Los Miserables somos todos

Ignasi Vidal

Ya. La máquina más perfecta de la historia del Teatro Musical está a punto, engrasada. Hoy empezará su rodaje. "Los Miserables" echan a andar y así llevarán emoción y sentimiento allá donde se represente.

Empecemos por el principio.

Cuando se tiene algo que decir, subir al escenario es mucho más gratificante. Contar esta historia, en la que dentro del choque de dos mundos contrapuestos, se suceden historias cotidianas de supervivencia, cada una con su matiz pasional diferenciador, es un regalo para un artista. Pero también encierra una amplia dificultad. El cuidado extremo que el director de la propuesta, Chris Key, pone en cada detalle, nos exige ser muy específicos en nuestro trabajo. No sólo al equipo artístico, también al técnico. Por ello, el nivel de concentración no puede relajarse. Trabajar de esta forma implica mucho más desgaste, pero a la vez, el resultado, es más auténtico y conmovedor.

Para que dicho resultado sea óptimo, contamos y vuelvo al principio, con el tesoro de la historia escrita por Víctor Hugo. Agarrarse a ella, a los minuciosos retratos físicos y psicológicos de los personajes de la novela, enmarcados en la perfecta descripción de lugares, es siempre el mejor recurso del que disponemos los que pisamos el escenario para no perder el hilo creativo. De este modo, puedes llegar a sentir que formas parte del devenir histórico que entronca directamente con el talento de su autor. Eso es un orgullo y a la vez una gran responsabilidad que sólo con el compromiso podremos corresponder.

Cuando se habla del éxito de este espectáculo y del por qué lleva tantos años en cartel en Londres (28 cumplió el pasado 8 de octubre) no debemos olvidar la partitura compuesta por Claude Michel Schönberg. La combinación de esta música, que de perfecta que parece, a veces, uno acaba pensando que proviene de algún lugar sagrado, junto a la historia de Víctor Hugo, componen un tándem que difícilmente será igualado, y ya no digamos superado. De eso se dio cuenta Cameron Mckintosh, el mejor productor del mundo. Su olfato así lo demuestra.

Es muy probable que dentro de trescientos años, ésta sea la única obra de nuestros días en su género que siga representándose y de ser así, casi seguro que se hará con el mismo vigor y la misma pasión que en la actualidad. Porque cuando hablamos de "Los Miserables", no hablamos de un simple musical, ni siquiera del mejor musical o del espectáculo de teatro más visto de la historia, sino que hablamos de lo que ya se considera un fenómeno cultural, una obra icónica cuyo cartel, con la cara de la niña Cossette, se ha convertido en un tótem de nuestra era.

Y así lo vivimos y lo contamos los que estamos dentro de este espectáculo, conocedores como somos de su valor y de su peso dentro del universo teatral. De ahí el énfasis que nuestro supervisor musical, Alfonso Casado, pone para que cada sílaba de este show tenga la misma importancia y sea dicha con la misma precisión, de modo que el espectador no pierda ni un solo concepto, ni una sola idea, ni una sola palabra que los personajes digan en escena. Da igual si son más o menos protagónicos, pues, al igual que la historia de la humanidad, que es imposible entenderla sólo por sus protagonistas, esta obra está contada por su elenco al completo, compuesto de protagonistas y cuerpo de ensamble, totalmente comprometidos en su misión, que no es otra que la de habitar en cada uno de los personajes que nos corresponden a cada uno de los actores y actrices del reparto.

Aún recuerdo la sensación de vértigo en nuestro vientre que produjo uno de los últimos ensayos. Era la escena en la que los jóvenes estudiantes defienden sus ideas de cambio en la barricada que plantan en una de las calles de París.

Después de la fabulosa charla que nuestro director nos ofreció respecto al valor, al compromiso, al miedo y al terror que estos hombres y mujeres tuvieron que sentir y padecer en esa extrema situación, a la que Víctor Hugo hace especial mención en su libro, el nivel de verdad que brotaba de las interpretaciones de cada uno de mis compañeros me dejó tocado unas horas. Parecían auténticos hombres y mujeres en medio de aquel dramático momento. Después pensé en lo maravilloso que puede ser este trabajo cuando está cuidado y se le da la importancia que merece.

Poco más puedo decir de lo que hoy empieza a andar, porque sí, es cierto, se trata de la gira más ambiciosa jamás realizada en nuestro país. Sí, es cierto, nunca se ha movido tal cantidad de gente y material en nuestro territorio. Jamás se ha visto semejante despliegue de medios en gira. Todo eso es cierto y muy loable para la empresa que ha tenido el valor de llevarlo a cabo, Stage Entertainment, de lo cual debemos ser conscientes y más en los tiempos que corren. Pero no lo olvidemos, el auténtico valor, el auténtico lujo, es poder contar una historia como esta, llena de verdad, de trascendencia, de humanidad, de valores que algunos creen que han quedado sepultados por el paso de los años y la evolución de la tecnología.

En un tiempo en el que tenemos una relativa calma, pues nuestros derechos como ciudadanos están garantizados, entender, que muchos fueron en el pasado los que se sacrificaron y dieron su vida para que los que viniésemos después no tuviéramos que soportar un nivel tan elevado de injusticia y desigualdad, es un deber que tenemos como seres humanos y precisamente "Los Miserables", que hoy echan a andar en Santander, nos recuerda todas estas cosas.

Y aún más, como por ejemplo, que dentro de la trascendencia de hechos tan significativos, entre el oleaje de las agitadas aguas de la lucha por el cambio, se esconden las ilusiones, los amores, las penas, los anhelos de mejorar, los sufrimientos y todo un amplísimo abanico de emociones de personajes de carne y hueso. Y más aún, que la libertad no es un valor que llega y se mantiene por sí sólo, sino que hay que cuidarlo y trabajarlo día a día. Y más aún, que la bella y trágica historia de lucha por un futuro mejor, que encumbró a Víctor Hugo al olimpo de los dioses de la literatura, aún hoy, se repite en diferentes partes del mundo.

Por esa razón, "Los Miserables", siguen teniendo una vigencia incontestable y de alguna forma nos demuestra que la historia se repite, no sé si como decía Carlos Marx “primero como tragedia y después como comedia”, pero el caso es que lo hace.

Por eso la han visto cincuenta y siete millones de espectadores en todo el mundo, cada uno emocionándose a su manera con la historia de Jean Valjean, un fugitivo de la justicia durante la primera mitad del siglo XIX: porque de alguna forma, ese fugitivo de la justicia con sus anhelos de salvación, víctima de la incomprensión de la sociedad de su tiempo, ese Jean Valejan, se encuentra en cada uno de nosotros en mayor o menor medida. Porque tal y como apunta Víctor Hugo, todo el género humano al completo formamos parte de "Los Miserables".

Ayer, hoy y siempre.

Tú también.

Salud amigos.

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