La estupidez

Regresa "La estupidez" esta vez a los Teatros Luchana. Sólo Un texto de Rafael Spregelburd y dirección de Fernando Soto. Con Toni Acosta, Fran Perea, Javi Coll, Ainhoa Santamaría, Javier Márquez. Producción de Feelgood Teatro

Escenas de la entropía moral

En el cementerio central de Viena hay una tumba rara por su inscripción. Sobre la lápida blanca, por encima de los nombres de los huesos ya en polvo y sobre un busto ennegrecido por las lluvias, hay una fórmula: “S = k W log”. Me podéis creer o no, pero esa ecuación habla de irreversibilidad y probabilidades, de caos y termodinámica, de cómo vamos hacia la nada a través de capítulos de energía disipada. La tumba con los signos es la del físico austríacoLudwig Boltzmann, el primero en darle forma legible a una noción matemática compleja: la entropía. No sé por qué salí pensando en eso del estreno de “La estupidez”, en las Naves del Español. O sí lo sé: el texto de Rafael Spregelburd ha trasladado a lo moral la ecuación de Boltzmann. Es decir, que nos vamos haciendo nada, humo banal, a través de capítulos de estupidez indisimulada. Fernando Soto ha dado forma a un montaje largo, estimulante, irregular y/pero magníficamente interpretado.

En “La estupidez” no hay un solo rasgo de normalidad, si vamos más allá de la textura realista que tiene el motel diseñado por Elisa Sanz con gran acierto. No la hay en la forma, pues Spregelburd ha construido su dramaturgia en la hibridación de materiales y lenguajes dispersos, unas coordenadas creativas peculiares que hacen de la parodia el marco en el que caben el misterio, la ciencia, la reflexión y, sobre todo, la crítica transversal del “sistema”. No la hay tampoco en el contenido, en ni uno solo de los veinticuatro personajes que habitan las historias entrecruzadas de la obra. La ironía, la distancia e incluso la sorna, pero casi nunca la crueldad, empapan la construcción de la pareja de estafadores artísticos, del trío de policías homosexualizados, del científico que quiere mantener su descubrimiento a resguardo de la idiotez, de la mujer separada solo físicamente de su marido, del hedonista que maltrata a su hermana discapacitada…

Son habitantes, no transeúntes, de una road-movie sin carretera y sin desplazamiento. Porque se mueven en círculos, en torno a su miseria y con sus atuendos campy (excelente trabajo de la vestuarista Arantxa Ezquerro), apercollados por el deseo longaniza de hacerse ricos, o simplemente de tener dinero. A un lado la punta de decepción porque una poética compleja como la de Spregelburd vaya a dar en una crítica tan apegada al convencionalismo anticapitalista, lo más justo es señalar que las virtudes del texto como tal (su apuesta creativa, su catálogo de personajes, la inteligencia de los diálogos) podrían ser problema escénico y no lo son en el montaje de Feelgood Teatro. Fernando Soto, el director, ha afrontado la frenética parálisis de la historia y sus personajes imponiendo al montaje una velocidad extrema que por momentos deja sin resuello la atención del espectador. Como en las grandes obras de El Bosco, la prolijidad de escenas y personajes puede saturar tanto como maravillar.

Las dos cosas hace “La estupidez”, un engranaje teatral que juega con la simultaneidad y lo aleatorio de un modo que me recordó a la “Carne viva” de la también argentina Denise Despeyroux. Un mecanismo, el del montaje, que se eleva gracias a un trabajo actoral excelente. Los cinco integrantes del reparto se multiplican en personajes, muchas veces sin apenas tiempo para cambiar de registro, y logran que ni los personajes ni las situaciones se desdibujen. Toni Acosta, Javi Coll, Fran Perea y Javier Márquez han interiorizado plenamente la comicidad de absurdo en que ha de desarrollarse la acción. Pero Ainhoa Santamaría va un paso más allá y ofrece un auténtico recital interpretativo, de lo desternillante a lo amargo, de la soledad a la histeria, impecable siempre. Es uno de sus personajes, creo, el que dice una línea mucho más clave que el dinero: “Algunas personas no son lo suficientemente inteligentes para darse cuenta de lo infelices que son”. Y siguen ciegos su camino.

Compra aquí tus entradas para "La estupidez"

Facebook Comments
Etiquetas

La estupidez

La estupidez
'La estupidez' es una obra del autor argentino Rafael Spregelburd que versa sobre la fragilidad de la inteligencia en los tiempos que corren.

La estupidez es una obra del autor argentino Rafael Spregelburd que versa sobre la fragilidad de la inteligencia en los tiempos que corren.

Lo hace con formato de road-movie (road-theatre en este caso) y a través de un grupo de personas que intenta hacerse rica en Las Vegas: dos criminales que quieren vender un cuadro antiguo robado antes de que se borre por completo; un método matemático para ganar a la ruleta relacionado con la temible ecuación matemática que encripta el secreto del Apocalipsis; la mafia siciliana que fabrica una nueva estrella del pop y unos policías motorizados que viven una intensa historia de traiciones. Todo esto ocurre al mismo tiempo. Y en Las Vegas.

La estupidez representa, de manera grotesca y desmesurada, la codicia y el poder del dinero como valor absoluto de una sociedad fragmentada, disociada, que ve solamente el valor monetario en todo lo que la rodea. La parodia y la crítica subyacente se extienden a toda la sociedad y a sus instituciones. ¿Qué? ¿Te gustaría pasar una noche en Las Vegas?

Intérpretes:
Fran Perea
Toni Acosta
Ainhoa Santamaría
Javi Coll
Javier Márquez

Dirección: Fernando Soto
Autoría: Rafael Spregelburd
Compañía: Feelgood Teatro
Escenografía: Elisa Sanz
Iluminación: Juan Gómez-Cornejo
Vestuario: Arantxa Ezquerro
Música y Espacio sonoro: David Angulo
Producción: Feelgood Teatro

Facebook Comments