No hay burlas con el amor

Ignasi Vidal

No hay burlas con el amor. De eso no queda la menor duda si uno acude a ver a la fabulosa compañía malagueña Pata Teatro.

Aprovechando mi estancia con "La Bella y la Bestia" en Málaga, decidí quedarme unos días más, una vez terminadas las funciones en el Teatro Cervantes, para disfrutar de unas mini vacaciones, tranquilas y sosegadas junto a mi familia. Aceptando la invitación de uno de los actores de la compañía, Norberto Rizzo, nos acercamos en comitiva familiar, al patio de arcos del Instituto Vicente Espinel (escuela donde el nobel Severo Ochoa cursó el bachillerato. Sirva esto sólo como nota curiosa e ilustrativa) para disfrutar de una velada de Teatro clásico al aire libre.

Estoy casi convencido de que al aire libre, el Teatro, es más Teatro aún.

En este caso, una comedia de Calderón de la Barca, sirvió para aliviar la calurosa noche malagueña. Para ello la compañía Pata Teatro, compuesta por seis estupendos intérpretes, escogió una pieza ligera de Calderón de la Barca: “No hay burlas con el amor”.

Se agradece cuando uno encuentra ritmo y buena dicción sobre las tablas y más tratándose de un texto clásico, en verso, aspecto este que, de no estar bien cuidado, acaba convirtiendo cualquier función en un soporífero galimatías. No es el caso de la trabajada propuesta que exhibe estos días Pata Teatro. Todo, desde el momento en que se abre la taquilla improvisada en la recepción de la escuela, pasando por la apertura de las puertas, el acomode de los espectadores y por supuesto el trabajo en el cuadrilátero donde se desarrolla la acción, corre a cargo de los actores y actrices de esta compañía, que son también taquilleros y acomodadores hasta cinco minutos antes de que empiece el espectáculo.

Estamos, pues, ante una muestra auténtica de cómo funcionaban las compañías de Teatro en la antigüedad (tampoco tan en la antigüedad, no exageremos. Incluso en la actualidad se sigue haciendo en muchos pueblos) y por otra parte ante una propuesta de sostenibilidad empresarial íntegra.

Y sin embargo, a pesar de que a estos intérpretes no se les caen los anillos a la hora de arrimar el hombro, alejados de la imagen distante que solemos tener los que nos dedicamos al Teatro (no digamos ya los que suelen trabajar en otros medios) la calidad interpretativa de la compañía es de primerísimo nivel.

Del primero al último. Miguel Guardiola, Carlos Cuadros, Fernando Jiménez, Virginia Muñoz, Macarena Pérez Bravo y Norberto Rizzo, bajo la dirección de Josemi Rodríguez, en una propuesta austera pero bien pensada, sencilla pero distinguida, consiguen engatusar e involucrar al público desde el primer verso al último, hasta el punto de que al cabo de unos minutos uno pierde la noción de estar viendo un montaje en verso Calderoniano, poniendo la atención pendiente, básicamente, sobre la trepidante acción. Y lo bueno es que los intérpretes, lejos de conseguir domesticar el oído del público como nos han acostumbrado en los últimos años, a base de desnaturalizar el lenguaje en ese soniquete susurrado tan común en nuestro cine, que ha acabado contaminando el Teatro, eso que algunos llaman “ser natural”, lo hacen dando el valor a cada verso, a cada palabra y a cada sílaba facilitando la comprensión hasta del espectador menos avezado en textos clásicos.

Envidia es lo que acabé sintiendo al finalizar la función. Montajes como este me hacen sentir con ganas de seguir en esto y evolucionar. De buen grado me habría ataviado con mallas, florete y capa y me habría ido a casa hablando en verso con todos aquellos con los que me cruzara.

Del excelente reparto resaltaría a Miguel Guardiola, por esa mezcla de atrevimiento y pulcritud mostrada y una tremendísma Virgínia Muñoz, que tiene todas las gracias como actriz, ganándose al público en cada intervención cual torero por gaoneras, aunque como digo cualquiera de los seis intérpretes encandila y tiene su momento en el montaje.

Con esto queda claro una vez más, que a veces, muchas, en el bote pequeño se encuentra la buena confitura.

Creo que este jueves, o sea hoy, terminan las funciones, así que aquellos que andéis por Málaga y no sepáis qué hacer, si a las 10 de la noche pasáis por el Patio del Instituto Vicente Espinel y compráis una entrada, bien seguro que me lo agradeceréis, porque vais a pasar una de las mejores noches de este verano y seréis testigos presenciales de que efectivamente “No hay burlas con el amor”.

Salud, amigos

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No hay burlas con el amor

Compañía Teatro Par presenta "No hay burlas con el amor".

Sinopsis:
Don Juan de Mendoza pretende desposar a la bella Doña Leonor, aunque para conseguirlo debe solventar un obstáculo casi insalvable: Doña Leonor sólo recibirá el consentimiento para casarse después de que lo haya hecho su hermana Doña Beatriz. El problema es que Doña Beatriz es una muchacha tan pedante que ningún hombre la soporta. Pero Don Juan tiene un plan para conseguir la mano de Doña Leonor; convence a su amigo Don Alonso de Luna de que finja estar enamorado de Doña Beatriz. Esta treta, sin embargo, no hará sino aumentar aún más el lío en que se ha metido Don Juan, puesto que Don Pedro, padre de Doña Beatriz y Doña Leonor, acaba de concertar el casamiento de la primera con Don Luis y, por otro lado, Don Alonso se enamora realmente de Doña Beatriz.

Dirección: Antonio Barrios
Compañía: Teatro Par

 

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