Forever Young

Ignasi Vidal

El pasado martes, por fin, después de varios intentos fallidos por razones personales, pude acercarme al Teatro Poliorama para ver el musical Forever Young.

Muchos son los comentarios que había escuchado sobre el montaje, de toda índole, Buenos, no tan buenos, excelentes (es el caso de mi madre que vio el montaje un par de semanas antes que yo), no tan excelentes… lo normal en este complicado mundo del teatro: Sabido es que nunca llueve al gusto de todos.

Diré por otra parte que no tengo ninguna intención de hacer un análisis detallado de lo que vi el martes, no soy crítico de teatro ni pretendo serlo, ni siquiera soy poseedor de un criterio fiable y antes de dedicarme a algo así sería mejor que me pusiera a vender castañas en una parada en la calle, ocupación, por otra parte tan admirable como cualquier otra.

Seré sincero: me cuesta mucho ir al teatro como espectador. La verdad es que no encuentro un motivo que justifique mi pereza a la hora de sentarme en una butaca. Me pasa lo mismo con el cine. No sé si es por el hecho de pasarme los días trabajando en un teatro o porque me crié correteando entre bambalinas y camerinos. Lo cierto es que del Teatro lo que realmente me atrae es el olor. Sí, el olor a madera vieja, carcomida y el siempre particular ruido de la madera antigua cuando es pisada. Estos dos hechos sensoriales me transportan a un pasado muy lejano que a causa de la lejanía en el tiempo lo observo borroso hasta parecer tocado por un aire místico, legendario, onírico. Por desgracia, teatros como en los que yo me crié quedan bien pocos.

Sin embargo cuando puedo, normalmente con el pretexto de ir a ver a un compañero o a una compañera, me siento en una butaca.

Como dije el pasado martes me senté en una butaca del Teatro Poliorama.

¿Qué es lo que vi?

Creo que Forever Young no pasará a la historia del Teatro. En realidad después de encenderse las luces de la sala, una vez concluida la función, no tenía muy claro si lo que había visto era una alegato contra la tiranización de la sociedad sufrida por los que ya no son capaces de producir para ésta o si simplemente se trataba de encadenar una serie de canciones del Pop de una forma simpática y desenfadada y sobre todo económica, porque si algo queda claro en este musical es que Forever Young es un musical anti-crisis (se monta con un piano y dos sofás) que por no tener no tiene ni siquiera una estructura dramática clara. Pero lo curioso del caso es que no la necesita. Este extraño divertimento no necesita nada de lo que necesitan las grandes producciones que desde hace años llenan las carteleras de nuestro pais. Sólo requiere buenos actores y actrices y de eso Forever Young anda sobrado.

Sobrecogen las interpretaciones de todo el reparto desde el mismo instante en que el primero de ellos pone el pie en el escenario. La minuciosidad con la que han trabajado sus personajes, en algunos casos roza la maestría (es mi humilde opinión)

Todo actor conoce o debería conocer la complejidad de tener que ponerse en la piel de un anciano. La gran dificultad radica en que los actores trabajan desde la propia experiencia. Es decir que cuando uno interpreta a un anciano sin serlo, debe “imaginar” esa experiencia y por ello el gran peligro es recurrir al estereotipo y caer de esta manera en las siempre poco elegantes garras de la generalidad, obviando lo específico, dejándolo de lado, olvidando así el matiz. A ninguno de estos maravillosos actores les sucede nada parecido. Son absolutamente convincentes y veraces. Son específicos.

Y aquí voy a hacer un aparte, porque creo que la ocasión lo merece.

En 1998 me fui a Madrid a trabajar por primera vez. Fue en el Musical Grease. Allí coincidí con Armando Pita, uno de los integrantes de Forever Young. Ya entonces Armando tenía algo muy especial. No era bailarín pero tenía gracia, no era un gran cantante y sin embargo tenía una poderosa voz y entonces era un joven actor que aun andaba buscando su propia manera de expresarse, sin complejos, como buscábamos también el resto de los que integrábamos aquel reparto. La cosa es que a mí siempre me llamó la atención ese extraño carisma de hombre común que pocos actores tienen y que él ha desarrollado durante todos estos años. Aquella fue la única vez que coincidí con él sobre el escenario.

Debo decir que en mi opinión, Armando Pita se supera a sí mismo montaje tras montaje. Cada vez que lo veo trabajar pienso que es mejor actor que la vez anterior que lo vi y esta vez no podía ser menos. Verle en escena en Forever Young provoca simplemente placer. Es de esos actores que consiguen que me olvide de mi profesión y me convierta así en espectador-fan.

Lo mismo me ocurre con Jacobo Dicenta. Cuando le veo, haciendo lo que sea, pienso que el Teatro o te sale del alma o es mejor que lo dejes. Jacobo cumple con aquella máxima del fútbol que dice que el balón se debe jugar fácil y con la cabeza alzada para ver la mejor opción de pase; y que correr, se debe correr lo justo, sólo para volver a recuperar el balón. Así pues, el Teatro es fácil para él. Tiene un aire de actor de leyenda y posiblemente lo acabará siendo, tal vez sea porque parece haber sido diseñado para el escenario como Messi para el terreno de juego (perdón por el uso reiterado del fútbol como símil pero es que me va al dedillo)

Su trabajo en Forever Young es delicioso. Es sin duda el abuelo que todos querrían tener (aunque al mío no lo cambiaría por nada en el mundo)

Hubo algún momento en que pensé que él ya había llegado a experimentar realmente cómo es ser un anciano antes de trabajar en Forever Young, por lo que en el futuro ya se podría ahorrar el duro tramite de envejecer, de modo que sería bueno que le pidiese una moratoria a la madre naturaleza para quedarse siempre en su edad actual.

De Dulcinea Juarez diré simplemente que me parece la mejor actriz de musical de este país. Cualquier cosa que hace la hace bien. No sé si es mejor actriz que cantante o mejor cantante que actriz y la verdad, eso me importa bien poco. Tiene todos los registros imaginables, como cantante y como actriz. Estoy seguro que nadie es capaz de perder mejor y con más dignidad una pierna de madera como ella lo hace.

La viejita romántica de María Adamuz es tan adorable como el viejo que interpreta Dicenta. Hace algo realmente difícil pues no parece esforzarse en su trabajo dándose tiempo a que aparezca la verdad hasta que ésta se presenta como si hubiese estado ahí desde el principio de los tiempos, así lo hacen las buenas actrices y ella demuestra que lo es. Además su expresividad en este montaje revela una candidez mezclada con una determinación que en un momento puntual, que no desvelaré, te atrapa el corazón al quedar limpia y clara una mirada cristalina y auténticamente antigua. Parece que sus ojos se detienen por completo ante una catarata interna de recuerdos. Así creo que debe ser la vejez. Así lo veo yo.

Y finalmente Rubén, aquel que debiera estar en todas las compañías para que nunca surgieran problemas. Siempre al servicio de la escena, nunca preocupado por tener el foco, porque no lo necesita, éste va a él sin querer, le ilumina, aunque no diga una sola palabra. Su corazón es tan sano y noble en la vida como en la escena y por eso consigue esa verdad escénica. Es maravilloso, sencillamente maravilloso el medley que interpreta con una precisión digna de quien le dirige.

Estos tipos de Tricicle, una vez más, demuestran tener un ojo único para elegir. Cualquier cartelera donde veáis su nombre es una invitación para entrar porque ese nombre es sinónimo de calidad, buen gusto y diversión.

Así pues, salí del teatro con la sensación de que mis compañeros me habían enseñado algunos secretos de esta extraña y caprichosa profesión. No sentí eso que se siente tan comunmente cuando ves algo que te gusta y crees que podrías llegar a hacer, lo que llamamos la envidia sana, sino que sentí puro agradecimiento por la entrega y la honestidad con la que estos buenísimos intérpretes desempeñan su trabajo. Y es que eso es lo que el espectador busca al sentarse en una butaca: Honestidad.

Si aún no habéis visto Forever Young no debéis perder la oportunidad de hacerlo. Y si lo habéis hecho pensad en regalar entradas de Forever Young a vuestros seres queridos. Seguramente, es el mejor regalo para hacer estas navidades.

Salud amigos.

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