Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida

CRÍTICAS: Teatro Lara de Madrid desde 28 de abril


Crítica de "Jódete y Crece". Tragicomedia teatral, suma de sensaciones

Jódete y crece.
Jódete y crece.

Crítica de la tragicomedia "Jódete y crece".

Autor: Juan Pablo Cuevas
Reparto: Juan Pablo Cuevas, Bárbara Valderrama y Manel Hernández
Directora: Alejandra Martínez de Miguel
Técnico de luces y sonido: Gentzane de Cestafe
Diseño de luces: David Elcano
Diseño de escenografía: Carles Farré

Una crítica de Javier Torres.

Crítica de Jódete y Crece en el Teatro Lara de Madrid

Jódete y crece y sí…Parece que en ocasiones la única forma de pegar un estirón es a través de algunas o muchas situaciones dramáticas con las que nos vamos enfrentando y si además de las situaciones y las crisis propias de cada edad se añade una crisis social o familiar o de cualquier otra índole puede producir un aumento considerable de la talla pero lo que no es tan seguro es que eso signifique más felicidad.

Horario y sesiones de la obra de teatro "Jódete y Crece"

La obra plantea estas y otras cuestiones como las relaciones familiares, la amistad, las relaciones laborales que en ocasiones devienen en algo más y la crisis que supone dejar atrás la adolescencia y los recuerdos de la niñez que ocasiones produce dolor. Y dejarlos atrás si se dejan porque parecen querer volver en el momento que menos se les espera.

Son cuestiones que salen a escena en un montaje sencillo y directo: una casa, un cuarto, una cama donde parece que vierten todos estos conflictos y que sirve de confluencia para los tres protagonistas.

La interpretación de "Jódete y crece" es creíble y en ocasiones el dramatismo de los recuerdos o las situaciones planteadas es expresado de forma muy intensa, con momentos más álgidos y que son resueltos muy bien por los actores que son capaces de cambiar el tono y el registro para a renglón seguido seguir con el discurrir dramático en interacción con el resto de intérpretes y hasta con el público asistente en la sala.

Esta propuesta me ha parecido muy sugerente por al menos dos razones: la primera es la que acabo de mencionar y es la de interpelar a los asistentes o al menos romper la pared que nos separa de una representación cómica y dramática en la que somos meros observadores pero en la que en realidad somos también actores cada uno en la circunstancias de nuestras vidas en una dialéctica vital muy similar a la que se representa.

Supone un toc-toc al invisible cristal que nos separa como meros espectadores para así involucrarnos en los conflictos internos de cada uno de los protagonistas y desde ahí dar un paso más allá del puro observador distante reclinado en su butaca.

La otra cuestión que me parece también muy interesante es la de concatenar una confluencia de vivencias del pasado y del presente que van teniendo lugar y que van más allá de un simple recuerdo. Ya sea de una conversación con nuestra madre o un encuentro el patio de un colegio o una relación de la infancia siguen siendo vivencias vivas si se me permite la redundancia o el juego de palabras y también podría decir vivencias vividas y vívidas y muy reales y que no son pasado pues tienen todo el peso del presente al que condicionan o acomplejan. Es ese pasado que en momentos de crisis, con las defensas bajas o de transición retornan como espectros irresueltos y a los que debemos enfrentarnos con valentía.

La dirección de Alejandra Martínez de Miguel apuesta por esta confluencia continua de pasado-presente que resuelve de manera muy inteligente y dinámica, muy fluida y coherente en toda la obra.

Los actores Juan Pablo Cuevas, Bárbara Valderrama y Manel Hernández se muestran hábiles en los cambios de registro pues lo trágico y lo cómico se desarrolla de manera incesante y las situaciones cotidianas con las reflexiones más personales o el dramatismo del dilema personal más acuciante. El movimiento de los tres en escena es muy también muy fluido y dinámico y se muestran muy desenvueltos y coordinados en los distintos usos del espacio escénico creando algunos cuadros visuales impactantes.

Los tres, en especial Bárbara Valderrama, son capaces de arrastrar al público en los álgidos momentos dramáticos y rebajar de nuevo la tensión.

El público se mostró entusiasta en los aplausos y entregado durante la función.

Una propuesta interesante que ofrece el Teatro Lara para reír a ratos y pensar en otros y disfrutarla en todos pues los 80 minutos de representación se pasan en un periquete gracias a la buena interpretación de los actores y a unos diálogos con guiños constantes a la más rabiosa actualidad.

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