Ricardo III

Diario de un espectador


"Cómplices", del cielo a Madrid.

16 de septiembre de 2010

Hoy me voy a la cama más tranquilo: el cielo existe. Dios no es como nos lo pintan, es sexi y de curvas suntuosas y vive rodeado de ángeles protectores que envía a la tierra para orientar nuestros pasos. Hoy en mi butaca de patio del Teatro Häagen-Dazs Calderón he experimentado el vértigo de vivir entre el mundo del más allá y el más acá –en Madrid-, conectados entre sí como un barco a su nave nodriza, y por el que los personajes viajan hasta en teletransporte, como lo hacían “Spock “y “Kirk” al Enterprise.

Los protagonistas de “Cómplices, El Musical” se mueven entre dos mundos y, como en casi todas las historias que cobran vida sobre un escenario, van en busca del amor verdadero, con el objetivo de hallar al ser que complemente su esencia y dé sentido a su existencia. Pero aquí son almas que se atraen por ser parte de una misma gota de agua que necesita completarse sin atender a sexo, ni edad, ni otros condicionantes externos, lo que hace que el juego del amor entres sus diferentes intérpretes llegue a ser en esta obra de lo más sorpresivo e inesperado, aunque a veces falto de contenido.

Se me hizo largo el guión en la segunda parte en la que eché en falta más dosis del humor particular de Andreu Castro o números de mayor vistosidad. Lo mejor, la música que envuelve cada situación, temas de Cómplices, a veces metidos a capón, que da gusto oír en las voces pulidas de un buen elenco. Del casting, me quedo con “Aquarius”, personaje que borda y lo hace grande Ángel Muñiz. Vigués, como no podía ser de otra manera, alegre y triste a la vez, loco y cuerdo, entrañable, desgarbado, desvencijado, ocurrente, un papel que hará que se oiga más el nombre de este artista sevillano. Me tocó mi alma de media gota de agua también otra voz andaluza, la de Naike Ponce, y me encantó la banda en directo y la total implicación de Teo Cardalda y María Monsonís en su proyecto. Aunque, por ese dios femenino y monumental que han inventado, den tiempo a los protagonistas a que vivan y nos hagan disfrutar del momento del reencuentro final, que se hace esperar en tres largas horas de función. Y después festejemos el trabajo bien hecho de un gran equipo que mereció los aplausos otorgados por el público asistente.

Secciones

Relacionados