Geronimo Rauch, una delicatessen

Ignasi Vidal

Una fría mañana del mes de Diciembre de 2007, me desperté y desayuné entre dudas y algo abatido. La razón era la marcha de Miquel Fernández de "Jesucristo Superstar".

A Miquel no sólo me unía una estrecha relación de amistad (mucho más que amistad) también me unía un lazo artístico que quedaba patente en la entrega que ambos poníamos en todas las funciones que noche tras noche mostrábamos al público. Por ello, la marcha de Miquel de ese montaje me ocasionó una serie de dudas que aquella fría mañana me envolvían en una maraña de pensamientos negativos. Entonces sonó el interfono de mi casa. Era Zenón Recalde. Zenón, compañero entonces en "Jesucristo Superstar", como casi cada mañana durante aquella época, venía a trabajar en un guión para una película que empezamos y nunca acabamos a pesar de estar muy avanzado (tal vez deberíamos volver a echarle un vistazo a ese guión).

Lo normal aquellos días, cuando nos encontrábamos los que aquella producción integrábamos, era empezar hablando de la marcha de Miquel, que al que más o al que menos le preocupaba ya que suplir a un artista como él, en un papel tan complejo como el de Jesús, podía resultar un problema hasta para una empresa del calibre y de la experiencia que atesora Stage. A mí, egoístamente, lo reconozco, sólo me preocupaba la parte artística del problema, pues estaba casi convencido de que el cambio de cromos iba a perjudicar gravemente al montaje y de ser así, no estaba seguro de querer seguir embarcado en tal proyecto. Entonces, como el que no quiere la cosa (lo recuerdo como si fuera ayer) Zenón, conocedor de mis cábalas, dijo :
-Yo tengo un amigo en Buenos Aires que es una "animal". Te voy a mostrar un video de Youtube de un montaje semiprofesional que se hizo en Argentina.-
y a continuación dijo- Mi amigo es el que hace de Jesús-
Y entonces pasó algo que modificó por completo mi estado de ánimo en cuestión de segundos.
Zenón me mostró en la pequeñita ventana de Youtube al "animal " de su amigo cantando "Everything is alright" de "Jesucristo Superstar". Mi cara cambió desde la primera nota que escuché salir de la garganta del desconocido “animal” . Cuando llegó el Si del final de la bella frase con la que el personaje de Jesús concluye su cariñosa reprimenda a Judas, que en la voz de ese "animal" sonaba ancho como una columna jónica, no tenía duda alguna: ese era el tipo que debía ocupar el lugar que Miquel Fernández dejaba vacante.

No escribimos una sola palabra de nuestro guión aquella mañana porque en lo sucesivo del día, vimos una y otra vez las escenas del misterioso amigo de Zenón en esa producción argentina que prácticamente se podía ver completa en la red.

Como ya habréis adivinado el “animal” no es otro que Gerónimo Rauch. Su voz, como a cualquiera que le escuche, me cautivó desde la primera nota que escuché saliendo de esa poderosa garganta. No era tanto su facilidad para conseguir registros imposibles lo que me fascinó como su color y expresividad, de una honestidad que revestía de verdad infinita cada palabra que salía de su boca. Por eso, desde ese momento, como si de mi objetivo principal en la vida se tratase, me puse manos a la obra para que ese tipo argentino tuviera al menos la opción de ser escuchado para sustituir a Miquel. Para ello llamé a Marc Álvarez, director musical del montaje en Madrid y le pedí que viera el video. A los cinco minutos me llamó tan admirado como yo lo estaba y me dijo que trataría de hablar con los de “arriba”. Los de “arriba” resultó que ya conocían la existencia de Gero desde hacía tiempo, así que no tuve que insistir demasiado para que valoraran la posibilidad de traerlo para hacer una audición.

Pasados unos días, Gero venía a España a audicionar entre otros que aspiraban al papel, y con todo el respeto que merecen los que en aquella audición se dieron cita, pues todos eran voces de incuestionable calidad, la justicia divina, que en este caso era el dedo de Stephen Rayne, hizo que Gero volviese a Buenos Aires para preparar su equipaje y arreglar un sinfín de papeles para venir a trabajar a España. Como él decía en su monólogo en Póker de Voces: -"llegué a España con una maleta cargada de sueños"-.

Se olvidó de decir algo: también cargaba en esa maleta una cantidad tremenda de talento.
Mucho se dijo entonces por parte de algunos, en un arranque de trasnochado patriotismo, sobre la necesidad de contratar a un artista extranjero habiendo tantos en el país capaces de desempeñar el papel (yo no creo que hubiera tantos, pero eso es cuestión de opiniones). Incluso se llegó a especular con un supuesto plan, por parte de la productora Stage, de traer a actores argentinos por el simple hecho del origen argentino de su directora general (este falaz argumento también se difundió tras la elección de Gerónimo para dar vida a Jean-Valjean. Como veis cretinos hay en todas partes).

El tiempo, sin embargo, juez que otorga y quita razones (como diría un ilustre periodista deportivo de tiempos pretéritos) se ha encargado de demostrar dos incontestables verdades : La primera, que en labores artíticas, por suerte, no existen las nacionalidades. Los artistas son ciudadanos de un planeta llamado Arte. Por ello no responden a las identidades nacionales que el arbitrario mundo de los países y las banderas nos impone sino que sólo responden a necesidades de expresión que subyacen de lo más profundo de nuestro instinto atávico. Lo segundo, que la decisión de la productora Stage Entertaiment de traer a Rauch a España no se trataba de un capricho, sino de una obligación. También si lo queremos de un lujo, pues haberle visto en cualquiera de los papeles que ha interpretado desde que llegó a nuestro país se trata de una delicatessen que a partir de Junio se deberá ir a degustar en los exquisitos escenarios Londinenses, de donde no creo que regrese más que para pasar sus vacaciones. Hasta me atrevería a decir que haber traído a Gerónimo Rauch a España se trata del mayor acierto artístico de esta productora teatral, pues demuestra que es capaz de detectar el talento allá donde se encuentre y si el papel lo exige, no repara en esfuerzos para hacerse con los servicios de quien sea.

He querido escribir esto sobre alguien cuyo trabajo admiro, estrictamente desde mi óptica personal, no tanto por el hecho de su futuro estreno en el West End Londinense, algo sobre lo que ya se ha hecho eco la prensa por lo que cualquier cosa que yo aportara resultaría redundante (lo único que quiero decir al respecto es que no me sorprende lo más mínimo pues puedo asegurar que yo sabía que esto iba a suceder desde que le conocí) sino por el hecho de poder presumir de haber compartido escenario con este sensible y humilde artista.

Él y yo sabemos hasta qué punto nos hemos entendido en el escenario y puedo afirmar sin rubor que he disfrutado de su arte como compañero en cada segundo que he pasado junto a él sobre las tablas. Como actores siempre hemos representado los roles del gato y el ratón ("Jesucristo Superstar", "Los Miserables") y aunque nos encanta simular una cainita competencia por el foco, él sabe que cuando se vaya a tierras británicas me voy a encontrar algo solo y menlancólico aunque también sabe que estoy orgulloso y feliz de lo justa que ha sido la vida con él, porque Gerónimo Rauch, mi amigo, mi hermano, es sin duda la más increíble y sensacional voz que se ha escuchado en un teatro de este país. Cameron Mackintosh lo vio, lo reconoció y se lo lo llevó.

A veces la vida pone las cosas en su justo lugar y Gero estará en el suyo, allá, en Londres, en el olimpo de lo musicales.

Break a leg Gero, te lo has ganado.

Salud amigos.
 

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