Ricardo III

ENTREVISTA: A partir del 9 de octubre, en el Teatro María Guerrero


Juan Calot: "Los caciques es un espejo nada deformado de la realidad española"

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  • 03/10/2015 : 12:00
  • Daniel Ventura
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Un alcalde corrupto, un inspector de Hacienda y varios enredos. Esos son los ingredientes de "Los caciques", la obra de Carlos Arniches que se estrena el próximo 9 de octubre en el Teatro María Guerrero de Madrid. La dirige Ángel Fernández Montesinos, que no es la primera vez que se acerca a este texto en el que Arniches incluyó una feroz sátira social y politica que sigue vigente en nuestros días. Hablamos con el actor Juan Calot, que encabeza el reparto junto a Víctor Anciones, Marisol Ayuso, Fernando Conde, Óscar Hernández, Alejandro Navamuel, Elena Román, Raúl Sanz y Juan Jesús Valverde.

Teatro a Teatro-. Una ciudad pequeña, un partido que lleva más de treinta años en el poder, un alcalde corrupto... Ni que Carlos Arniches escribiera en 2015...

Juan Calot-. Efectivamente. Los grandes autores son "clásicos" porque los temas que tratan no mueren. Aristófanes y todos los clásicos griegos tocaron todos los temas que, aún hoy, están a nuestro alrededor.

TaT.- Arniches quizás no es el autor que primero se asocia con teatro de crítica social... Y, sin embargo, en “Los caciques” esa sátira de la corrupción es muy fuerte. ¿El humor como arma o como camuflaje?

J.C.- En este caso, como arma. Arma afiladísima. Con sarcasmo, ironía, incluso, con crueldad, diría yo. El humor para camuflar no me interesa, no me gusta.

TaT.- En el montaje, usted interpreta el papel del Alcalde. ¿Cómo lo ha preparado? Ejemplos para la parte del corrupto no le habrán faltado...

J.C.- Como preparo todos los personajes. De menos a más, sumando, tanto lo que el director va sugiriendo como lo que yo pueda ir aportando, por intuición, experiencia, mirada crítica; analizando lo que el autor escribe entre líneas; esos ejemplos, reales y de ahora que nos asolan... Un proceso lento, a veces duro, infructuoso. Hasta que todo empieza a encajar.

TaT.- Tampoco le habrán faltado referentes. Grandes actores han interpretado el papel del Alcalde en montajes anteriores. ¿Eso pesa o sirve de inspiración?

J.C.- El último fue Rafael Castejón, espléndido actor. Y en la versión del 64, José Bódalo, nada menos. Más vale no pensar en intérpretes anteriores, por la cuenta que te trae, ¿no? Condicionaría demasiado. Cada época, su alcalde.

TaT.- ¿Cómo son el resto de personajes de la obra? ¿Cómo ha sido el trabajo con sus compañeros de reparto?

J.C.- Estamos las fuerzas vivas, alcalde, concejales y secretario, corruptos hasta las cejas. El presunto inspector, pícaro y embaucador de toda la vida y su sobrino, galancete enamorado de mi sobrina Cristina, que junto a doña Adela, amor imposible mío, forman la parte menos negativa del argumento. El trabajo con los compañeros, nutritivo y, espero, que nutriente también.

TaT.- ¿Y con el director?

J.C.- Tenía muchas ganas de poder trabajar con Angel porque debe ser el último representante en activo de una época dorada del teatro español. Yo vi, de muy pequeño, su dirección de "La viuda valenciana", de Lope, por la que ganó el Premio Nacional de Teatro. Era deslumbrante de gracia e ingenio. Y lo he podido constatar ahora, muchísimos años después. Tiene el don del teatro.

TaT.- ¿Qué hay detrás de la corrupción, para que sigamos hablando de ella década tras década y siglo tras siglo?

J.C.- Detrás de la corrupción están los desaprensivos, los desahogados, los ávidos. Absolutamente despreciable, venga de donde venga.

TaT.- En la obra, uno de los personajes dice que en “España no seremos felices hasta que acabemos con los corruptos”. ¿Cómo se hace eso? ¿O hay que esperar a que se produzca un equívoco como el de la obra?

J.C.- Me parece más un buen deseo, un poco ingenuo, que una auténtica toma de decisión.

TaT.- “Los caciques” fue escrita en 1920. Aunque el contenido de la obra tenga mucho que ver con nuestra situación actual, otras muchas cosas han cambiado. ¿De qué manera se ha actualizado el texto?

J.C.- Han desaparecido personajes porque 22 actores es absolutamente inviable para una producción privada, con la barbaridad el 21 % del Iva, que es de una crueldad y de una mala baba proverbiales. Pero se ha respetado la principal línea argumental, eliminando algo del "paletismo" que pintaba a los personajes, e introduciendo ordenadores, discos duros...

TaT.- Además del tema de la corrupción, en “Los caciques” hay enredos, conflictos sentimentales... ¿Cómo se consigue que todo eso sea divertido?

J.C.- Porque Arniches era un gran autor que manejaba perfectamente los hilos cómicos y sabía escribir y describir personajes, equívocos, situaciones ridículas. No hay más que relajarse y dejarse llevar por las líneas que va marcando para que todo surja con facilidad. Y saber que estás haciendo comedia, claro, que tiene sus ritmos y sus pautas.

TaT.- Ya para acabar: una razón por la que los espectadores deban ir a ver este montaje de "Los caciques".

J.C.- ¿Una sola? Muy difícil. Van a pasar un rato muy divertido y, espero que en algunos momentos, la risa se les pueda congelar ante las atrocidades que podemos llegar a hacer el grupito de marras del ayuntamiento. "Los caciques" es un espejo nada deformado de la realidad española.

 

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