Ricardo III

CRÓNICA: 7 marzo en el Teatro Infanta Isabel de Madrid


"Como por un tubo": Amor en sordina

Miguel Ángel Solá protagoniza la obra “Como por un tubo”.
Miguel Ángel Solá protagoniza la obra “Como por un tubo”.

Hay veces en que las cosas no salen como deberían. O, al menos, no salen como uno espera que salgan. Esto es, por ejemplo, lo que le ocurre a Alberto Carlos Bustos, el protagonista de '"Como por un tubo", un montaje producido por La Típica en Leve Ascenso que se estrenó ayer en el Teatro Infanta Isabel de Madrid, donde está programado al menos seis semanas. "Como por un tubo" tiene como aliciente fundamental ser el regreso del bonaerense Miguel Ángel Solá a las tablas madrileñas, tras sus triunfos del pasado reciente, como "Por el placer de volver a verla". Es el argentino quien encabeza un reparto compuesto también por Graciela Baquero, Daniel Giménez, Carlos Morera y Enrique Quintanilla.

Antes de que nos interrumpiese el protocolo, decía que a Alberto Carlos Bustos, protagonista de un espectáculo de teatro radiado en el Buenos Aires de los cincuenta, las cosas no le van bien. No hay demasiadas razones para que así sea, salvo quizás que el infortunio, sediento siempre de notoriedad, suele encaramarse sobre las personas buenas, para añadirle dramatismo a su tarea. Es un hombre sensible y destrozado, enamorado de una mujer que le ha abandonado y que, además, disfruta torturándole desde la distancia. La distancia es, por cierto, clave: el hombre se encierra en su casa y sólo tiene noticia del mundo por medio de un teléfono que suena para dañarle o confundirle. El teléfono le ata a Clara, su maltratadora y también le une a Manuela, algo así como la némesis bondadosa de la primera.

En ningún momento, ni para bien ni para mal, logra el protagonista quebrar esa distancia. Vive en diferido y ni siquiera le sirve eso para sufrir un poco menos. Algo parecido ocurre con el montaje estrenado ayer. Concebido como un juego metateatral, en el que el protagonista es sólo una narración interpretada por un locutor de radio, "Como por un tubo" se instala en una sordina semejante a la que caracteriza la historia de amor y despecho de Alberto Carlos.

Solá tiene capacidad de sobra, y lo demuestra, para encarnar al locutor de radio que ríe y llora en la piel de Alberto. Tampoco flaquea Graciela Baquero en su papel de Clara/Manuela. Y sin embargo, no termina la obra de consolidarse. Es una tragicomedia musical, en la que la primera parte de la ecuación adolece de cierta falta de tino y la segunda oscila en demasía entre lo bueno (algunas canciones lo son) y lo menos bueno.

La escenografía reconstruye con honesta austeridad un estudio de radio de los años cincuenta, con sus micrófonos de plata grandes y sus paneles de "En el aire". El trabajo actoral es bueno y hace, desde luego, lo que puede con un texto plagado de debilidades. La música y las cuñas publicitarias contienen algunas gotas de ingenio humorístico del bueno, inteligente y socarrón. El planteamiento metateatral, en cambio, no funciona y acaba convirtiéndose en un elemento incómodo de intermediación entre el escenario y la platea.

Algo así como un cojín puesto sobre el montaje para evitar que se escuche demasiado alto. La sordina, como en el amor, no impide el sufrimiento y coharta además el placer.

 

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