Microteatro por dinero

Ignasi Vidal

La última droga de la noche madrileña no se trata de ningún psico-trópico ni de ninguna substancia química de laboratorio; se trata de un ingenioso invento que de sencillo que es parece mentira que a nadie se le hubiese ocurrido antes y no es otra cosa que “Microteatro por dinero”.

Dicho invento consiste en programar en un mismo local pequeñas piezas dramáticas de quince minutos de duración como máximo, todas ellas con un tema genérico como denominador común a un precio por entrada tremendamente asequible, cuatro Euros. Las pequeñas piezas, creaciones todas originales, son representadas en habitaciones en las que apenas caben unos pocos actores y unos nueve o diez espectadores.

Las sensación desde el primer momento en el que pisé el local, situado en la calle Loreto y Chicote 9, fue de emoción, pues lo que se respira en el ambiente es teatro en estado puro. La gente que suele llenar el recinto, como si de un aeropuerto o de una estación de tren se tratara, mira en la pantalla de programación cuál es el siguiente pase de la representación que desea ver, de la misma manera que los pasajeros buscan la vía del tren de destino o la puerta de embarque de su vuelo.

Lo más seguro es que aquellos que entran por primera vez en “Microteatro por dinero”, de la misma forma que me ocurrió a mí, al salir de una de las breves representaciones, compren una entrada para cualquiera de las representaciones que están programadas y de esta forma quedan placenteramente enganchados a esta droga tan regeneradora. Cada función se representa seis veces en un mismo día de manera que no es difícil, siempre que se disponga de tiempo, ver la que más nos interese.

En mi caso, el interés estaba puesto en una pequeña pieza original de Julie de Grandy, "Ropa interior", dirigida por Juanma Manzanares y protagonizada por Octavi Pujades y María Reyes. Mi interés tiene fácil explicación; Juanma Manzanares fue el productor de la serie de televisión “Lalola” en la que trabajé junto a Octavi Pujades. Con ambos ha quedado una buena amistad por lo que no iba a perder la ocasión de acudir a ver su trabajo en “Microteatro”.

El argumento es tan sencillo como sugerente: Un marido regresa a la que hasta no hace mucho era su casa para recoger algunos objetos personales. Su ex -mujer, que es quien se quedó en el antiguo hogar conyugal, se encuentra presente cuando éste accede a la vivienda y lo que en principio debería ser una sencilla recogida de enseres y objetos personales (la verdad es que estas cosas nunca son sencillas) se convierte en una situación de los más peculiar y tensa por una extraña petición que él le plantSubida múltiple de recursos asociadosea a su ex pareja.

La cercanía con los dos actores, sorprendente para el espectador novato como yo, hace entrar a unos y otros, a publico y artistas, en una obscena intimidad lo cual, para mí, dota el trabajo de ambos intérpretes de mucho mérito, especialmente en las dos primeras intervenciones, dos monólogos a público en el cual puedes notar hasta la marca del dentífrico con la que se cepillaron los dientes por última vez.

A priori el texto “Ropa interior” podría parecer falto de originalidad, repleto de tópicos respecto a la convivencia entre hombres y mujeres, pero si uno se deja llevar por el trabajo de los intérpretes encuentra matices sorprendentes y eso sin duda es mérito de éstos y de la manera en la que el director ha enfocado el trabajo, sin aspavientos interpretativos, descarnadamente coloquial. Así, plantean al espectador una situación llena de interrogantes, el principal de todos, el que puede incomodar más, se encuentra en el del capítulo de los sentimientos: ¿Qué cantidad de deseo albergamos después de la ruptura hacia el otro?¿qué pasa con los restos del naufragio? El conjunto acaba tomando sentido si uno tiene en cuenta el denominador común entre todos los montajes que se exhiben este mes de Agosto en la sala: “Por diversión”.

Aún me quedó tiempo para ver otro montaje, este enmarcado en la programación “golfa” del local, muy ameno y divertido, titulado “No hay dox sin trex”, de David Rubio y Américo Piñeiro, muy bien interpretada por Elena de Frutos, Isabel Cayuela y el mismo co-autor de la pieza David Rubio, en el que una pareja espera en su domicilio impacientemente a una prostituta con la intención de encontrar nuevas experiencias y aclarar algunas dudas que cada uno de ellos alberga respecto a sus apetencias sexuales.

Ya no me quedó tiempo para más. Eso sí, antes de salir de gira con “La Bella y la Bestia” espero pasar otra vez por “Microteatro por dinero” y disfrutar de una agradable noche de teatro, breve pero intensa y además escandalosamente barata .

Sin duda vale la pena que uno reserve un rato de su agenda diaria para pasar a ver estos pequeños montajes de a penas quince minutos y entregarse a la magia del teatro de la forma más íntima y cercana que se pueda ver.

Salud, amigos.

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