No les votes, Bótalos

La libertad individual es el mayor tesoro que tenemos como seres humanos. Libertad de acto, de palabra de pensamiento, sin ello no somos más que un mero juguete al antojo de los que intentan, una vez tras otra, determinar las reglas del juego. Esos déspotas escondidos en la sombra se encuentran en todos los ámbitos de la vida. Pero sin duda los más inmorales de todos esos espectros, con patente de dictador, son aquellos que a simple vista y ante los focos se presentan con la cara limpia y la sonrisa ancha, con la mirada tranquila y la palabra conciliadora en los labios. Éstos suelen invocar, con total desparpajo, términos como compañerismo, solidaridad, derechos, tolerancia y otros de marcada índole humanista, pero al aterrizar en sus despachos en las tinieblas se ríen de los mismos y actúan como si toda esa terminología fuera basura pseudo hippy de otro tiempo y por ello acaban tratando a las personas como simples mercancías para su propio interés y beneficio.

Para defendernos de tales ataques a nuestra dignidad, a nuestra libertad, a veces, no tenemos otro remedio que dar un puñetazo sobre la mesa, ya que los aprendices de Stalin están acostumbrados a amilanar al personal recordándonos a todos que los derechos que la constitución nos otorga como ciudadanos libres, llegan hasta donde llega su poder. No todos ceden, pero hay tanta gente que acumula tal miedo ante esta verborrea apestosa, que queda paralizada y demasiado bloqueada para pensar qué cantidad de derecho le asiste y por ello acaba sucumbiendo al deseo del negrero de turno. Otros, los más pobres de todos, sencillamente no atienden a estas cuestiones propias del derecho con tal de dormir caliente y no complicarse la existencia, y por ello no temen tampoco al martilleo de su conciencia cuando una y otra vez se pliegan con servil pleitesía, entregándose al repugnante arte de la genuflexión, eso sí, sin pensar en el daño que esto conlleva a al resto de sus iguales, porque sencillamente carecen de dicha conciencia.

En estos días de campaña electoral, un puñado de Indianas Jones surgidos de toda España, hartos de pagar los platos rotos de una crisis que no causaron ellos, han dado un puñetazo sobre la mesa y han salido a la calle, en diferentes ciudades del país, para decir basta. Basta de los que están a la sombra moviendo los hilos, basta de los que diariamente aparecen en nuestros televisores prometiendo mejores condiciones de vida, de trabajo con salarios y contratos más justos, basta de los cuatreros que sentados en despachos de entidades financieras y bancarias a los que les salvamos el culo para ‘evitar males mayores’, se quedan ahora con las viviendas de aquellos que no las pueden pagar y les obligan a seguir pagando aunque ya no vivan en ellas, basta de corrupción (Gürtel, ERES, Marbella, Diputación de Castellón, escuchas ilegales en la comunidad de Madrid, la lista es interminable…) basta del engaño que ha supuesto el nuevo sistema de tarificación de suministros, basta de los contratos basura, basta de los constantes incumplimientos de los convenios colectivos (tan habitual en mi gremio) basta de incumplir promesas electorales (ley de legalización de la Eutanasia), basta de ellos, manipuladores, especuladores y mentirosos.

Hay, entre estos personajes siniestros, quien se ha permitido llamar a los pacíficos manifestantes que salieron ayer a la calle, grupos ‘antisistema’. Concretamente hoy en una entrevista en el País digital, la señora Esperanza Aguirre les ha denominado así al ser interpelada por un internauta. Señora mía, que poca sensibilidad demuestra ante la desesperación de los ciudadanos que pacíficamente salieron a la calle pidiendo una ‘democracia real’ en lugar de esta mini dictadura PP-PSOE en la que dichos partidos se reparten el pastel sin ningún tipo de complejo.

Hoy iba a hablar de mis amigos de "Pegados", el Musical, (que vuelve gloriosamente a Madrid en el Teatro Alfil) del milagro y el éxito que ha supuesto que una producción que costó lo mismo que un ordenador portátil, gracias al talento de Ferrán González, Alicia Serrat, Xenia Reguant, Gemma Martínez, Lluís Miquel Pérez, Sandra de Victoria, capitaneados por el prolífico Víctor Conde, haya ganado un par de Premios Max, no por el valor en sí del premio, que como sabéis pienso que vale lo mismo que unos cromos de la LFP, sino por haber metido la cabeza en la élite del teatro de nuestro país, con lo que eso cuesta, pero me he cabreado después de leer la prensa mientras desayunaba (¡debo dejarlo de hacer!, lo de leer la prensa, claro…) y eso me ha alterado los planes. Aunque bien pensado, mi amigo Ferrán González, como alma libre y muy independiente que es, sabrá comprenderme y perdonarme. Estoy seguro de que él habría hecho lo mismo.

La libertad, qué difícil es sentirla y qué fácil es quebrarla. Aunque lo desearía, no sé por qué, no soy muy aficionado a la poesía, por desgracia e ignorancia mía que intento remediar a base de lecturas en Sevilla, los lunes, cuando descanso del teatro y mis hijos duermen. Unos lunes atrás, leyendo la antología poética de Miguel Hernández que Celia, mi compañera, me regaló para regar mi alma, (gracias, cariño. Ella sí lee poesía) en el archiconocido “El hombre acecha”, en el capítulo “El hambre” encontré el aún más archiconocido “para la libertad” que Joan Manel Serrat, muchos años después de que el poeta lo escribiera, le puso música. Ahí os lo dejo. Al menos disfrutad y deleitaros, que en los pobres tiempos que corren hasta la poesía es un lujo.
 

Para la libertad
Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.
Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.
Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.
Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

Miguel Hernández.

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