Londres

Ignasi Vidal

Voy en el Gatwick express que me lleva desde Victoria station al aeropuerto de Gatwick después de pasar dos inolvidables días en Londres, en el momento en que decido escribir esta pequeña crónica. Iba a hacerlo desde la comodidad del hogar una vez llegado a Madrid pero no he podido esperar. Quiero compartir este momento con los amigos que visitáis mi blog pues escribir lo vivido en estos dos días mientras contemplo el paisaje que a modo de película en 3D me presentan las ventanas del tren me inspira de un modo especial.

En primer lugar os diré que vine a Londres para ver Les Miserables puesto que aún no lo había hecho. Tal vez haya alguien que piense que es raro que precisamente yo que estoy interpretando a Javert no hubiera visto nunca el show. Las veces anteriores que he estado en Londres no tuve ocasión pues no es fácil conseguir entradas y cuando conseguí mi papel en Los Miserables, preferí no verlo hasta después de estrenar el show para tener el mínimo posible de referencias. Con el libro me bastaba para acercarme a la atmósfera de la época y sobre todo a la psicología del personaje.
Pero empecemos por el principio.

Llegué el domingo por la mañana junto a Alfonso Casado, director musical de la versión española de "Los Mis" (así es como los ingleses llaman al show, "Les Mis", de forma cariñosa) e inestimable compañero de viaje.
Nada más llegar y debido al frío que hacía decidí entrar en uno de esos gigantescos almacenes de ropa para comprarme un gorro. Una vez cumplida la misión y con la cabezada protegida del frío, fuimos a comer a un bonito restaurante en Kensingtown. La comida no es el fuerte de esta bella ciudad pero sí la cerveza que aunque aquí la toman más caliente que nosotros, cierto es que suele tener un cuerpo contundente. El domingo transcurrió entre paseos por la ciudad (Waterloo square, el Borought Market, Picadilly…) y más cerveza en las innumerables tabernas, que como obras maestras de un museo, colman las calles de Londres. Un Kebab y a dormir pues me esperaba el plato fuerte de mi viaje al día siguiente. Por la mañana, la catedral de St. Paul, la Tate gallery (donde me reencontré con la serie "Estudio de la Crucifixión", de Bacon, que hace años me hipnotizó en el prado).
Por la tarde "Les Miserables". Antes un paréntesis.

Cuando te das un paseo por Londres y ves esos teatros con sus imponentes marquesinas te das cuenta de por qué millones de personas al año visitan la ciudad para ver esos espectáculos como si fueran en peregrinación a un lugar sagrado. Los ingleses tratan su industria teatral así, como si se tratara de algo sagrado, desde el envoltorio hasta la calidad escénica y sobre todo la artística. En eso nos llevan más de medio siglo de ventaja y salvo algunas excepciones como "Los Miserables", "Sweeney Todd" o "Avenue Q", por ejemplo, rara vez podemos gozar de ese cariño en los Shows que presenta nuestra cartelera, frecuentándola cada vez más, textos "excusa" muy mediocres para colocar canciones de cantantes o grupos famosos que sirvan como reclamo para el gran público (no sé qué significa exactamente esta expresión). Algunos de nuestros productores, neófitos en la materia, creen que al público no le importa la calidad de lo mostrado si es ameno y se ríe. Eso es tratar al espectador de forma irrespetuosa. Espectáculos como Avenue Q o Los Miserables, por suerte, han desmontado esta teoría. El respetable no es tan poco exigente como ellos creían.
Sigo.
Chris, nuestro 2º de dirección y director residente de la compañía en Londres, me esperaba en la entrada de artistas para presentarme a Norm Lewis, el Javert de la compañía de Londres y que podéis ver en el concierto por el 25 aniversario de Les Miserebles en el O2.

Me sorprendió que un actor con su currículum, de tan extraordinaria maestría escénica, se mostrara nervioso por el hecho de que yo fuera a ver la función. En realidad, yo sí que estaba nervioso como si fuera yo el que tuviera que salir a escena. El caso es que una vez saludado a los actores, me senté en mi butaca del Queen’s Theatre a ver Les Miserables.
Aunque parezca mentira, ya que yo hago ese show todas las noches, lloré. Lloré en el prólogo, lloré en Stars, lloré, por supuesto en el café ABC, con ese magnífico Enjolras, lloré en el cándido dúo de amor entre Cossette y Marius, lloré al final del primer acto en plena revolución del pueblo y me tiré prácticamente todo el segundo acto con la mirada húmeda hasta llegar a pensar que algún espectador de los que tenía alrededor me llamaría la atención por no poder controlarme, hasta que al final, cuando el pueblo muerto en las barricadas sale a arropar a Val Jean, muerto ya, en el momento en el que por fin es libre después de tanto padecimiento en vida, di gracias a Dios (si es que este existe) por permitirme formar parte de algo tan maravilloso como Les Miserables y llegué a la conclusión de que yo soy una persona infinitamente afortunada por estar donde estoy. A mí, el Teatro me lo ha dado todo sin darle yo nada a cambio, y eso es algo que no debo olvidar nunca, especialmente cuando tengo la suerte de pisar diariamente el sagrado escenario del Lope de Vega para vivir un rato como Javert. En El Queen’s había una parte de mí en el escenario y eso me hizo sentirme inmensamente afortunado y feliz.

Después, junto a Chris y Norm, el extraordinario Javert que a todos recomiendo ir a ver si no lo habéis hecho ya, fui a cenar a uno de esos exclusivos clubs Londinenses donde tienes que ser socio para disfrutar de un buen menú y de un ambiente típicamente inglés, con esa mezcla decimonónica y actual que sólo los ingleses consiguen combinar con éxito. Allí estuvimos charlando ampliamente sobre Les Mis, sobre Javert, por supuesto y sobre el teatro en general, en la que sin duda fue una de las veladas más entrañables de mi vida. Este Norm Lewis, os aseguro que como persona es mejor, si cabe, que como actor, lo cual es realmente difícil.
Después, al hotel.

Ahora, mientras escribo esto de camino al aeropuerto, tengo la sensación de que todo fue un sueño maravilloso. Miro por la ventana otra vez y veo que aún estoy en Londres y me digo "No, fue así, fue verdad. Tu deber es volver ahora a Madrid y disfrutar de la suerte de poder ser una noche más Javert".
Allá voy.

Abrazos a todos.

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