a calzarme las botas del inspector Javert, a pesar de conocer la dureza que implica llevarlas con dignidad, no me lo pensé dos veces.

Estoy feliz de poder anunciar aquí, en mi blog en Teatro a Teatro, el mismo desde el que me despedí de "Los Miserables" públicamente hace algo más de un año, que formaré parte, por segunda vez, del maravilloso reparto que a partir de octubre, emprenderá una ambiciosa gira por el territorio nacional. La más grande y sobre todo la más maravillosa (por su universal historia, por su rotunda y bella partitura y por su capacidad de emocionar) de todas las que se hayan mostrado en nuestro país, con el aliciente de que algunos de los escenarios en los que se representará la historia de Jean Valjean, están entre los más importantes del panorama teatral.

Una vez más, cabe destacar la valentía de Stage Entertainment, en los tiempos que corren, por haberse decidido y atrevido a llevar de gira el musical más importante de todos los tiempos, para acercarlo a muchos aficionados al teatro musical que, por múltiples y variados motivos, no han tenido la ocasión de desplazarse al West End londinense o a Madrid o Barcelona en su momento, para ver esta leyenda convertida en musical. Tal vez esto sí merezca un premio, pero por parte del Ministerio de Empleo y Asuntos Sociales, pues la cantidad de gente que trabajará y se beneficiará de una gira como esta es uno de los grandes valores de todo este tinglado.

Termino.

Como decía al principio: El teatro me ha dado mucho más de lo que jamás podré aportarle yo y como muestra un botón. Volveré a ser Javert.

Esto sí es un premio, al menos para mí, el que más valor tiene.

Salud, amigos.

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