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FESTIVALES: 28 julio en Alcalá de Henares


El perro de hortelano de Hilanderas cierra el ClasicOff

El perro de hortelano de Hilandera Producciones cierra el ClasicOff.
El perro de hortelano de Hilandera Producciones cierra el ClasicOff.

Crítica de "El perro de hortelano" de Hilanderas Producciones

Reparto:
Pablo Blasco Verdún
Irina Gimeno Gabarda
Jose García Aguilar
Patricia Gutiérrez Antón

Dirección de Alberto Gómez
Autor Lope de Vega
Adaptación de Alberto Gómez
Producción Hilanderas Producciones

Crítica Susana Inés Pérez

Enredos y estética ochentera: "El perro de hortelano" de Hilanderas Producciones cierra el ClasicOff.

El perro del hortelano, de Lope de Vega, es, sin duda, una de las comedias más representadas por compañías teatrales españolas y extranjeras. Y es que la adaptación de nuestros clásicos está a la orden del día, especialmente en los numerosos festivales de verano, que acercan los clásicos al público actual y acogen propuestas experimentales o simplemente diferentes de obras de sobra conocidas.

Hilanderas Producciones presentó "El perro del hortelano" en Clásicos en Alcalá el pasado junio y este mes de julio cierra el ClasicOff, o el VI Festival Experimental de Teatro Clásico de Madrid, en Nave 73. Esta versión de Alberto Gómez Taboada se inspira en la música, vestimenta y peinados de los años ochenta, y, lejos de resultar un retrato de esta época, conserva las relaciones entre los personajes y los versos de Lope, añadiendo, de vez en cuando, palabras malsonantes, de uso muy actual, posiblemente fruto del trabajo con los actores. Se trata de un proyecto bastante arriesgado, pero coherente, de personajes creíbles, que mantiene el tono tragicómico del texto publicado en 1618 y desvela la vigencia de su humor y temas.

Un decorado minimalista y eficaz. El escenario queda convertido en una discoteca: una bola de discoteca cuelga del techo; seis bloques de metal a modo de estantería en el centro del escenario sostienen vasos y botellas; dos bloques, a un lado del escenario, sirven de asiento a los personajes; por último, una diana para jugar a los dardos, cuyo reverso es el espejo del tocador de los aposentos de Teodoro y Diana. Posteriormente, este espejo reflejará las luces violetas sobre el centro del escenario, aportando un toque exótico al encuentro entre Tristán, criado de Teodoro, y el conde Ludovico.

Como bien dice el programa de mano del espectáculo, los cuatro actores, Pablo Blasco Verdún, Jose García Aguilar, Irina Gimeno Gabarda y Patricia Gutiérrez Antón “darán vida a casi una decena de personajes”. Los actores se cambian en la oscuridad de los laterales del escenario a un ritmo frenético y salen airosos, demostrando su maestría, trabajo y flexibilidad. En ocasiones, dos actores interpretan a un mismo personaje en diferentes momentos de la función, como sucede por ejemplo con el marqués Ricardo, interpretado por Irina y Jose, o el conde Ludovico, interpretado por Pablo y Jose.

El espectáculo comienza de una manera un tanto agresiva: el sonido de guitarras eléctricas y los gritos invaden el escenario; Diana, sentada sobre un bloque de metal, se prepara para esnifar una raya de cocaína. Drogas y confusión. El espectáculo es aún más sorprendente y ecléctico a medida que avanza la trama: Anarda y Fabio, servidores de Diana, presentan al marqués Ricardo, un pretendiente, y bailan con él al ritmo de “I Need a Hero”, de Bonnie Tyler. Por otro lado, el conde Federico, otro pretendiente, le declara su amor a Diana haciendo un playback de lo más divertido.

Destaca el trabajo de Irina Gimeno Gabarda, quien, en su papel como Diana, muestra y desgrana con cuidado los matices, las contradicciones y la complicada personalidad de la condesa de Belflor. La actriz brilla especialmente durante los monólogos al principio y al final del espectáculo, cuando se entera de los amores de Marcela y Teodoro y momentos después de que Teodoro le comunique que parte a España. Patricia Gutiérrez Antón realiza una labor estupenda en su desdoblamiento como Anarda y Marcela. Por otro lado, Pablo Blasco Verdún y Jose García Aguilar son dos graciosos natos, que bordan los papeles de los criados y dominan las miradas y el terreno gestual.

Quizá el Teodoro que se nos muestra, interpretado por Pablo Blasco Verdún, es un tanto excéntrico y sus guiños humorísticos un tanto exagerados o rebuscados; así lo parece cuando, inquieto, rebusca en las mangas de su chaqueta una carta que va a darle a Diana ante el silencio del público. No obstante, el humor resurge durante las interacciones con su sirviente Tristán y con Diana y el actor deja entrever de forma magistral los intereses de Teodoro en algunos de los monólogos del personaje.

Tras el posible choque inicial, el espectador acepta la versión de El perro del hortelano de Hilanderas Producciones y se sumerge en los enredos. Hacia el final del espectáculo, la luz de sala se enciende e ilumina al público haciéndole integrante, cómplice y testigo de la obra, específicamente del momento en que los pretendientes de Diana se encuentran con Tristán y le confiesan su intención de matar a Teodoro. Después de este momento, el desenlace pierde fuerza. Afortunadamente, el espectador ya ha tenido tiempo de digerir los aspectos clave de la obra de Lope, de experimentar pasión y celos, y, cómo no, de reír. No cabe duda de que esta nueva generación de clásicos viene bien preparada.

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